Primero fué un autito LandRover a escala 1:24, luego la posta ha sido seguida por varios juguetitos de plástico (especialmente animalitos) ansiosos por recorrer el Perú :D

domingo, abril 19, 2009

Cordillera de la Viuda - Marcapomacocha - 9 al 12 de Abril del 2009

Marcapomacocha es un distrito ubicado en la provincia de Yauli, Región Junín. Concretamente fuimos al pueblo de Yantac (se pronuncia Yantaj) ubicado a 4600 msnm. Esta salida fué organizada por Brunotrek y narrada por Chenn :D

El punto de encuentro fué el parque detrás del cine Orrantia a las 6:45 de la mañana del jueves 9 de abril. El problema fue que muchas otras empresas de turismo y grupos de excursión habían escogido el mismo lugar para encontrarse, hasta el punto que parecía un paradero de buses, no un parque en una zona residencial. Bruno predice que la municipalidad terminará por prohibir que este parque sea punto de reunión. Ya ha pasado antes.

El grupo lo conformaban 12 personas en total. Nos encontramos nuevamente con Juanito, José "El Marrano", Erika y Anabella, y otra amiga a la que le decimos Pollito debido a su casacón amarillo enceguecedor. Y también se nos unió una familia completa: Patty y Álvaro con sus dos hijos: Ian y Adrian de 12 y 10 años.

Partimos a las siete y media hacia Canta. A las diez pasábamos por Santa Rosa de Quieves y a las diez y media nos deteníamos en Canta para almorzar.

Podría decirse que Canta ha adquirido un turismo desordenado. El comercio es informal, las calles aún necesitan muchos arreglos y no están hechas para demasiado tránsito de personas con sus vehículos. Al igual que Huancayo, Canta es más un lugar para aprovisionarse o descansar antes de continuar el recorrido.

A las once y media partíamos hacia Yantac. Allá llegamos después de la una y media de la tarde, recibiéndonos una ligera lluvia.
Hacía mucho frío. Una señora nos vendió el almuerzo, pero en porciones chiquititas y a un precio demasiado alto para porciones tan chiquititas (valga la redundancia). Como el clima estaba tan malo ya no decidimos alquilar acémilas e ir acampando día tras día, sino hacer el "campamento base" en dos cuartos que abarcaban dos segundos pisos que nos alquilaron en el pueblo y con vista a la plaza. Seis personas irían a cada cuarto.

Uno de los cuartos tenía camas, pero era también el más frío. En realidad, es preferible dormir en el suelo y en un sitio más abrigado que en una cama en un lugar helado. Pero quienes se habían acomodado en las camas ya no tenían ganas de mudarse, eso al menos era lo que parecía.

Esa tarde llovió mucho. Todo el mundo tuvo soroche y frío. Si no recuerdo mal, fue José "El Marrano" quien dijo que en este tipo de excursiones, la mitad del grupo deserta después de la primera noche.
Lo bueno es que teníamos comida en abundancia: sopa, puré de papas, leche, café, té, azúcar, pan, galletas, manzanas, fideos, mantequilla, chocolate, nuggets de pollo, frutas secas y barritas de cereal. Si la altura no quitara el hambre, habría(mos) arrasado con todo.
(Hay que recordar que Bruno es todo un gourmet).

Dentro del cuarto donde no había camas, sólo hizo falta sacar las bolsas de dormir para pasar la noche, no hubo que armar carpas. Ahí adentro no hacía tanto frío.

Fotos de todo el viaje hay aquí.

Viernes 10:

Despertamos antes de las siete de la mañana, pero con todos los arreglos matutinos, y pocas ganas de dejar la comodidad de las bolsas de dormir, recién desayunamos a las ocho, y con todos los arreglos pasa salir, recién se inició la excursión a las diez de la mañana. Ese día Álvaro decidió volver a Lima con sus hijos. El resto, salimos a caminar :D

La caminata fue bastante breve. Subimos a un cerro para admirar el nevado La Viuda y de paso ver la cordillera de la Corte (parte de ella) al fondo.

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Detrás: Cordillera de la Corte. Obsérvese la neblina que avanzaba, queriendo ocultar los nevados.

El clima no era nada bueno. Casi no hizo sol, ni siquiera al mediodía, la hora en la que se supone hace más calor.

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Nótense las amenazantes nubes a lo lejos en el cielo.


Caminamos apenas unas pocas horas. Antes de las dos de la tarde ya estábamos de regreso en Yantac.

Un detalle de todos estos pueblitos ubicados en lo profundo de los Andes es que pareciera que allí no viviera nadie. Ha pasado tanto en Vilca como en San Mateo de Otao. Lo que sucede esque la gente pasa la mayor parte del día en el campo, con sus animales, y a veces duermen allá, en estancias, en lugar de regresar al pueblo. Luego pudimos saber que el frío en Yantac hacía que los niños se quedaran en casa, sin salir.


Sábado 11:

Este día salimos más temprano, a las ocho de la mañana, y fuimos con rumbo al nevado Alcoy (todos menos Willy, Patty, Erika y Anabella). La idea era recorrer un poco el glaciar. El problema es que desde temprano no hizo muy buen tiempo.


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Si de este lado había sol, por allá se acercaba una tormenta.


Al salir de Yantac pasamos por las lagunas (en orden) Chacrán, Yurajchupa, Quiulacocha y las lagunas Parionacocha. En realdiad hay montones de lagunas por todas partes, no se debe caminar mucho para encontrarse con una o dos.

Ya era alrededor del mediodía (tal vez un poco más) y ya estábamos casi por llegar al nevado cuando unas nubes de tormeta amenazantes se iban acercando. Bruno y Marrano decidieron volver, para evitar el mal tiempo.

Pero, (oh!, mala suerte!) ya estábamos de regreso y demasiado lejos para volver cuando el tiempo mejoró y el nevado se despejó. Sólo pudimos tomarle fotos de lejos.

PhotobucketAlineación al centro
Aquí Kurt, que también nos acompañó, le dedica un adiós al nevado Alcoy.

El punto más alto que alcanzamos fueron 4800 msnm y la distancia recorrida fue de 17 kilómetros en total.

