Bitácora de los juguetitos de plástico

Primero fué un autito LandRover a escala 1:24, luego la posta ha sido seguida por varios juguetitos de plástico (especialmente animalitos) ansiosos por recorrer el Perú :D

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domingo, mayo 11, 2008

Nevado Paccha 1 al 4 de mayo del 2008

El Nevado Paccha se ubica en la provincia de Yauli - Región Junín, casi en el límite con la región Lima, a más de 5000 msnm. Es un nevado perfecto para iniciarse en el andinismo.

Esta salida fué organizada por Bruno y nos acompañó Kurt, el lobo, quien relata este viaje :D

Jueves 1:

El punto de reunión fué el parque detrás del ex-Cine Orrantia a las siete de la mañana. No sólo éramos nosotros, muchos otros grupos iban a distintos lugares (Caral, Canta, Huancayo, etc) por lo que habían muchos buses. Justo antes de salir el señor Raúl se apareció para despedirnos :D

El grupo estaba conformado por: Bruno (el guía), José, Pepe, Carlos, Yelinna, Guillermo y Juanito.

En San Mateo de Huanchor estuvimos alrededor de las 10:30 de la mañana. Debíamos hallar transporte a Yuracmayo (a ser posible un poco más allá).
Yuracmayo es un pueblo ubicado a 4300 msnm junto a la represa del mismo nomrbe, la cual mide 8 kilómetros de longitud. Ésta es la reserva de agua de Lima durante el estiaje (datos aportados por Bruno).

Lo ideal era que el carro nos dejara un poco más allá, en una meseta ubicada a 4430 msnm. Bruno halló un par de Station Wagon que iban a Carhuapampa de Pariac, por lo que podían dejarnos en el camino. Lo malo es que estos transportistas son de lo más usureros (grrr) siempre buscan oportunidades para sacarles plata a los viajeros (especialmente si vienen de Lima). Al final el chofer quiso, en complicidad con el resto de pasajeros, uno de ellos el alcalde deCarhuapampa), coprar 70 soles sólo por llevar a Bruno y Yelinna (el resto del grupo iba en el otro carro). Es el riesgo que se corre con esta gente: como nadie más hace rutas por estos lugares estábamos a su merced. Después de mucho discutir Bruno logró que bajaran el precio a 60 soles, quedando con el chofer que pasara a recogernos a la una de la tarde del domingo para volver a San Mateo, como veremos después, estos choferes no merecen la más mínima confianza.

Esperamos un rato a que llegara el otro carro con el resto del grupo y a eso de la una de la tarde empezó ofcicialmente la caminata. Teníamos que recorrer un camino no marcado por las empinadas laderas de los cerros cubiertas de morrena. La morrena son tierra y piedras sultas, que otro tiempo estaban bajo nieve y/o hielo. Apenas se pone un pie en la morrena ésta se resbala por la ladera, y lo que es peor: las piedras aún conservan sus aristas por lo que es mejor evitar caerse sobre ellas. La idea era alcanzar las altiplanicies de la quebrada Ocshahuallca. La distancia en total a recorrer fueron 4 kilómetros con un desnivel de 400 metros, saltando por entre las rocas y resbalándonos debido a la morrena.

Ya había caía la noche cuando llegamos al lugar planificado para acampar: a más de 4800 msnm. Felizmente el campamento estuvo armado a eso de las siete de la noche, justo la hora perfecta para cenar (no habíamos comido gran cosa desde el desayuno).

Hacía mucho frío. Mas el cielo estuvo muy muy despejado, era visible ahsta la banda luminosa conocida como La Vía Láctea. Lo malo es que el frío me desanimó a salir a contemplar las estrellas. En serio, con semejante frío es mejor acurrucarse dentro de la carpa :D


Viernes 2:

El problema con la montaña es que no empieza a hacer calor hasta que sale el sol y sus rayos nos alcanzan por encima de las montañas. Debido a esto desarmamos el campamento recién a las once de la mañana, bastante tiempo después de desayunar y cuando ya las carpas se habían secado.

Lo malo fué que José empezó a sentirse mal, lo que pensamos que sería un principio de apendicitis, por lo que tuvo que regresar a Yuracmayo para de allí volver a Lima, a pocas horas de caminata siguiendo una ruta más directa. Nos dejó su equipo de andinismo, su cocina, su comida, sus chocolates, una radio, y se llevó lss manzanas de Yelinna. Le deseamos suerte y lo dejamos partir.


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Aquí estoy yo, de guardían de la expedición.



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Y es hacia allá a donde debíamos llegar (más o menos, ése es el Paca)

Debíamos seguir ascendiendo por la quebrada. A medida que avanzábamos la vegetación iba mermando hasta quedar la tierra desnuda y las rocas adoptar un color grisáceo. Después de subir una ladera empinada, aún podíamos ver la laguna Yuracmayo, y Bruno nos hizo notar que realmente no habíamos recorrido mucha distancia, parece que en lugar de describir una línea recta, hicimos una curva, no muy a lo lejos se veían los cerros detrá de los cuales nos dejara el carro.

En este punto descubrimos rocas de tonalidades rojizas, el color del ladrillo, y verdosas. Eran rocas férricas, o mezcladas con compuestos férricos, las que probablemente después de estar un tiempo expuestas a la atmósfera adquirían un color oxidado. El color verdoso se debía al óxido de cobre. Felizmente estos yacimientos no son lo suficientemente grandes como para justificar su explotación, ya que la minería tiende a arruinar los ecosistemas y paisajes donde se asienta.
Fué aquí donde vimos un enorme venado huyendo en la parte alta del desfiladero, muy muy arriba de nosotros. Al principio creímos que era un derrumbe, pero eran las piedras que hacía caer el venado al pasar. Lo vimos un buen rato, saltando y corriendo, hasta que desapareció de nuestra vista.

Varias veces Bruno intentó contactar con José sin resultado. Esperamos a llegar a un lugar más alto y despejado para establecer la comunicación por radio (que tiene un alcance de 20 km).

En el camino vimos otros nevados como el Paca (5598 m.) Cuncusyantacc (5384 m.) y Carhuachuco (5507 m.) siguiendo la misma quebrada.

A las 3 de la tarde llegábamos a donde debíamos acampar, una pequeña planicie cubierta de rocas grises y rodeada por parches de nieve a 5130 msnm. Bruno contó que cuando se va a escalar el Everest, el primer campamento base es a esa misma altura aproximadamente (bueno, en realidad es a 5300 msnm pero estábamos bastante cerca), y el paisaje es el mismo: rocas grises, un poco de nieve y el cielo azul. Contaba que mucha gente de Norteamérica paga 50000 dólares para escalar el Everest, mas llegan a esta altura y en el primer campamento base caen derrotados por el soroche y deben volver.

Por eso mi dueña bautizó este lugar como "Himalayacito" (rebautizado luego por Bruno como "Himalayito").
Al escalar el Everest los siguientes campamentos son el I, II III y IV , el primero a más de 6000 msnm y el último rozando los 8000.

Mientras Yelinna quitaba las piedras pra hacer un sitio decente para armar la carpa, Bruno pudo comunicarse con José, quien había llegado bien a Yuracmayo y ya estaba por salir hacia Lima :D

Armar las carpas tomó su tiempo, pero también nos dimos un momento para recorrer los parches de nieve, ir un poquito más allá y vivir mi experiencia siberiana:

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Otra vez, el Paca, a mi parecer el más bonito :D

Algo que sucede a más de 5000 metros es un cambio curioso en el color del cielo: si se mira al horizonte tiene su color azul habitual, pero si se mira directamente hacia arriba se notará que el azul oscurece un tanto, esto se debe a la delgadez de la atmósfera a esta altura ¡estábamos a medio camino de la estratósfera!