En el camino de regreso nos cogió la tormenta. Descargo lluvia, algo de granizo y muvha más lluvia. El camino que ya estaba húmedo se volvió de barro. Los impermeables de la gente goteaban y todos terminaron con los pantalones mojados. A medida que la tarde iba avanzando, iba haciendo más frío, y todo el mundo sólo quería regresar a cambiarse y calentarse un poco.
Regresamos a Yantac después de las cuatro de la tarde.

Ya nos habíamos cambiado la ropa, cuando uno de los pobladores nos dijo quie habría procesión a las siete de la noche. Incluso junto a la entrada de la iglesia habían armado una alfombra de flores y una cruz de más de dos metros de altura, todo hecho con flores y plantas de los alrededores. Lo malo es que luego llovió y nevó. Aún así la cruz aguantó la inclemencia de la noche, pero al final no hubo ninguna procesión. nadie estaba en el pueblo para sistir, por un desperfecto eléctrico la iglesia se quedó sin luz y hacía mucho mucho frío. Incluso uno de los señores se quejó que ya los jóvenes no siguen las viejas costumbres.

Esa noche el termómetro de Willy marcó diez grados bajo cero (menos cinco grados dentro del cuarto donde estaban las camas) y cayó una fuerte nevada. Pronto los techos, los carros estacionados y parte de la calle se cubrieron de blanco. En estas condiciones hay que tener terquedad de veras para lavar las ollas a la intemperie y con agua helada.

Pero la cena estuvo bastante buena en el cuarto de quienes dormían en sus bolsas: fideos canutos con mantequilla, nuggets de pollo con puré de papas y té caliente con azúcar :D


Domingo 12:

Esta mañana amaneció muy soleada. Justamente nuestro último día era el único que tenía buen tiempo. El carro nos recogería a la una, así que esa mañana aprovechamos para lavarnos, ordenar las cosas e ir un ratito a la laguna Yantac, a las afueras del pueblo (el nevado Mishipañahuin está hacia el sureste). Luego todos sacaron sus cosas de los cuartos, esperaríamos en la plaza a que vinieran por nosotrs. A eso del mediodía llovió unos pocos minutos nada más, posiblemente fue una nube que pasaba y dejó caer su lluvia, pero fue suficiente como para dejar todo mojado. El sol se asomaba tímidamente por ratos. Ya había dejado de llover cuando el carro que nos llevaría a Lima apareció.

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Kurt posando frente a la laguna Yantac.

Ya al salir de Yantac el tiempo mejoró mucho. Pasamos por la represa de Marca, camino hacia el pueblo de Marcapomacocha, a orillas de la laguna del mismo nombre. En el trayecto nos cruzamos con manadas de llamas que pastaban en la pampa, junto a la carretera.

Bruno explicaba cómo es fácil confundirse de ruta si nos e conoce la zona, ya que no hay señalización. Hay caminos que llevan a Huayllay, otros de regreso a Canta, otros a Cerro de Pasco. Nosotros íbamos con rumbo a Marcapomacocha.

Cuando pasamos por el Rajuntay, el cielo se despejó y tuvimos una vista magnífica del nevado. El sol nos acompañó buen rato, hasta que el cielo empezó a nublarse ya después del mediodía.

Desde la carretera, tuvimos una hermosa vista de la pampa de Junín.

A medida que se va bajando, se puede ver el cambio en la vegetación y en la temperatura. Hicimos una parada en San Mateo de Huanchor, al equivalente de dos cuadras del Minimarket Maná, para comer algo, entr dos hostales y un restaurante llamado "El Tronco", donde permitían que vendieran comida afuera, junto a la entrada, de modo que había más gente comiendo fuera del restaurante que dentro.

El día estaba muy nublado. La comida para escoger era choclo con queso, humitas, camote, mazamorra de calabaza, etc. no parecerá mucho, pero es suficiente para llenar el estómago hasta la llegada a casa.

Llegamos a Lima, al mismo parque del comienzo, a las cuatro y media de la tarde.

domingo, febrero 15, 2009

Laguna Pocacocha: domingo 8 de Febrero 2009

Salida organizada por Bruno y también nuestra primera salida de altura del año :D

Narrado por Mauri, la cabra montañesa.

El punto de reunión fue el cine Orrantia a las cuatro y media de la tarde, en el parque donde se estacionan los colectivos que van a Chosica. Con nosotros fueron Juanito, Carlos de la Borda y Antauro.

Ya en Chosica tomamos los micros que van a San Mateo de Huanchor. pasaríamos la noche allí para salir muy temprano hacia Chinchán.
Llegamos a las ocho y media de la noche al hostal Las Américas. Había llovido y el suelo estaba mojado. Cuando fuimos a comprar al minimarket Maná la luna brillaba clarísima, pero al salir ya las nubes la habían ocultado.

Una de las cosas que más le gustaron a mi dueña eran als revistas que prestaban en Las Américas para los huéspedes: Muy Interesantes, Mecánica Popular, National Geographics... todo un deleite :D :D


El domingo nos levantamos muy temprano para ir a desayunar frente al puente en San Mateo en el puestito donde la casera de Bruno vende quinua, maca, soya, avena, pan con camote o queso. Como a Bruno le dolía un poco el estómago ella le sirvió un vaso de intimuña con sábila, lo que le quitó el malestar mejor que cualquier medicamento de farmacia.

Tomamos un station wagon que nos dejó en Chinchán a las siete y media. Este es un lugar muy frío, y enciam el día estaba nublado. Mejor no contar con que el sol nos calentara, era poco probable que apareciera.

Caminamos por la fría puna sintiendo cómo la temperatura iba cayendo. A media mañana, Bruno calculó que estaríamos a cero grados. Incluso ya se veían montículos de escarcha y hielo entre las plantitas.

Después de un par de horas caminando nos encontramos con algo impresionante ¡Hongos!

Hongos a más de 4400 metros y soportando temperaturas que en la noche caen por debajo de cero grados. Creciendo por montones y entre el hielo. Algunos tan grandes que parecían pancitos mojados que alguien había tirado. Aquí Yaneera, que quiso acompañarnos, posó junto a algunos:


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Invasión de hongos en la puna!

Carlos comentaba que parecían la aldea de los Pitufos.

Después de caminar una hora más descansamos un rato junto a un corral del que ya no quedaba el techo a excepción de un poco de paja. Este año las precipitaciones han sido intentas, y durante casi todo el viaje pudimos ver nevados.

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Nublado nublado, y muy frío también.


Y durante casi todo el viaje también hizo mucho frío. Como Bruno comentó, lo usual es que el sol se vea y sienta a partir de las diez de la mañana, pero ya eran más de las once y aún estaba nublado.

Para llegar a la laguna Pocacocha debíamos subir una cuesta de roca, el cual marca el límite donde termina Lima y empieza Junín. Fue nuestro punto más alto: 4890 msnm y todo el mundo terminó agotado a causa de la altura, pero a diferencia del inestable terreno de Lurín, esta roca es firme y permite agarrarse y apoyar los pies. Subir no fue muy complicado.

Al mediodía llegamos a la laguna, rodeada también de nevados. A esta hora el cielo se despejó un ratiro y permitió que el sol nos calentara. Nos quedamos poco más de una hora antes de partir, ahora de regreso. El cielo se volvió a tapar y así se quedó por el resto del día.

Como contaba Bruno, Pocacocha no es una sola laguna. Esta vez sólo llegamos a la primera de ellas.



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Aquí juntoa la laguna. A lo lejos: más nevados. Ha sido un buen año para la nieve :)


Aún nos quedaban varias horas de caminata. Lo ideal era ya estar en San Mateo antes del anochecer.

A media tarde nos cayó un poco de granizo y lluvia y, al otro lado de los cerros, se desató una fuerte tormenta. Estaba tan cerca que en dos (tres?) ocasiones vimos destellar los relámpagos. Contando los segundos, Yelinna pudo calcular que la tormenta estaba a unos cuatro kilómetros de nosotros (el sonido recorre aproximadamente un kilómetro cada tres segundos) . Podría parecer mucha distancia, pero en realidad no lo es, hubo un trueno que sonó tan cerca que su eco rebotó por todas las montañas de los alrededores )lo admito, me asusté).

El camino de bajada lo hicimos siguiendo la carretera que va de regreso a Chinchán. Aquí nos cayó lluvia y un poco de granizo. La gente tuvo que sacar los impermeables. Pasando una capilla, donde nos detuvimos para que el grupo sacara sus casacas (hacía frío de verdad) llegamos al límite entre Junín y Lima. Altura: 4850 msnm.

Ya eran más de las cuatro de la tarde y el cielo se oscurecía. Lo bueno es que Bruno pudo contactarse con el chofer que siempre contrata en San Mateo y éste, muy cumplidamente, vino a recogernos. Nos vio desde lejos y nos dio el encuentro. Eran un cuarto para las cinco cuando abordamos el carro y partimos de vuelta hacia San Mateo.

El trayecto hasta Lima se hizo un poco más largo de lo usual: eran las ocho y media de la noche cuando llegamos al óvalo Santa Anita.


Hay fotos aquí.

sábado, enero 31, 2009

Chontay - Chaclacayo (Uniendo los valles de Lurín y Rímac) - 25 de Enero

Esta salida fue organizada por Bruno y narrada por nuestro corresponsal para The traveling Picture Show: Nikolai :D

El punto de Reunión fue en el KFC de San Borja en la av. Javier Prado a las siete de la mañana. Esta vez nos acompañaron Juanito, Gillermo, Mitchel (quien es de Chile y hace escalada allá), Sandro y Omar.
Desde aquí tomamos uno de los carros que van a Cieneguilla. Como es verano, los mosquitos han empezado a aparecer en gran cantidad. Nadie llevó repelente, pero el bloqueador también es útil para evitar las picaduras (esto pudimos comprobarlo!)

Cieneguilla está en las inmediaciones de la quebrada de Río Seco, a 450 msnm. (datos aportados por Bruno). Llegamos allá alrededor de las ocho y media y aprovechamos para desayunar. Había para escoger: café, tamal, ensalada de frutas y pan con huevo.

Santa Rosa de Chontay está a menos de media hora en carro desde Cieneguilla, por un camino que va entre propiedades inmensas. Es un pueblo chiquitito, apenas un par de cuadras de casas alrededor de la plaza central. Más allá sólo está el valle del río Lurín.


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Allí está el río Lurín.


Empezamos la caminata a las nueve y media, entrando por la quebrada San Isidro. Pretendíamos seguir el antiguo camino pre-inca, el cual es visible desde lejos y que va por la ladera derecha del valle mirando desde Chontay.

Caminamos apenas un rato, con el fondo del valle a unos setenta metros más abajo, cuando nos encontramos que el terremoto del 2007 había destruído varios tramos del camino. Donde antes había un sendero visible, ahora hay tierra resbalosa y piedras. Es peligroso venir por acá, un resbalón puede significar terminar en el fondo del valle (sí, a Yelinna casi le sucedió, y de paso perdió los palos de trek que le prestó Bruno).

Llegó un momento en el que no podíamos avanzar más, el camino estaba demasiado destruído. Entonces Bruno nos dió a escoger: seguir otra ruta más larga, y segura, hacia Chaclacayo, o ascender por la ladera del valle y conectar con el lado de Chachacayo de forma más directa. Como en el grupo todos eran (éramos) poseedores de un entusiasmo juvenil, decidieron (decidimos) la segunda opción.

Ascender por la pendiente de la ladera del valle del Río Lurín, confieso que es una locura.

Lo malo de estas laderas es que no son de roca o tierra firme, sino de barro seco, quebradizo, bastante suelto, y que hace que las piedras incrustadas en él tengan poco asidero. No es para gente sin experiencia... siendo sincero, no es para gente en general. Un pequeño error puede acabar cien metros más abajo (en realidad era más).