Es casi como estar en el espacio exterior.

Cuando se va tan alto, no es buena idea cargar demasiada agua. Para cocinar basta derretir la nieve que se tiene casi al costado. De un volumen de nieve se obtiene más o menos la mitad de volumen de agua, pro lo que hay que estar yendopor más nieve varias veces. Con el frío de la noche ésta se endurece mucho y para sacarla es necesario usar los piolets (los fierrazos esos que se usan para el hielo) y además tiene un sonido parecido al vidrio (sí, y si no se tiene cuidado tamién puede cortar!). Incluso de noche (una noche despejadísima) la nieve parece brillar.

Para estas alturas, mejores son las cocinas de bencina, producen una mejor llama y tienen la ventaja que la bencina es más barata que el gas (a la larga compensa el que la cocina de bencina sea más cara que la de gas).

En latitudes ecuatoriales el sol suele ocultarse del todo a las siete de la noche. Pues sucede que la altura a la que estábamos era tal (más allá del campamento, entre los aprches de nieve) que eran las nueve de la noche y era posible ver un resplandor rojizo lejano, como el de una ciudad. Era el resplandor del sol. Estábamos tan alto, que prácticamente podíamos percibir la curvatura de la Tierra gracias a ese resplandor.


Sábado 3:

Otra vez, debido al frío y al sol que tardaba en asomarse, nos levantamos algo más tarde de los planeado. Se calcula que estuvimos a casi 10 grados bajo cero, tanto así que la ropa que quedó fuera de als carpas, bajo los toldos, se congeló, las medias se solidificaron así como el mantelito de Bruno. Pero una vez que llega el brillo solar, éste se siente con fuerza y todo se seca en poco tiempo.

Esta vez el destino era el nevado Paccha. Salimos a las once de la mañana (mucho más tarde de lo planeado). El comienzo fué relativamente fácil, subir algunos cerros. Lo malo fué lo que estaba del otro lado: la morrena.
Una morrena horrible, sobre una pendiente de 70 grado y una caída de casi cien metros, a quien se resbala no hay quien lo pare y no vive para contarlo. Quienes iban delante fueron Bruno, Juanito y Yelinna. Con un poco de ayuda de Bruno, ella pudo pasar las partes más peligrosas (y es bueno recordar aquí el consejo de los dibujos animados: no mires hacia abajo), partes donde mucha gente retrocedería de miedo. Pepe nos siguió bajndo a la mala, por la pendiente, con mucho cuidado de no matarse. Al final Guillermo se quedó atrás porque no tenía lentes para nieve y Carlos prefirió retroceder (durante buena parte del viaje el estómago le estuvo dando problemas). Quedó lo que luego se conocería como "El grupo de élite": Bruno, Juanito, Yelinna y Pepe.

Era la una de la tarde cuando llegamos a la base del Paccha, el cual es parte de toda una cadena cuyo pico más alto es el Vicuñita a 5528 msnm. Desde donde paramos para desenredar la cuerda y preparar el equipo se veía el glaciar negro debajo de la nieve, cuyo hielo se confunde con las rocas. Este glaciar tiene millones de años, y ecuenta Bruno que en la Cordilera Blanca, que ha sufrido más el calentamiento global, se ven glaciares verdosos, por debajo de los negros y más antiguos aún.

Las condiciones climáticas para el ascenso no podían ser mejores: sol, sin viento y todo despejado. Subimos la empianda ladera durante más de dos horas, para hacerse una idea de cómo fue (ni nosotros nos lo creemos) le agradecemos a Carlos Tipa esta foto:

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De arriba a abajo: Bruno (por momentos jalando a Yelinna), Yelinna (por momentos jalando a Pepe), Pepe y Juanito. En la foto no se ve la cuerda que los unía.

Los únicos con crampones fueron Bruno y Juanito. Los otros dos, novatos en esto del ascenso a nevados, con las justas tenían zapatos de trekking. Bruno iba haciendo las huellas para que el resto del grupo subiera más fácilmente y Yelinna iba haciéndolas más profundas. Es fácil agotarse de tanto patear nieve, a pesar de que en una aprte seguimos las huellas de los de la Asociación de Andinismo que habían estado allí uno o dos días antes.

Un cóndor sobrevoló al grupo y Bruno les gritó que no le hicieran caso, distraerse es peligroso aquí. Ya casi al final, vimos, a varios metros más arriba, a un solitario pajarito en medio de la nieve. En palabras de mi dueña:
- ¿¿¿Cómo shit hizo para llegar ahsta allí???

Eran más de las tres de la tarde cuando llegamos al collado entre los dos picos del Paccha a 5450 msnm. Bruno cayó de rodillas y Yelinna hizo un último esfuerzo para jalar a Pepe, exclamando amablemente:
- ¡¡Avancen, mierdas!!

La Cordillera Central, cubierta de nieve, es espectacular. Basta ver la foto:

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¿Cómo no caer de rodillas al contemplar esto?

Apenas tuvimos tiempo de tomar fotos y descansar un rato. La tarde avanzaba y quince minutos después, iniciábamos el descenso. Fué increíblemente rápido. Una hora después ya estábamos junto al glaciar negro. Minutos después, ya guardábamos la cuerda y los crampones.

Teníamos que llegar al campamento antes de que nos agarrara la noche o todo se volvería más complicado. Subir la morrena es mucho más fácil que cruzarla o bajarla, y siguiendo la ruta de Pepe pero en sentido contrario, alcanzamos los cerros detrás de los cuales estaba el campamento. Hacía frío, y en la puesta de sol las nubes parecían llamear. Llegamos justo antes del anochecer, después de deslizarnos por la nieve amontonada en una ladera (Pepe lo hizo de pie, como si fuera experto esquiador).

Nuevamente cocinamos con nieve derretida. La misma nieve sirve para lavar las ollitas, y es hasta mejor que el agua para esto.


Domingo 4:

Otra vez, debido al frío, desayunamos tarde y desarmamos el campamento después de dejar que las cosas se secaran (la condensación que se congela es capaz de formar escarcha dentro de la carpa, en el techo). Ya eran las once de la mañana cuando empezamos el camino de regreso.
Nuestra meta era llegar a donde nos dejaran los carros el jueves antes de la una y media de la tarde. Si el camino de llegada fué casi bajar las laderas de los cerros, ahora tocaba subirlas (morrena incluída). Hubo una ladera, parecida a lo que deja una cascada cuando se seca, que fué un tanto complicada de subir, casi tuvimos que meternos dentro de la grieta llena de piedras e ichu. El grupo se dividió mucho, delante iabn Bruno, Yelinna y Juanito, y bastante más atrás Guillermo, Pepe y Carlos. El sol brillaba y ya habíamos regresado a donde hay vegetación.

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Última mirada a la Cordillera Central.

Si hacía sol, el aire se sentía frío. Debíamos apurarnos ya que si los carros, que habían prometido volver, no nos encontraban seguirían de largo. Bastaba con que uno llegara y los hiciera esperar.

Después de pasar los cerros el camino iba de bajada y ya no era tan duro. Seguíamos un trazo que parecía hecho por carretas, pero en realidad eran senderos trazados por las vicuñas, ya que a estos lugares nadie viene, sólo hay pumas, vicuñas y venados.

El primero en llegar junto a la carretera fué Bruno, a exactamente la una y media de la tarde. Y no se veía ni un solo carro por ninguna parte. Mientras esperábamos al resto del grupo aprovechamos para descansar. El sol era ocultado por momentos tras nubes que pasaban lentamente. Así sin darnos cuenta, pasaron dos horas.


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Acá junto a la carretera, vigilando si pasaba algún carro.