Mitchel, experimentado escalador, fué quien llegó primero a la cima de la ladera. Usándolo como punto de referencia, Yelinna llegó en segundo lugar, luego de bastante rato de pelear por no resbalarse, asirse de piedras flojas y evitar los lugares con sólo barro seco (mejores para trepar son los sitios que tienen rocas).



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Indy también nos acompaño, quería recordar sus tiempos de "Raiders of the Lost Ark" (desierto por todos lados). Detrás se puede ver cómo son las laderas del valle (no imaginaba que fuera tan estrecho) y lo impracticables que parecen desde aquí.


Nos preocupamos un poco porque el resto del grupo aún no llegaba. Lo que ocurrió fue que Sandro y Omar se desviaron hacia la izquierda y terminaron en un punto dodne no podían avanzar más. Bruno tuvo que ir a "rescatarlos" y traerlos a donde estábamos.

Ya a parti de aquí no habrían más subidas, salvo algunos trechos cortos y de muy poca pendiente. Ya se había acabado el trepar por el cerro :D

Como contaba Bruno al poco rato de salir de Chontay, el valle del Río Lurín es muy muy seco, como si la lluvia despreciara estos parajes. Si cae lluvia "es apenas un escupitajo".

Al mediodía llegamos al cerro Lindero a 950 msnm. Si estuvo un poco nublado en la mañana, ahora ya se sentía el calor. Tuvimos que seguir ascendiendo bajo el fuerte sol y, al pasar junto a unas grandes rocas, pusimo sentir el calor que son capaces de reflejar. Íbamos siguiendo las nubes, las que parecían huir de nosotros. A la una descansamos junto a una inmensa roca que, por tener un lado a la sombra, se mantenía fresca.
A las dos de la tarde llegamos al cerro Chachacayo, a 1400 msnm y aprovechamos para almorzar. Las nubes ya tapaban el sol.

Desde el cerro Lindero se pueden encontrar, tiradas entre la tierra, conchitas de caracoles. Son balncas y tienen la forma de cono de los caracoles de agua. La gente cuando las ve suele pensar que son fósiles, pero los fósiles están petrificados o parecen estar hechos de tierra. Estas conchas son de animales modernos.

Como contó Bruno, lo que sucede es que cada año, con las pocas lluvias que caen, estos cerros se llenan de vegetación, y con la vegetación aparecen los caracoles. Cuando las plantas se secan éstos mueren y dejan sus conchas atrás.
No sabíamos de dónde venían los caracoles. No pueden sobrevivir en el desierto, así que no debían quedar para el año siguiente, hasta que Omar encontró uno vivo en una de las piedras, en esas partes donde no da el sol y se mantiene fresco.
Entonces el fenómeno se llega a explicar: los pocos caracoles que sobreviven son suficientes para llenar de caracones los cerros cuando la vegetación aparece. Cuando todo se seca, quedan unos cuantos vivos, estivando, hasta la siguiente temporada de lluvias.

Ya desde aquí el camino era de descenso. Más adelante hallamos senderos por los que transita la gente, y más allá un camino de tierra para vehículos. Pasaba al lado de una estación eléctrica, de la que Juanito dijo que ya no había antena.

El desierto, aunque parezca monótono, tiene detalles interesantes. Descubrimos los primeros brotes verdes del verano y antiguos cactus, como éste:


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Bruno dijo que parecía armado con Legos :)


Por su tamaño y aspecto, se deduce que son cactus de crecimiento lento que les gusta echar pocas ramas (Bruno les dice "hijitos") y tenerlas grandes y gruesas, a diferencia de los cactus que se plantan en los jardines de Lima, que pueden alcanzar el tamaño de un árbol pequeño en unos años y que crecen como tales: un tallo o tronco con un montón de "hijitos" en la parte superior.

Ya eran más de las cinco cuando alcanzamos la quebrada que lleva a California, en Chaclacayo. Aquí Bruno nos enseñó a reconocer por donde ha pasado un huayco: basta ver la diferencia en el color de la tierra. los lados de la quebrada eran rojizos, pero por donde el huayco había pasado la tierra era del color del barro seco (y muy posiblemente era barro seco). Ya habían cactus grandes y gruesos en esta tierra, por eso supimos que el último huayco fue hace muchos años. Toda esta parte recién se está urbanizando, las casas recién se están construyendo. El siguiente huayco puede ocurrir dentro de un siglo, pero hay una regla a seguir: "por donde hubo agua, habrá agua".

Sólo es cuestión de tiempo.

La nueva urbanización fue bautizada por Yelinna como "Urbanización Huayco".

A continuación de la urb. Huayco hay un asentamiento humano, con todo el mal aspecto que tienen los asentamientos humanos. No ocurrió nada porque pasamos a una hora en la que no ocurre nada, pero ¿y si nos cogía la noche aquí?
Así, quien quiera entrar y salir de Lurín tendrá que hacerlo por Chontay, no por California. De todos modos esta ruta ya está muerta por su peligrosidad (el camino lo destruyó el terremoto y hay un asentamiento humano, ya de por sí suena bastante malo).

Luego del asentamiento viene el inicio de la Urbanización California. El contraste es tremendo: las casas son inmensas aquí, se nota que pertenecen a gente con mucho dinero. Empieza el asfalto y los jardines bien cuidados.
Cruzamos el río Rímac por un puente colgante. El río venía con poco caudal, o es que en esta parte el Rímac es así, mucho más chiquito de lo que se ve en Lima.
Siguiendo el camino adecuado, se llega a la Carretera Central, pues es fácil perderse o dar un largo rodeo antes de hallar cómo salir a la carretera. Eran las seis y media y es el momento cuando se nota el cambio de las horas: hace quince años, en verano, a las seis y media de la tarde ya empezaba a oscurecer, ahora empieza a oscurecer a la siete. Aún no sabemos a qué se debe esto.

Desde aquí pasan muchos carros a Lima, no tuvimos que esperar mucho por uno que tuviera asientos desocupados :D

Hay fotos aquí! y muchas más aquí!


Y ahora....

¿qué pasó con las conchitas que recogimos?