Como se hacía tarde y no se veía a nadie ni a nada llegar por la carretera decidimos ir a pie hasta Yuracmayo. Creíamos que no estaríamso lejos, que quizás no serían más de un par de horas de camino, así que tomamos la carretera y partimos.

Donde la carretera doblaba y volteaba, y donde se podía, hacíamos cortes por el cerro para avanzar ma´s rápido. EL paisaje era hermoso. El sol caía y las montañas se teñían de amarillo. EL cielo era azul. Pero no todo era tan bonito: ya no teníamos agua, Bruno y Carlos aún llevaban sus botas de nieve (cansan mucho para caminar por carretera, auqnue sea de tierra como ésta), la tarde avanzaba y no teníamos cuándo llegar a Yuracmayo, pues a partir de cierta hora ya no hay transporte para volver a San Mateo.

Cayó la noche y las estrellitas empezaron a brillar. Era una noche hermosa, pero hacía frío y, aparte de un par de caballos, no había nadie más. Delante ibamos Bruno, Juanito, Guillermo y Yelinna, con la esperanza de que Pepe y Carlos no estuvieran muy atrás.

El cansancio ya se hacía sentir y Yuracmayo no aparecía por ninguna parte. Alcanzamos la laguna, pero del pueblo, nada. Y lo malo de tener una tremenda laguna al costado es que ésta hace de que la temperatura de los alrededores baje más de lo que debería. A unos 4400 msnm se sentía tanto frío como a 5000.
Fue cuando vimos lo lejos las luces del pueblo de Yuracmayo. Aún estaban lejos pero ya es bastante el sólo verlas. Un buen rato después ya alcanzábamos las primeras casas y luego la tienda de la señora que lo conoce a Bruno.
Eran las ocho de la noche.

Mas Yuracmayo parecía muerto.

Las luces estaban encendidas pero no había nadie. Dedujimos que por ser Domingo la gente estaría en misa, sí que Bruno fué a buscarlos. No había remedio, tendríamos que pasar la noche en Yuracmayo. Minutos después Bruno regresó y nos dio la noticia: los vigilantes, después de oír nuestra triste historia (botados en el camino, tras cinco horas de recorrido, muertos de cansancio, sed y frío, incluída una chica) gentilmente nos cedieron uno de los pabellones que estaba desocupado: un baño con un caño del que caía agua y dos o tres cuartos (a Yelinna le cedieron el que tenía una cama con colchón). Comparado con el gélido exterior, ahí dentro hacía calorcito. Además los vigilantes nos dieron café. Literalmente salvaron nuestras vidas.

Como Carlos y Pepe no llegaban, Burno fue a buscarlos. Recorrió la carretera en medio de un frío glacial (digno de una altura de 5300 metros, no de poco más de 4000) y tuvo que volver sin haberlos encontrado pues empezaba a congelarse. De las tres radios, una se la había llevado José, otra se había perdido y la última la tenía Bruno. Su temor era que se les hubiera ocurrido acampar junto a la carretera en lugar de seguir hasta Yuracmayo.
Ya estaba planeando quedarse en Yuracmayo para buscarlos, mientras los demás volvían a Lima, cuando, ya a más de las diez de la noche, ya cuando casi no nos lo esperábamos, Carlos y Pepe aparecieron.

Contaron que Carlos ya era de la idea de acampar en el camino, pero Pepe hizo que siguieran hasta Yuracmayo. Ya allí los vigilantes (que sabían que faltaban dos de nuestro grupo) los vieron y les dijeron donde estábamos. Fue como recibir a los hijos pródigos que regresan a casa. Bruno les preparó té caliente porque el café ya se había acabado. Como el resto del grupo no quería comer y se acostó al poco rato, Bruno cocinó sopa ramen y los nuggets de pollo que nos dejara José para él y Yelinna. Era casi medianoche cuando se acotaron.

Los vigilantes habían dicho que al día siguiente, a las seis de la mañana, salí aun carro para San Mateo, por eso se pusieron los depertadores a las cinco y media.

Lunes 5:

En contra todos los pronósticos nadie pudo dormir!! Y si alguien lo hizo fué intermintentemente. Esos cuartos llevaban tanto tiempo cerrados que el polvo del suelo de madera hizo que la nariz se le tapara a todo el mundo. Ya era un suplicio respirar cuando las primeras luces del alba se asomaron por entre las cortinas.

En media hora se guardó todo, se separó algo de pan y mermelada para desayunar en el camino y a las seis estábamos en la puerta, a punto de salir. Entonces nos dijeron que el carro en realidad había partido a las cinco y media y recién se esperaba otro a las siete.
Esto era malo, el frío era intenso y esperar una o dos horas a que pasara un carro a San Mateo no se le antojaba a nadie. Pero tuvimos suerte, después de caminar unos minutos hacia la casa de la señora junto a la carretera (Yuracmayo aún parecía deshabitado) apareció una station wagon que aceptó llevarnos a San Mateo. No eran ni las seis y media.

A eso de las siete el sol salió y el viaje se hizo muy agradable. Desayunamos en el mismo carro y a las ocho ya estábamos en San Mateo.
Donda ya había una larga cola en el paradero de los buses que bajan a Chosica.
Sucedía que por el lado de Casapalca, había protesta de mineros. Los transportes escaseaban y parecía que iban a pasar horas antes de poder volver a Chosica. Pero Guillermo fué más listo y fué a buscar un carro particular para nosotros. Lo encontró casi al instante, diciendo que había visto cómo llegaban a media cuadra más allá y decidió probar suerte. Abandonamos la cola de los buses y abordamos nuestro carro privado.

En el trayecto a Chosica, a un lado de la carretera, vimos gente, especialmente escolares, que intentaban parar un carro que quisiera llevarlos al colegio. Por esta parte, hasta más o menos la entrada a Santa Eulalia, hacía mucho sol.

A Chosica llegamos a alrededor de las diez de la mañana. Y para ser Chosica hacía frío y estaba nublado. Eso significaba que en Lima estaba peor. Ya había empezado el invierno.

La mejor forma para regresar, aunque no la más barata, es tomar los colectivos que van hasta San Isidro. Los colectivos son taxis que hacen una ruta fija y llevan hasta cuatro personas. Guillermo, Pepe, Carlos y Juanito se pusieron en la cola junto a la gente que iba a trabajar para partir de inmediato. Como ya no cabían, Bruno y Yelinna decidieron ir a comer una ensalada de frutas (que en Chosica la hacen deliciosa) antes de volver a Lima y para evitar la cola de gente que va a trabajar.

Las fotos de todo el viaje están aquí y aquí.

martes, mayo 06, 2008

Laguna Neveria 27 de Abril del 2008

Por: Sinchi, el pequeño jaguar.

Salida organizada por Bruno, y que en realidad fue una preparación para el ascenso al nevado Paccha. Mi dueña y yo nos reunimos con el grupo ya en Chosica, a las ocho de la mañana. Lo bueno de Chosica es que es fácil encontrar dónde desayunar allí.

Esta vez también nos encontramos con Erica y Ángel. También estuvo José Usquiano, de Climbing Perú.

Tomamos uno de los buses que van a San Mateo de Huanchor (3150 msnm aproximadamente) y de allí un carro con destino al pueblo de Chicla (3780 msnm en el km 109 de la carretera central) a donde llegamos poco después de las diez de la mañana (a pesar del pequeño retraso que nos produjo el tren, el cual se detuvo en medio de nuestro camino en San Jerónimo de Surco).

Iniciamos la excursión a las diez y media. La caminata empieza siguiendo un sendero por la quebrada Tranquila hasta alcanzar un abra entre los cerros Carbón Punta y Pisha. En este punto ya se está a más de 4400 msnm.