Bueno... se las dimos a quienes las apreciarían más:


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Pirata Barba Negra: - Aaaarrr!! Por fin nuestros esfuerzos se ven recompensados. ¡Estas caracolas son nuestras!
Jack Sparrow: - Creo que oigo algo en ésta :D
Elizabeth Swann: - ¿Es el mar?
Wll Turner: - Yo también lo oigo. ¡No es el mar! ¡Es el sonido del río Lurín! :D :D :D

viernes, noviembre 28, 2008

Valle del Mantaro - Jauja (20-23 de Noviembre)

Salida organizada por Brunotrek Expeditions y narrada por el Autito que todos aman :D :D (bueno, Bruno ♥ ha confesado gustarle mucho):

El punto de reunión fue el Miércoles 19 a las diez y media de la noche. Con nosotros estuvieron Erika y Anabella, webmistress de Sin Gluten Perú.

El bus partió a las once de la noche y pasamos por:
12:50 am: Corcona (nos detuvimos bastante tiempo en el peaje)
2:30 am: Chicla
5:40 am: Jauja

Ya allí nos esperaba Tomás con su couster para llevarnos a su hospedaje. Éste es su misma casa, y la comida la prepara su esposa y su mamá. Aquí teníamos televisión por cable y una computadora para descargar las fotos de la cámara (lo malo es que mi dueña se olvidó el cable).

Recién está empezando la época de lluvias en Jauja. Éstas ocurren generalmente en la tarde y en la noche, mientras que en la mañana, y en especial al mediodía, está muy soleado.

Jauja es una ciudad pequeña, tranquila, silenciosa, muy diferente de la activa Huancayo. El valle del Mantaro posee hermosos paisajes y un cielo azul. Vale la pena alejarse de los centros urbanos e ir a explorar :)

Después de desayunar, fuimos al convento de Ocopa, a media hora en carro desde el hospedaje. Estuvimos allá a las diez de la mañana. No pudimos entrar inmediatamente ya que hay horas para las visitas guiadas, y la siguiente era a las once. La entrada está a cinco soles.

Hay fotos del viaje akí


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Se supone que no está permitido que los autos lleguen hasta esta parte, yo pude colarme :)


Mientras esperábamos, entramos a la iglesia que está al costado. No había absolutamente nadie. Pudimos ir hasta el altar y descubrir que había una alfombra con motivos Mochicas allí donde se coloca el sacerdote para hacer la misa. Esto es curioso: una alfombra con dibujos paganos en una iglesia cristiana.

Lo malo de Ocopa es que no permiten entrar con cámaras. Mochilas, celulares y alimentos también están prohibidos. La oposición a las fotografías es por temor a que alguien use las fotos como inventario de las cosas que hay dentro del convento para robarlas después (sí, esto ya ha pasado).

Aparte de las antiguas pinturas, la vida y obras de los sacerdotes Franciscanos, hay dos cosas destacables: La reconstrucción de una de las austeras celdas que usaban los monjes siglos atrás y, en la parte alta de una de las escaleras, un impresionante Cristo Crucificado. Está tallado de tal manera, y tan cubierto de sangre, que parece sacado de una película de terror de los años setenta.

Otra cosa digna de mencionar es su impresionante biblioteca, con libros tan antiguos que, a pesar de estar escritos en español, son casi imposibles de entender. Hubo una época en que el español no tenía ortografía, y muchas palabras se escribían juntas, casi como el alemán.

Después de visitar Ocopa fuimos a la piscigranja de Ingenio, donde se crían truchas para comer. Algunas de ellas escapan de las pozas y acaban en la pequeña laguna y los riachuelos cerca a los restaurantes. En una de las pozas, pudimos ver a las truchas saltando, intentando ascender por donde el agua caía, formando un simulacro de cascada.
En la piscigranja también se puede adquirir miel, jalea real y licor de miel.

Durante el almuerzo el cielo se tapó y llovió un poco. Después de almorzar fuimos a visitar La Virgen de Concepción, que mide más de veinte metros de altura. Tuvimos suerte, no había gente. Bruno cuenta que otros días el lugar está lleno.



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Vista desde la base de la Virgen.


La ruta que tomamos para ir a La Virgen pasaba por la heladería de la Universidad Privada los Andes en la provincia de Concepción. Cada helado cuesta un sol y aún conservan el sabor a leche. Aquí también venden yogurt y queso.


Viernes 21:

A las ocho de la mañana dejamos el hospedaje y, en la couster de Tomás, tomamos rumbo a las ruinas de Tunanmarca, a una hora de distancia. Tomás nos acercó lo más posible a las ruinas gracias a que el camino no estaba embarrado. Existe una vereda de piedra que asciende por el cerro y que lleva a un pequeño mirador, pero para ir a las ruinas hay que subir un poquito más.

Tunanmarca data de la época preinca y se ubica en el distrito de Tunanmarca, en la provincia de Jauja.


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Contemplando Tunanmarca


Tunanmarca es, o era, un complejo arqueológico inmenso, de varias hectáreas de extensión. Está bastante deteriorado porque los campesinos sacan piedras para hacer chacras y tienden a quemar el suelo para que crezcan pastos para las vacas. pero hay partes que aún han sobrevivido al descuido y al maltrato, y están mejor conservadas. Hay chulpas que aún se mantienen enteras, incluso con sus entradas.

Después tomamos camino a Shutuymarca, otro complejo arqueológico mejor conservado que Tunanmarca.
Desde donde Tomás dejó la couster, en el pueblo de Sacas Malacate al mediodía, fueron más de dos horas para llegar a las ruinas, ascendiendo un cerro, con una pendiente no muy pronunciada. Fue una caminata fácil y bonita.
Aquí se encuentran varias chulpas en buen estado, e incluso una, de dos pisos, en donde aún se realizan rituales chamánicos (encontramos restos de cigarrillos).

Dominando Shutuymarca, está un cerro de roca que sirve como mirador natural. No es difícil trepar allí, sólo meterse entre las plantas y apoyarse bien para ascender entre las rocas. Desde allí se puede apreciar todo Shutuymarca, y ver las formas circulares de sus construcciones.



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Este es el bonito cielo que nos acompañó ese día.