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Por aquí estuvimos al inicio de la caminata.

Durante la mañana hubo sol e hizo calorcito, pero a medida que avanzaba el día el cielo iba nublándose. y poniéndose más gris. Otro detalle es que a pesar de que cerca a la carretera los cerros ya están perdiendo su vegetación, aquí aún se conservan verdeds un poco más de tiempo.

Para llegar a Nevería se debe tomar la quebrada Ucupampa. La laguna ya se encuentra por encima de los 4500 msnm. Felizmente no nos cayó nieve ni granizo, aunque el mal aspecto del cielo hacía pensar lo contrario. Lo peor a esta altura no son las precipitaciones, sino el viento frío de la cordillera. Llegamos a la laguna a las tres de la tarde y ya el cielo tenía todo el aspecto del más oscuro cielo citadino limeño en invierno.

Detrás de la laguna aún quedan algunos cerros con nieve. La nieve es más abundante en temporada de lluvias, derritiéndose cuando ésta termina.

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En la laguna Neveria: aún quedan algunos picos con nieve.


Aprovechamos para almorzar y descansar. Una hora después iniciábamos el regreso, también porque hacía mucho frío.
En el camino nos encotnramos con varias llamas y sus bebés, incluso con una recién nacida (apenas podía caminar) acompañada por su mamá. Bruno comentó que esta es justamente la época en la que als llamas tienen sus crías.
Descender es más rápido que ascender. Apenas dos horas después de dejar atrás la laguna Neveria ya estábamos en Chicla, buscando transporte a San Mateo de Huanchor. Mientras más tarde se haga, más difícil es hallar carro en el cuál volver.

Lo ideal es regresar a San Mateo de Huanchor antes de las siete de la noche o se corre el riesgo de no hallar cómo regresar a Chosica.

Esta vez no ocurrieron contratiempos. Estuvimos en Chosica poco después de las ocho de la noche. Desde aquí ya es fácil encontrar transporte a Lima, a donde se llega después de una hora y media aproximadamente.

Hay unas cuantas fotos aquí :)

Y las de Erica están aquí :D

miércoles, abril 23, 2008

Santiago de Tuna-Cupiche (13 y 14 de Abril)

Salida organizada por Bruno, uniríamos los pueblos de Santiago de Tuna (2930 msnm) y Cupiche (1150 msnm). los cuales distan entre sí aproximadamente 18 kilómetros.

Narrada esta vez por el Jefe Indio :)


Mi dueña y yo nos reunimos con el grupo a las ocho de la mañana en el parque Echenique de Chosica, donde ya estaban listos para partir (habíamos pasado la noche con la abuela en Chaclacayo, mientras que ellos venían desde el Óvalo Santa Anita).

En total éramos 11 personas. Aquí nos encontramos nuevamente con el Señor Raúl y con Érica y Ángel, a quienes no veíamos desde el 2006.
Tomamos uno de los carros que van a Cocachacra. Llegamos allí a eso de las nueve de la mañana. El lugar parecía casi muerto, pero por suerte hallamos un carro que aceptó llevarnos directamente a Santiago de Tuna, sin necesidad de hacer transbordo antes.

Este año ha llovido más de lo usual y la vegetación es exuberante. Compuesta casi totalmente por hierbas, éstas germinan, crecen y superan el metro sesenta en apenas dos meses, casi como una explosión, y apenas dos o tres semanas después de las lluvias, se secan, mueren y desaparecen con mayor rapidez, no sin antes dejar sus semillas.

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Todo verde!!!!!

La carretera que une Cocachacra con Santiago de Tuna es uno de los más peligrosos que existen. Bruno contaba cómo un grupo de música folklórica, apremiado por los espectáculos que debían dar, salieron antes del amanecer, en medio del trayecto una curva (pues son muy cerradas) ganó ventaja al chofer y el carro se fué al abismo. Cuenta Bruno que fué un duelo para esa parte de Huarochirí, ya que era un grupo muy querido. El camino es de tierra y en época de lluvias debe ser una pesadilla. A un lado del camino, haciendo fila, se ven las cruces y los recordatorios de la gente que ha muerto allí.

Pero no nos ocurrió nada. A las diez ya estábamos en Santiago de Tuna y aprovechamos para tomar unas fotos.

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Media hora después inicíabamos la caminata por un camino de tierra bordeado de vegetación. Mas no tardamos mucho en abandonarlo, Bruno nos llevó por un camino tapado por los matorrales, a partes de los cerros a donde sólo las cabras y las ovejas llegan, buscando comida. Es plena época de floración y el paisaje se tine de morado, amarillo, blanco y rojo. Felizmente no hay tantos insectos como en las alturas de Huaral, aquí incluso pudimos ver mariposas monarca.
Los cerros, todos cubiertos de verde, se parecen muchísimo a los que se ven en la Selva Alta, al otro lado de la cordillera. El entrar a la selva alta, después de atravezar los andes, ofrece un cambio de paisaje impresionante: si del lado occidental los cerros normalmente están pelados, del lado oriental están cubiertos de verde. Así se veía este paisaje por el que transitábamos.

Las fotos están akí y akí.

Pasamos por los cerros Suche (zona de división de las aguas de los ríos Lurín y Rímac, a 2890 msnm), el abra Antioquía (2180 msnm) y Chaymillán, donde estaba programado el almuerzo.

El camino de descenso era bastante pesado ya que, cubierto de plantas, era muy resbaloso. De entre los matorrales se veían azomarse algunos cactus, y éstos estaban ocultos entre tanta planta, por lo que había que tener cuidado. Felizmente eran hierbas sin espinas, aunque entre ellas se ocultaban algunas ortigas.


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Yo preferí ir con mi montura :)


El problema fué que ya desde temprano Lucho empezó a dolerle el tobillo. Se quedó muy rezagado, al principio lo acompañaba Juan y luego Manolo quien por un trecho, ya de tarde, se puso a cantar para distraerlo. A raíz del dolor en el tobillo, empezó luego a molestarle la rodilla. Luego Juan pasó al frente del grupo y, poco antes del anochecer, Bruno mandó a Manolo que lo apoyara, quedando él y mi dueña para acompañar a Lucho.

La bajada por los cerros parecía interminable, difícil por todas las plantas, mientras intentábamos seguir un sendero invisible. Juan dirigió al grupo por la ruta más directa, y más empinada, mientras que Bruno dirigía a sus acompañantes en zigzag, que es como se deben bajar los cerros. Ya había caído la noche y Lucho ya no aguantaba el dolor. Para aligerarle la mochila, Bruno le pidió lo que llevaba adentro (casi nada en realidad) y Lucho saca un periódico El Comercio (el más grande que se vende en Lima) el cual Bruno lo guarda en su mochila. Lucho tenía la idea de leerlo en el camino, pero no contó con lo pesado que es en realidad el papel.