El regreso desde Shutuymarca sólo nos llevó algo más de hora y media. En el camino nos encontramos con gente se arriaba sus burros y sus cerdos. Como dijera Yelinna "Es la primera vez que veo un pastor de chanchitos".

Es época de siembra y por todos lados hay campesinos abriendo los surcos (ya sea con arados o tractores) para luego empezar a sembrar.
En el valle del Mantaro hay chacras de papa (se reconocen por sus flores moradas), alcachofas (ya era época de cosecharlas), maiz, trigo y habas (recién asomando de la tierra).

En Hualhuas, donde están los telidos artesanales, nos encontramos con que en la casa donde se vendían tenían a una llama bebé como mascota. Contaba la señora que la mamá había muerto, y como los campesinos no podían mantenerla, se la dieron a ellos. Dijo que se le debe dar leche cada dos horas, como a un bebé.


Sábado 22:

Este día salimos del hospedaje un poquito más tarde, a las nueve de la mañana. Íbamos a tomar el camino que une Jauja con Malca, el cual pasa por un acantilado desde donde se ven Los Cañoncillos.


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Helos aquí, los cañoncillos.


En realidad éstos no tienen nombre, así los ha bautizado Bruno. No son de roca, sino de tierra, y estas formas resultan de la erosión del viento y la lluvia.

Observando los cañoncillos, cerca del borde, vimos gente que salía de una pequeña caverna, en donde vivían, eran verdaderos cavernícolas del siglo XXI!

Después de salir de Los Cañoncillos (como es una quebrada estrecha hace más calor allí dentro) tomamos rumbo a la laguna de Paca, pasando por las ruinas a las que Bruno y Tomás han bautizado como La Calle, porque es una hilera de casas pre-inca desde donde se ve la laguna.

Paca puede considerarse como una versión en chiquito del Titicaca por una razón: también tiene islas flotantes, pero en Paca éstas están pegadas a la orilla, donde están los restaurantes, y a diferencia de las islas de los Uros, las de Paca no necesitan mantenimiento. Una vez que están allí, con pastito verde encima, sólo se les ponen las sillas y las mesas. Cuando el agua se agita, se siente cómo se mueven las islas, cuyo suelo es húmedo y algo esponjoso.

La comida más disponible para turistas en Jauja es la trucha, preparada frita o en ceviche. En la carta ponen que se puede pedir a la parilla, pero también es trucha frita.

De regreso pasamos por la campiña del río Yacus. Es hermosa al atardecer. Nos detuvimos en San Pedro de Chunán donde es notable su plaza con enormes sombreros que dan sombra a las bancas. Además cada farola tiene su sombrerito también. Pasamos por Acolla, Yauli, Huala, Pancan y Huasquicha.

Erika y Anabella regresaron a Lima esa noche pues necesitaban descansar el domingo para poder ponerse a trabajar el lunes.


Domingo 23:

Salimos del hospedaje con Tomás muy temprano y nos reunimos con Jaime, con quien iríamos a las ruians de los Walis. En Jauja se toman station wagons que lleven al pueblo de Tragadero, cerca a Tragadero, el lugar donde el suelo absorbe el agua y forma una laguna con un totoral adentro a donde van a pastar las vacas, y a donde suelen quedarse dos o tres días inclusive porque allí dentro no hace tanto frío.
Luego de una breve caminata subiendo un cerro, llegamos a las ruinas. No están en buen estado ya que gran parte de las piedras que una vez fueron los muros se han usado para hacer chacras. Pero hay unas pocas chulpas y parte de la escalera original, así como el camino, que se han conservado.

Más fotos hay akí.

La provincia de Jauja es un gran jardín botánico natural. Recién empiezan las lluvias y ya existen multitud de hierbas y flores, muchas de las que se usan en medicina popular. Yelinna hizo una pequeña recopilación de las plantas con las que se toparon y sobre las que iba preguntando a Jaime, se puede leer en esta página.

Desde las ruinas tomamos rumbo al pueblo de Marco donde tomamos transporte a Jauja. Llegamos allá alrededor de las dos de la tarde. Eso daba tiempo de ir a la feria que se hace todos los domingos en Jauja y ocupa varias cuadras donde se vende de todo: ropa, comida, algunas artesanías, sombreros... recuerda a cómo eran los mercados informales en Lima hace varios años.

La plaza de Jauja se ve más animada en domingo. pero la mayor ventaja de esta ciudad es que, siendo tan pequeña, es posible salir al campo caminando unas pocas cuadras.

Como el bus de regreso salía tarde de noche, hubo tiempo para descansar el resto del día. Tomás nos regaló pan de maíz que había hecho en su panadería para Anabella.

El bus a Lima salió a las once de la noche, y ya de regreso toma menos de seis horas el trayecto de Jauja a Lima. Por ejemplo, a medianoche ya estábamos por La Oroya.


miércoles, noviembre 05, 2008

Mirador de Cóndores - Cerro Lagartija (25 y 26 de Octubre)

Salida organizada por Bruno ♥ y narrada por Mauri, la cabra montañesa.

El cerro Lagartija está ubicado en el distrito de San Mateo de Otao. A los pies de este cerro suelen anidar los cóndores. Y esta vez, aparte de mi dueña y su amado, fueron con nosotros Don Raúl y Jesús.

El punto de reunión fué a las cinco de la tarde del sábado 25 en el Óvalo Santa Anita. Desde allí tomamos rumbo a Chosica, a donde llegamos a las siete de la noche. Luego, tomamos una couster que nos dejara en San Juan de Lanca. Según se ve en este mapa, San Juan de Lanca ya no está en el valle del Rímac, sino en el del río Canchacalla.

Antes de llegar a Lanca, los carros hacen un desvío para ir a Tapicara, luego regresan al cruce y de allí toman rumbo a Lanca, a donde (2000 msnm) poco antes de las 8:30 pm.

Como cuenta Bruno, Lanca es la capital del distrito de San Mateo de Otao, y lo es porque, hasta hace poco, era más fácil llegar a Lanca que a San Mateo.

Desde Lanca, caminaríamos parte del trayecto para estar temprano en el mirador. La idea era caminar hasta más allá de las torres de alta tensión cerca a la cima de los cerros.