Felizmente la luna estaba en cuarto creciente y se podía ver sin necesidad de la linterna de Bruno (aunque era más fácil ver con la linterna).
Descendíamos por el lado izquierdo de un cerro hasta que Bruno ya no halló cómo seguir bajando, tuvimos que volver. Con los palos es posible tantear el camino por si hay grietas (antes de separarnos del grupo encontramos muchas, y partes del camino que prácticamente se estaban deshaciendo). Hubo una parte tan empinada y con tierra tan suelta, que Yelinna casi tuvo que arrastrarse para avanzar, mientras que más atrás, y en terreno más firme, Bruno intentaba ayudar a Lucho. Entre Bruno y Yelinna intentaban darle ánimo. De los tres, éste era el más grande por lo que los otros no podían hacer más que insistirle en que avanzara.
Pero llegó un momento, después de las siete de la noche, en que Lucho ya no soportaba el dolor. Tuvimos que pasar la noche allí, entre los cerros. Estábamos a menos de 2000 msnm por lo que si hacía frío no debía ser mayor problema. Nos quedamos en una de las puntas del cerro Chaymillán (uno de los hijos de Pariacaca), zona realmente desprotegida pero no habían muchos lugares para escoger.
De agua sólo quedaba media botella de Gatorade, dos paquetes de galletas de soda y uno de vainilla. Ésa fué la cena (excepto las galletas de vainilla, que Yelinna quiso guardar para el día siguiente). La idea era taparse con el impermeable de Bruno. Al sacarlo, encontró el periódico.
Ahora no era tan malo: el colchón serían las hojas de El Comercio. A las ocho ya estaba todo el mundo acostado, después de la última comunicación por radio con Manolo (quien amablemente llamó a la casa de mi dueña para que no se preocuparan).
Ya antes Bruno nos había informado acerca de la fauna de la región: rodedores, aves, todos animales pequeños e inofensivos. Tal vez el mayor peligro fueran asaltantes, pero a esa parte no llega nadie, y no hay línea de vista con Cupiche (a unos cinco kilómetros de distancia), así que nadie tampoco vería la luz de la linterna de Bruno.
(Después supimos que el resto del grupo llegó bien a Lima antes de las nueve de la noche).

A medida que avanzaba la noche la temperatura iba descendiendo. Llegó un momento en que Lucho empezó a temblar, y lo único que se pudo hacer fue meterle periódico entre la ropa y envolverlo en su impermeable. Contra todos los pronósticos, Bruno calcula que la temperatura descendió a unos ocho grados en la madrugada, pero ocho grado aún son muchos como para correr peligro al dormir al aire libre.
Dormir sorbe la tierra es incómodo. A pesar de haer quitado todas las piedras visibles, aún quedaban otras enterradas, y la tierra es más dura de lo que parece. En condiciones así sólo se duerme por ratos. Se podía saber que Lucho estaba bien por sus profundos ronquidos.

La partida fué después del amanecer. Se recogió todo y como desayuno, Bruno y Yelinna se comieron el último paquete de galletas y los último sorbos de Gatorade. Lucho no quiso comer, tenía sed. Debíamos llegar a Cupiche antes de que el sol saliera del todo, empezara a hacer calor de verdad e hiciera el trayecto más difícil.
Pero a pesar de haber descansado toda la noche, Lucho aún se sentía mal. Avanzaba lentamente y no podía dar más de unos pocos pasos. Entonces Bruno optó por adelantarse con yelinna hasta Cupiche, conseguir un mototaxi o un taxi que quisiera llegar hasta donde pudiera arriba al cerro y esperar a Lucho.

Cupiche estaba más cerca de lo que parecía. Un poco más allá de los cerros donde la vegetación ya había desaparecido. Y lo que parecía Cupiche era un pueblo del Lejano Oeste abandonado: cerros desérticos a ambos lados, cactus, un camino de tierra y casitas. A Bruno le encanta mirar los cactus más grandes y antiguos, antes de dejar los cerros verdes vimos uno con inscripciones casi borradas e ilegibles de 1949.
El camino asfaltado de Cupiche recién se está construyendo. De allí hasta la Carretera Central son unos pocos minutos, eran las nueve de la mañana del lunes y cuando llegamos no parecía la Carrretera Central.
Estaba extrañamente vacía.
Pasaron un par de cousters que venían desde San Mateo y nada más. Lo primero que hicieron Bruno y Yelinna al llegar a la carretera fué buscar un mototaxi. Sólo había uno y ya estaba contratado para ir a Chosica. Como no se veía nada más, fueron a una bodega a comprar algo de beber: compraron un jugo de naranja cargado de azúcar capaz de devolverle la energía a cualquiera.
El sol ya brillaba fuerte. Meditando qué hacer, ambos se sentaron en una banca a la sombra del pequeño toldo de una bodega, mirando la carretera por si pasaba algo más que el tiempo y las escasas cousters que bajaban de San Mateo.
Subió el camión de la basura de Cupiche, y Bruno abrigó la esperanza de que Lucho se encontrara con el camión y bajara en él.

Dieron las diez y nada. Allá, bajo el sol, en el cerro, se imaginaban a Lucho, muerto de sed y sin una gota de agua. Mientras bajaban, él ya sudaba a más no poder, mientras que Bruno y mi dueña recién entraban en calor.

Bruno ya se había levantado, pensando en que debían ir a buscar transporte a Chosica, cuando, por el camino que bajaba del cerro, venía Lucho.
Fué un alivio verlo, casi como una aparición divina. Bruno condujo a Lucho hasta una bodega cercana donde éste compró Gatorade para todos y luego tomamos carro hacia Chosica, donde Bruno conocía un lugar donde desayunar la única cosa que se le antojaba junto con Yelinna: ensalada de frutas con yogurt y miel :D :D
Ya allí, Lucho nos contó cómo, ya a la entrada de Cupiche, se encontró con un señor y una señora que le dejaron tomar toda la gaseosa que quisiera sin pedirle nada a cambio.
Después de comer Bruno (ya eran las once de la mañana) embarcó a Lucho en uno de los colectivos que hacen la ruta Chosica-Cine Orrantia en Lima. Luego él y mi dueña tomaron un micro a Lima, y después de despedirse, ella se quedó en Chaclacayo, pues había prometido a la abuela almorzar con ella.

miércoles, abril 09, 2008

Una historia olvidada

De la que llegamos a saber en la salida por semana santa.

En la noche del jueves nos quedamos conversando buen rato de distintas cosas. De alguna manera se mencionó a Alexander Flemming y su penicilina. Aunque en realidad, ya la penicilina se usaba desde hace varios siglos atrás por los antiguos habitantes del Perú.

Su método consistía en enterrar papas y esperar a que se echaran a perder. Cuando als desenterraban estaban llenas de moho. Se cuenta que el olor era terrible, pero así era como estas papas eran consumidas, por lo que también se cuenta que su sabor no era desagradable. Así cubiertas de hongos, lo que en realidad se comía era penicilina en su estado natural.

Una parodia de la forma de obtener penicilina la hicieron en un capítulo de los dibujos animados de Aqua Teen Hunger Force: el montón de moho peludo verde oscuro (nacido de la asquerosa cocina) le dice a Master Shake, quien estaba enfermo: "Cómeme, soy 90% penicilina".

domingo, marzo 30, 2008

Lagunas de Collquepucro: 20-23 Marzo 2008

Salida organizada por Brunotrekk para Semana Santa (del jueves 20 al domingo 23 de marzo). Y a partir de ahora voy a empezar a experimentar con otros juguetes aparte del famoso carrito (escala 1:24) el cual ya tenía viajando por casi tres años.
La razón es simple: se me está destrozando! No está hecho para aguantar viajes tan duros y si sigo así terminará hecho pedazos. Ya se le rompió el tubo de escape, un espejo y se le está dañando una rueda (todo reparable, felizmente), además que ya tiene toda la arena de Mendieta y Marcona adentro. En fin, a partir de ahora voy a experimentar con animales de plástico, por el hecho de que son literalmente indestructibles. Ah! Sí, yo también voy a extrañar al carrito, pero ahora va a permanecer en mi escritorio, y si sale en alguna foto (pues queda muy bien en las fotos), será para cosas como ésta.

Era algo que tenía que ocurrir tarde o temprano, gente.

He aquí la narración del viaje, hecha por Sinchi, el pequeño jaguar:

Donde nos reunimos para partir fué el parque detrás del ex-cine Orrantia a las seis y media de la mañana. Llovía ligereamente y el sol se asomaba apenas entre las nubes. Cuando esto sucede, una vez cada tantos años, es posible ver el arcoiris en el cielo gris.

Las fotos se pueden ver akí :)

En este parque nos encontramos con buses que partían a varios lugares distintos: los de Andex iban a Huancaya, también estaban los de Elica Travel que iban para Caral, también había gente saliendo a Canta y Lunahuaná.

(Siguiendo con la tradición) A las siete iniciamos el viaje. Pasamos por:
7:30am: Ate
10 a 10:30am: Desayuno en San Mateo (antes ya habíamos estado picando algo en el carro)
11:40am: Pasamos por la represa Yuracmayo cuyo nivel de agua está bastante por debajo de lo habitual.
2:00pm: Laguna Suyoc
3:00 pm Llegada a Huachipampa.

Hacía mucho frío, estábamos por encima de los 4000 msnm. Allí los pobladores nos cedieron un aula de la escuela para pasar la noche. tardó un poco porque la profesora no estaba y otra persona tenía la llave.
Aquí abundan los rebaños de llamas y alpacas, las que pastaban alrededor. Meintras nos instaábamos cayó la noche. Conversamos un buen rato acerca muchas cosas interesantes: un poco de religión, racionalismo, cultura y sociedad.
A diferencia de otros campamentos, esta vez nos fuimos a dormir temprano, a eso de las ocho de la noche. Detrás de las lomas está la laguna Piticocha, la primera del viaje. Cuenta Bruno, quién despertó al amanecer, que todo estaba cubierto de hielo, probablemente de una nevada. Aún después de las ocho (cuando ya partimos de Huachipampa) los cerros cercanos pernamecían helados. Es en la época de lluvias cuando nieva y graniza más.

Antede de llegar a Huachipampa, tuvimos la suerte de ver cóndores. Tres de ellos volaban en círculos sobre la carretera que llevaba a Huachipampa, a eso del mediodía del jueves. Uno se paró en las rocas, tan cerca, que se le podían ver las plumas del collar. Lo malo: Fue espantado por la gente del carro que iba delante que quiso tomarle fotos, pero pasó volando por encima de nosotros, tan cerca que se distinguieron los colores blanco y negro de sus alas. Dice Bruno que ver algo así es muy raro, y hay que tener mucha suerte :)

Viernes 21:

En la mañana estuvo muy soleado, pero el aire se sentía frío. "El clima perfecto para caminar". Mas a mendida que avanzaba la mañana, y ya de tarde, el clima empezó a emperorar, hsta que a eso de las tres tuvimos que acampar junto a la laguna Chuspi debido al mal tiempo. Llovió y granizó mucho, todo quedó empapado.
El viento era tal que Yelinna tuvo que meterse dentro de la carpa de bruno y José para que no se la llevara el viento mientras la sujetaban. Armar su carpa fué más fácil, ya casi había parado de llover.
De noche el viento corrió feroz, a tal punto golpeaba y sacudía las carpas que muchos pensaron que había temblor. Casi nadie pudo dormir, incluyendo Yelinna. Después supimos que el protector de la carpa del señor Raúl (ya viejo compañero de aventuras) había volado con el viento (felizmente la pudo recoger!).

Sábado 22:

A la mañana siguiente seguía soplando el viento frío de la cordillera. Estábamos a 4450 msnm y cuenta José que a 6000 msnm los vientos son tan fuertes que pueden levantar y volcar una carpa con mochilas adentro, incluso personas. Las carpas de alta montaña son distintas a las de media montaña: si éstas parecen iglús, las de alta montaña son más pegadas al suelo, de un volumen menor, cuya forma ofrece menos resistencia al viento.

Este día levantamos tarde el campamento. Eran als diez de la mañana cuando recién partimos hacia las otras lagunas, todo debido al fuerte viento, que recién paró a estas horas.

Y ahora, una foto de la laguna Chuspi junto a la que acampamos:

Photobucket

Acá otro compañero de viaje: Kurt, el lobo.

Debido al clima y a las precipitaciones, las algunas no permanecen con el mismo nivel todo el año, sus orillas cambian con las estaciones. Por ahí alguien temía que la "marea" de la laguna inundara el campamento, pero se le adelantó la lluvia. Gracias a una de las Enciclopedias de Snoopy de los ochentas sabemos que sí, efectívamente, lagos y ríos tienen mareas, pero éstas son tan pequeñas que no se notan.

No habíamos caminado mucho tiempo hasta que llegamos a otra parte de la laguna Chuspi por cuya orilla debíamos caminar, pero ésta estaba tan empinada que la única manera de pasar era rapeleando con una cuerda. Acá casi toda la gente eran novatos en esto del rapel (mi dueña incluída) así que nos demoramos más de lo habitual. Fué un momento que aprovechamos para descansar. Yelinna había exagerado con el agua y su mochila estaba más pesada que de costumbre (según cálculos de Bruno: 20 kilos, el 40% de su peso, cuando lo recomendable es no pasarse del 30%).

Tomamos el camino que lleva por el nevado Pariacaca (conocido también como "Apu Pariacaca").

Y ahora, un texto enviado por Bruno por mail:

A continuación reproducimos parte de la traducción realizada por José María Arguedas, en la obra “Dioses y Hombres de Huarochiri”(1966) del texto quechua recopilado a fines del siglo XVI por el cura cuzqueño Francisco de Avila. En él se hace mención a este cerro, hijo del dios andino Pariaqaqa, y conocido antiguamente como Chuquihuampo:

“Ya vencedor, Pariaccacca, supo que había una mujer llamada Manañamca. Era demonio y había vivido con Huallallo Carhuincho. Se encontraba, entonces, en la parte baja de Mama, en algún lugar de esos sitios. Pariacaca fue hacia abajo de Tumna, a luchar contra la mujer. Ella empezó a arder como fuego, y desde el lugar en que estaba, hacia abajo, lanzó ¿una piedra? e hirió en el pie de uno de los hijos de Pariaccacca llamado Chuquihuampo. Y ocurrido esto, Pariaccacca venció a la mujer y la arrojó en dirección del mar. Le costó padecimientos vencerla. Y fue, después, hacia el sitio en que estaba su hijo Chuquihuampo. Tenía la pierna quebrada. Pero él le dijo a su padre: “No es conveniente que yo vuelva. Desde aquí vigilaré a esa mujer, Manañamca. Puede ser que pretenda regresar”. “Está bien”, le respondió el padre. Y dio órdenes para que el hijo tuviera siempre comida, luego dijo: “Todos los hombres de estas dos quebradas te traerán coca, tú masticarás coca antes que nadie lo haga; y cuando la hayas probado, después que tú, podrán hacerlo los otros. Además, degollarán para ti llamas viñayrrua que aún no hayan parido, y también te ofrecerán trozos de orejas que han de cortarles; todas estas cosas comerás por siempre” Así ordenó, mandó que se hiciera. Y recordando y cumpliendo lo que él dispuso, le llevan coca, antes de probarla, a él primero, desde Sacica, desde Sontoya, desde Chichima, desde Mama, desde Huayocalla, desde Sucyacancha, le llevan hasta en estos tiempos, aunque ahora escondiéndose. Y así, de ese modo viven”.

En esta otra web también se puede leer un poco sobre Pariacaca y su rival Wallalo Carhuincho:


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Aquí frente al Apu Pariacaca, se notan sus dos picos y la laguna Chuspicocha.
(sí, puede pensarse que queríamos simular Los Alpes :P )

Descansamos un rato a la vista de este hermoso nevado, esperando a los rezagados del grupo.
Como se notará no nos detuvimos a almorzar. El tiempo apremiaba, sobretodo porque habíamos partido tarde, y el rapel de la laguna también nos retrasó.