El problema con estas torres es que suenan casi como una cascada. La cantidad de electricidad debe ser impresionante, porque aún estando a varios metros de las torres, podíamos escuchar su fuerte zumbido.

Ascendimos por el cerro hasta las diez y media de la noche. El clima es bastante bueno (aún no es época de lluvias) y no hubo necesidad de llevar carpas. La gente durmió en las bolsas de dormir, al aire libre. Esto se llama "vivaquear".


Domingo 26:

Despertamos a las cinco y media de la mañana. Se recogieron las cosas, y tras beber un poco de agua (el desayuno se comería al llegar al Mirador). Ya eran las seis de la mañana.

En el ascenso, pasamos por Buenos Aires, la Quebrada Maldita, pues hace años, hubo gente que ha muerto aquí al dar un mal paso. El camino es muy malo y está al borde del abismo.

ya casi llegando al mirador, ascendimos por los restos del camino pre-inca que construyeran los Yauyos. Las vacas, que vienen hasta aquí a pastar, suelen destrozarlo más. El camino cruza un paso estrecho y desaparece poco antes de llegar al Mirador, donde estuvimos poco después de las ocho de la mañana.


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Aquí se puede ver la pared donde suelen anidar los cóndores.


Las paredes del Mirador son distintas a las de todos los otros cerros de alrededor: escarpadas, parecen cortadas con cuchillo. Un cóndor pasó volando por encima de nuestras cabezas y Jesús asegura haber visto otro. Lo que mñas hay por aquí son halcones.

Esta vez no tuvimos suerte, el Mirador estaba despoblado. Los cóndores vienen cuando hay comida, y eso ocurre en la temporada de lluvias. A pesar de todo, es un hermoso paisaje, y se puede ver en las fotos :D

Por mayoría de votos, y como no queríamos repetir el recorrido, decidimos ir a San mateo de Otao, que está muy cerca, a una hora de caminata. Por ello subimos a la meseta detrás de la pared del Mirador. Aquí vimos algo digno de documental: cómo un cernícalo atacaba a un halcón que pasaba por su trozo de cielo. El cernícalo sólo lo dejó en paz cuando se hubo alejado.

Hasta San Mateo de Otao (3400 msnm) es una hora de caminata por un camino de herradura.



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Esta es la meseta. Las lloviznas han hecho verdear las plantas.


San Mateo de Otao es un pueblo silencioso, con casas de aspecto antiguo, casi sin movimiento. Aquí nos enteramos que recientemente se ha inaugurado la carretera que lo une con Canchacalla (esto fue el 22 de Octubre). Así que ahora es posible venir en carro a San Mateo de Otao.

Pero nosotros no íbamos a Canchacalla, sino a Cupiche, porque está junto a la Carretera Central y es mucho más fácil regresar a Chosica desde allí.

A las 11:25 am salimos de San Mateo. El camino va bajando por una pendiente que a veces se hacía pronunciada. Pero incluso en las partes más planas había que tener cuidado al caminar: el sendero es muy estrecho, resbaloso, junto al abismo, y para colmo: inclinado hacia él. Yelinna afirma que ha sentido más temor en este camino que en la morrena y la arista cimera del Sulcón.

Pero no íbamos a permitir que la maldición se cumpliera ¿verdad?

Cosa curiosa, en una parte del camino, en el que crecía pasto muy alto, varias aves se levantaban en bandadas gritando y volviéndose a esconder. Bruno dice que esos son periquitos. Mi dueña incluso vio a dos pelear junto el camino antes de levantar vuelo.

Ya una vez dejada la parte fea atrás, el traycto se hace mucho más fácil y bonito. El paisaje está verde gracias a las pocas lluvias que han habido. Y ya por los 2600 msnm encontramos una cosa inusual: Tabaquillo.

Medio seco, con apenas un metro de altura y hojas más pequeñas, no tienen comparación con sus hermanos de dos metros y hojas inmensas que crecen y florecen en Los Cicasos. Pero están aquí, y en gran cantidad, creciendo junto a esas flores tan características de la sierra: los zapatitos.

¿qué hace el tabaquillo a esta altura si pertenece a las lomas? ¿o es que desde la sierra logró viajar con los animales que bajan a la costa buscando comida? ¿o fue desde la costa que conquistó las alturas a lomo de bestia?

No lo sabemos aún, y si hay alguien que pueda dilucidar el misterio, se lo agradeceríamos mucho.

Desde la piedra conocida como El Cucurucho (desde arriba tiene la forma de un sapo) se puede ver la quebrada que lleva a Cupiche y la diferencia entre los secos cerros y las chacras en el fondo. A lo lejos, pelado, también está el cerro Chaymillán.

La vista engaña, Cupiche aún estaba a varias horas de camino, y bajo el fuerte sol. Y el agua se estaba agotando.
Todo es parte de la aventura :)

A Cupiche llegamos a las cinco y media de la tarde y directamente a comprar algo de beber en una bodeega junto a la carretera. Y también comer el pan y el atún que había quedado. Cupiche está a 1150 msnm, lo que hace un total de 20 kilómetros y más de 2200 metros de desnivel.
Un nuevo récord.

Para regresar a Chosica tardamos un poco más de lo esperado ya que los micros pasaban llenos y no querían detenerse a recoger más gente. Felizmente era temprano aún y estuvimos en Chosica al anochecer, y de allí volver a Lima es muy fácil.

viernes, octubre 24, 2008

Lomas de los Cicasos: 8 de Octubre 2008

Salida organizada por Bruno (no sólo por el feriado, también fue su cumpleaños ♥♥♥♥♥♥) y narrada por Yaneera, la zorrita :D

El punto de reunión fué el cruce del final de las avenidas Canadá y Circunvalación a las ocho de la mañana. Aparte de Bruno y mi dueña nos acompañaron Fernando, Patty y Ceci. Ya de aquí nos trasladamos a la playa San Bartolo, a donde llegamos después de las nueve.