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Pudo ser mi hora del almuerzo... pero he dicho que no nos detuvimos a almorzar!!


Como el día anterior, hizo sol durante la mañana, y también las primeras horas de la tarde, mas a eso de las cuatro o cinco, el cielo se oscureció mucho, casi no llovío, pegro granizó y nevó con fuerza. Dejamos atrás los pastos y atravezamos una zona pelada llena de rocas, algunas con curiosas marcas.

En plena nevada nos refugiamos bajo una roca que nos cubría un poco de la nieve. Tras un breve descanso continuamos el camino.

Altitud: 4950 msnm. Longitud del paso de nieve calculada a ojo: 300 metros aprox.
Increíblemente, el cielo se despejó y salió el sol del atardeceer. Era impresionante verlo por encima del manto de nieve, la cual llegaba hasta las rodillas. No hacía frío (o quizás eran las endorfinas que no dejaban sentirlo). Bajr una pendiente cubierta de nieve no es fácil, (sí, nuestra dueña fué la que se cayó y terminó deslizándose por un pedacito de la pendiente).

¿fotos? Akí hay más fotos!!

Ya más abajo, la tierra era casi un pantano. Debíamos llegar a una laguna llamada Parac para poder armar el campamento, pero ésta estaba aún bastante lejos, siguiendo la húmeda quebrada. Cayó la noche y aún no llegábamos. Los que tenían linternas las encendieron, iluminando el camino de quién no tenía. Pasamos por donde las vacas pastaban. había partes que parecían un pantano, un poco menos que los de Huayllay, en el Bosque de Piedras, en esta misma época del año.
Bajar a la laguna también fue complicado, no se podía seguir un camino recto debido a la pendiente. Fue aquí donde lo que parecía un animal pequeño se nos cruzó delante. Era muy pequeño para ser un zorro, así que probablemente era una vizcacha (toda esta es zona de zorros, vizcachas y pumas).
Una vez que llegamos, otro problema era hallar un lugar adecuado para acampar. Por las vacas todo estaba muy sucio o no había suficiente espacio. Finalmente Bruno escogió un lugar llano, más o menos limpio (más o menos). La ventaja de acampar junto a Parac es que aquí casi no hay viento.

Acampar en la oscuridad es más fácil que bajo la lluvia o con viento fuerte.
Yelinna estaba tan cansada que casi tuvieron que obligarla a comer (recuerden: no hubo almuerzo... no sé porqué sigo repitiendo esto).

Domingo 23:

Esta vez nos quedamos en el campamento más horas que las que debieran disfrutando del buen tiempo. Hacía sol, aprovechamos para poner a secar la ropa y que la gente fuera a lavarse en el río. tanto así que eran las once de la mañana cuando iniciamos la partida.

Hizo mucho sol, aunque por momentos llovió un poquito. Había momentos en que parte del grupo se retrasaba mucho, y corrían el peligro de perderse, porque no hay camino marcado (nosotros íbamos delante, a mi dueña le iba mucho mejor después de regalar litro y medio de agua la noche anterior y en el desayuno!! Bruno tuvo la amabilidad de usarla toda).
Esta vez el camino no fué tan penoso. Pasamos junto a la laguna Rantao, pero más impresionante es la laguna Totoral, donde Bruno quería bañarse, pero no pudo porque el tiempo apremiaba.

Antes de llegar a Rantao, hay que ir subiendo y bajando los cerros, entre las piedras. Aquí llegamos a ver una vizcacha, del tamaño de un conejo grande y del mismo color que la hierba seca. Suelen esconderse entre las piedras y huyen a toda velocidad, saltando como liebres. Un poco antes de eso, encontramos una zona rodeada de montañas, que tenía un excelente eco (no hace falta decir que Yelinna estuvo jugando un rato con el eco ¿verdad?).

Después de dejar atrás Rantao, se ve en el horizonte a la enorme laguna Tototal:


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En la laguna Totoral :D

Apenas nos quedamos unos momentos, lo suficiente como para tomar algunas fotos. Debíamos llegar a la carretera, donde nuestro transporte a Lima ya nos estaba esperando. A partir de este punto el camino era todo llano y seguía a una acequia de cemento. Eran aproximadamente las dos de la tarde y tampoco nos detuvimos a almorzar :(

Llegamos a la carretera algo así de una hora después, y allí estaba el carro alistándose para partir, sólo era cuestión de esperar al resto del grupo. Empezó a salir el sol nuevamente y, una vez dejadas las cosas, cuenta mi dueña que el caminar un rato en tan bello lugar sin cargar peso es una delicia, dan ganas de saltar y hasta de parase de cabeza. Casi no parecía que estuviéramos aún a más de 4000 msnm.

Y ahora, unos datos de las lagunas dados por Bruno:

a continuación la lista de lagunas vistas durante la excursión. En orden de aparición:
  1. Piticocha 1 (4395 m.s.n.m.)
  2. Piticocha 2 (idem)
  3. Pariachaca (4435 m.sn.m.)
  4. Chuspi (4475 m.s.n.m.) Lugar del 2do campamento
  5. Chuspicocha (4625 m.s.n.m.) Al pie del Pariaqaqa
  6. Collquepucro (4561 m.s.n.m.)
  7. Parac (4510 m.s.n.m.) Abajo del 3er campamento
  8. Rantao (4240 m.s.n.m.)
  9. Totoral (4205 m.s.n.m.)
Por último: Auraluz nos envió sus fotos de la laguna Puchus!

lunes, marzo 17, 2008

8 y 9 de Marzo: Laguna Jeulla

Salida organizada por Brunotrekk

¡Esta vez en época de lluvias! La vez anterior que hicimos esta ruta, Jeulla era un triste charco :(

La idea era reunirnos en el óvalo de Santa Anita, pero por culpa de la Universidad, mi dueña y yo les dimos el alcance al grupo en el hostal Las Américas en San Mateo (en realidad llegamos antes que todos, incluso de quienes venían con Giancarlo en su carro). Lo bueno de Las Américas es que al frente hay un mini market donde venden todo lo que te olvidaste de comprar en Lima. Es un buen lugar para abastecerse.

Debíamso salir a las seis hacia Choccna, pero recién estuvimos allá a las ocho (es una hora en carro desde San Mateo).Eso pasó porque nos quedamos mucho rato conversando con Bruno después de despertar, un poco antes del amanecer. La sobremesa de la cena de la noche anterior también estuvo interesante: un poco de existencialismo, racionalismo y otras cosillas, porqué es absurdo el planteamiento de un universo tipo Matrix (no sólo porque no se puede probar la existencia o no de la Matrix ya que se debería salir del Universo para observarla, sino de que ese "cajas dentro de cajas" puede extrapolarse al infinito) así que es de comprender que la hora se nos pasara sin darnos cuenta.

Cuando llegamos a Choccna el día estaba muy soleado, pero el aire era frío, las condiciones perfetas para caminar. Giancaro llevó su filmadora y se puso por ratos a grabar a la gente para su programa de televisión "Perú Entre Montañas". El sr. Raúl (ya nos hemos encontrado con él varias veces, por los datos que rellenó en la hoja de participantes supimos que nació en 1932, fácilmente podría ser nuestro abuelito ¡y tiene una resistencia!!) contó que ya antes ha aparecido en las filmaciones de Giancarlo.

Choccna está a 3900 msnm y es un pueblito dedicado a la agricultura y la ganadería. De allí tomamos ruta por el cañón del Río Blanco, el cual ya no arrastra más sedimentos, sus aguas son transparentes. Bruno dijo que es posible ver las truchas (hay un criadero por aquí cerca) pero esta vez no tuvimos suerte.

Una hora después aproximadamente tomábamos la ruta de la quebrada Pucullo ya a más de 4100 msnm. El paisaje es hermoso, con tanto sol y nubes de formas caprichosas en el cielo (nos llamó la antención una enorme, solitaria, y unos cirros en la primera parada, incluso un halo como el arcoiris rodeando al sol).


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Aquí junto al Río Blanco

Poco antes de llegar a Jeulla nos encontramos con un señor que vive por esa zona, tan solitaria, quien iba a caballo (en realidad era una yegua, y estaba preñada), acompañado por otra yegua y dos perros de muy mal genio. Al principio le ofreció a quien iba más rezagado llevarlo cabalgando, pero éste desistió porque no sabía montar, entonces le hizo el mismo ofrecimiento a mi dueña.
Aceptó un poco dudando, ya que si ella sabe montar, sólo lo ha hecho con la silla y sus respectivos estribos, esta vez no había estribos y a silla era una manta doblada.

No es tan difícil montar sin estribos, al poco rato se coge el equilibrio, la única vez en que casi ella se cayó fué cuando la yegua dió un pequeños alto para pasar entre las piedras. Primero ella montó detrás del señor, luego él se bajó (mucho peso para el pobre animal) y se limitó a dirigir a la yegua, mientras mi dueña tenía la tarea de azuzarla dándole en el trasero con una cuerda si ésta no quería caminar. Y así fueron un rato, Yelinna cogida de una mano, manteniendo el equilibrio sobre una yegua, en estas rutas difíciles de cordillera.

Montar da la oportunidad de apreciar el paisaje con más detenimiento, y es casi hipnotizador. Aquí no se ve a nadie, a lo mucho nos encontramos con unas llamitas, que aparte de las vacas, son las únicas que vienen por esta parte.

Las fotos están akí.

Llegamos a Jeulla a la hora del almuerzo. Empezaba a nublarse y a hacer más frío, tanto que Bruno lo describió como "Estar en un frigider". Mi dueña (a lomo de yegua) pasó de largo de donde el grupo ya se había sentado a comer, pero sólo alcanzamos la mitad de camino entre Jeulla y Ahuascocha. Quien también llegó hasta allí fué Giancarlo. Lo que nos hizo desistir de llegar a Ahuascocha (la otra laguna que debíamos visitar, ya a 4600 msnm) fué el cielo que se estaba poniendo muy muy feo. Así que después de pensarlo, fuimos a reunirnos con el grupo, e ir a admirar Jeulla.


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Hay tanta agua aquí que recuerda a Yauyos. Jeulla es inmensa, cuando apenas unos pocos meses atrás era un triste charco.
No pudimos ver los nevados Pucullo y Yurcomachay, pero aún si llegábamos a Ahuascocha no hubiéramos podido verlos, estaba muy nublado y con mucha neblina, más allá del abra no se veía anda.

Después de comer, regresamos por el mismo camino. Tuvimos la oportunidad de despedirnos del señor que tan amablemente nos ofreció su montura. Como estaba nublado, el camino se veía muy diferente, completamente distinto. Aunque en la montaña, el mismo camino no se ve igual de ida y de regreso. El camino se hizo largo y el cielo estaba oscuro y gris. Ya a la mitad del recorrido empezó a llover. Dice Bruno que hizo más frío de lo acostumbrado. Mi dueña debe confesar que reconocio el cañón del Río Blanco por el puente que lo cruza, ya casi llegando a Choccna.
Estuvimos allá poco después de las cinco de la tarde, y ya era completamente de noche cuando llegamos a San Mateo, donde seguía lloviendo. Incluso en la carretera se veían piedras que se habían desprendido. Sí, era para meter un poco(?) de miedo.

Datos del Sr. Raúl: distancia recorrida: 18 km. Desnivel: 800m.

Ya de regreso, mi dueña y yo nos quedamos en la casa de Chaclacayo, donde la abuela :D Nos gusta pasas por donde la abuela ya que ella es muy consentidora, y eso siempre cae bien después de una dura camianta :D :D

Por cierto: Yelinna le agradece a Bruno el haberle prestado su boina tan abrigadora casi todo el camino :)


domingo, enero 27, 2008

Laguna Rapagna - 19 de enero del 2008

Ah! la Laguna Rapagna! Ya habíamos venido hace casi dos años, y esta vez también fuimos allá con la gente de AirePuro.

Relizamos el itinerario acostumrbado: nos reunimos en la puerta principal de la PUCP a las cuatro de la tarde el sábado 18 y partimos hacia Chosica y de ahí a San Mateo de Huanchor. Como Celso nos llevó a mí y a mi dueña en su carro llegamos poco antes de las siete y media de la noche. El resto del grupo se nos unió poco antes de las diez, en el hostal Patrón.

Esta vez salimos al día siguiente un poco más temprano: a las cinco y media Jeff (el guía) despertó a todo el mundo (unas 22 personas en total, como no cabían todas un grupito fué al hostal las Américas ) y una hora después ya partíamos hacia Río Blanco, tomaríamos el camino por las quebradas Copa y Chueco (3550 msnm) hasta la laguna, esta es la ruta usual para llegar.

A diferencia de la vez anterior, que fué durante la temporada seca, ahora nos aventuramos tan alto en plena época de lluvias (Rapagna está a unos 4500 msnm). Decir "lluvias" es un poco relativo, ya que el verdadero nombre de esta temporada, que va de Diciembre a MArzo, debería llamarse "todo aquello que puede aventarte el cielo: lluvia, granizo y nieve."

Si! Nieve!

Sólo tres horas de caminata separan Río Blanco, junto a la carretera, de Rapagna, pero jamás pensamos hallar esto:

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¡Nieve por debajo de los 5000 msnm!

Los cerros que normalmente se ven pelados, o estaban verdes, o estaban cubiertos de nieve. Mi dueña y yo nos desviamos un poco del camino, intentando llegar al límite del hielo en un pico cercano... que en realidad no estaba tan cercano, y como nos estábamos desviando mucho del camino dedicimos volver con el grupo (después de poder contemplar la laguna desde arriba), pero pasamos por donde había más nieve, donde ésta se derretía al sol, y donde Celso se sentó un rato a comerla.

He aquí una foto de Rapagna tal y como cuentan que la vió Raimondi:

Photobucket

Llegamos a la laguna a eso de las once de la mañana y descansamos una hora. Aquí el grupo se dividió en dos, los que regresarían a Río Blanco y los que continuarían hacia Putca.

En teoría, Putca no debería estar a más de una hora de caminata, ya habíamos ascendido durante una hora cuando el cielo se oscureció y el viento empezó a soplar más fuerte y frío. Parecía que iba a llover y se oyeron truenos lejanos. Pocas horas antes alguien había dicho que toda esa nieve a había dejado una tormenta.

No pudimos llegar a Putca. Era la una de la tarde cuando los guías decidieron que era mejor regresar. Podíamos ver el abra tras el cual está la laguna Putca, pero las nubes se alzaban amenazantes y oscuras. Del otro lado la quebrada se llenaba de tanta neblina (nubes en realidad) que era imposible verla. Durante un rato en el regreso se despejó, para luego volverse a cubrir de neblina.

Regresamos por el camino antiguo de Rapagna, donde se pueden ver cientos de ovejas, incluso nos cruzamos con tres llamitas. A medida que bajábamos el frío era menos intenso, mas eran als dos de la tarde y parecían las cinco.

Llegamos a Río Blanco, junto a la carretera, a las 3:45 pm, donde la gente que ya nos esperanba nos preguntaba cómo era Putca y les contamos cómo no pudimos llegar. Hacer este recorrido en realidades para la temporada seca.

A pesar de que el clima se nos portó mal, tenemos unas fotos envidiables :D :D :D.

Y es así como normalmente se ve Rapagna.