Desde la carretera, se debe ingresar hacia donde están las avícolas. Se debe saber por dónde pasar, ya que los terrenos están divididos por éstas, y suelen echar a los desconocidos por temor que les contagien algo a sus pollos. Lo bueno de las avícolas es que sin querer protegen también a las lomas, a cinco kilómetros de distancia, que no se ven desde aquí.

Y desde aquí todo es arena gris y desierto. pero, como nos cuenta Bruno, existe una delgada franja entre los 400 y los 800 metros que se cubre de vegetación gracias a las lluvias. Fuera de este rango todo vuelve a ser desierto.

En la costa, el techo de nubes está a 800 metros del nivel del mar. En la sierra, a más de 3000 msnm, se pueden ver nubes que se encuentran a 6000 msnm. Así, existe una nubosidad costera, de baja altura, y otra, ya ansiando llegar a la estratósfera, que se aprecia en las alturas andinas.

Y se ha descubierto nubes aún a más altura!!


Después de caminar durante una hora y algo, se posible distinguir un tenue verdor. Quien no sabe nada acerca de las lomas podría decir que los cerros contienen cobre en oxidación, pero éste color verdoso no es mineral, son los primeros signos de vegetación. Aún no son hierbas, si no que se trata de musgo.

Fotos? Aquí hay fotos!

A medida que nos adentramos en la quebrada, la vegetación va en aumento hasta que aparecen las primeras hierbas que superan fácilmente el metro de altura.

Buena parte del camino está cubierta por rocas, entre las que crecen las plantas. Bruno cuenta que todas esas piedras son los restos de una ciudad pre-inca. Apenas quedan un par de trozos de muros en pie. Aún quedan también algunos pozos de los que antiguamente se extraía agua. Por la cantidad de piedras, es posible que el pueblo tuviera más de un kilómetro de largo.

En uno de los mueros que han sobrevivido, crece el único árbol de las lomas. No es muy alto, apenas sobresale de entre las otras plantas. Se confunde entre el tabaquillo y las flores amarillas de los tréboles. A diferencia de los que se ven en los jardines de la ciudad de Lima, éstos aquí llegan a ser muy grandes.

Tomamos un breve descanso en los restos de una casa de piedra. Bruno cuenta que estas lomas sólo las conocen los chivateros que bajan de la sierra y algunos motociclistas que pasan por aquí. Es lo bueno, ya que si no estuvieran escondidas, si se vieran desde la carretera, no estarían tan bien conservadas.

No sólo hay plantas. Aquí también viven insectos, arañas y muchas lagartijas (nos las cruzamos varias veces en el camino).

A las dos de la tarde llegamos a la parte más alta del recorrido: el cerro Cicasos, a 700 msnm.


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Si se observa bien, se verá que todos los cerros de esta foto están verdes verdes.


De regreso bajaríamos por otro camino igual de verde. O podría considerarse más verde, porque la hierba estaba mucho más alta. Mediría unos dos metros y si no hubiera sido por los senderos dejados por los motociclistas, no habríamos podido atravesarla. (es contradictorio que algo que destruye las plantas por las que pasa nos haya ayudado).

En la mañana hubo algo de sol, pero éste se fue al atardecer. Ya debjada nos encontramos con flores de un color morado más intenso que las que encontramos al principio. Bruno las llamó "Flores color Octubre".


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¡Color Octubre!


Fotos de las flores de las lomas de los Cicasos están aquí (correspondientes a una salida anterior).

Pero lo mejor fué encontrarse con la Quebrada XP.

Lo que sucede es que las quebradas por aquí no tienen nombre. Y ésta se parecía tanto al fondo de escritorio del Windows XP que la bautizamos así.


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Atrás, a la izquierda, se la puede ver: La quebrada XP. Aumentando la saturación del color quedaría igualita al wallpaper del XP (las manchas amarillas son flores)


Hay más fotos aquí.

Dejada atrás a la Quebrada XP, la vegetación vuelve a disminuir. por un momento recuerda al paisaje de la sierra: rocas, musgo, líquenes, y algo de hierba, cada vez más pequeña. Una vez pasados los cerros color óxidode cobre, nuevamente el paisaje es invadido por la arena.


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Aquí se puede ver el límite de las lomas y el desierto.


En la arena se ven als huellas de las 4x4, las motos y una que otra planta rebelde, cuyo lugar debería ser en las lomas y no en medio de la arena. Luego la vegetación da lugar a plantas espinosas, características del desierto.

Ya cerca a las avícolas notamos las huellas de lo que creímos sería un perro, pero por aquí nadie tiene perros, incluso están prohibidos para evitar que contagien algo a las aves. ¿sería un zorro que se accercó buscando un pollito para cenar?

No lo culpo :)

Ya llegando a la carretera, descubrimos una avioneta que pasaba volando. Cerca hay un aereodromo que posiblemente hace paseos pagados, un par de vueltas sobre la playa y eso debe ser todo.

Ya cruzando la carretera, a donde estuvimos antes de las seis de la tarde, estábamos muy cerca del paradero de los micros que van a Lima. Es lo bueno de estar cerca a la ciudad y junto a una carretera, esperamos muy poco para que un micro nos llevara de regreso a casa.

Más fotos hay aquí.

lunes, octubre 13, 2008

28 de Septiembre al 3 de Octubre: Juliaca - Puno - Arequipa

Viaje organizado por... la universidad :P
En realidad fue por motivo del Coneimera 2008 en la Universidad Andina Néstor Cácerees Velásquez.
Narrado por Tomoyo.

Igual que en Trujillo, íbamos a una convención universitaria que nos tendría atados y atadas durante una semana completa. Ésta vez sólo fueron: Jose Luis "El Pepón", Luisa, El ing. Marcos Ramos y Yelinna. Todos de la escuela de ingeniería electrónica, a concursar en el concurso de proyectos que incluía las carreras de ingeniería mecánica, eléctrica, electrónica y ramas afines.

La partida fué el sábado 27 a las cuatro y cuarto de la tarde y pasamos por:
5:4o pm: Asia
6:15 pm: Imperial
7:10 pm: Chincha
7:30 pm: Partida de la terminal de Chincha
9:00 pm: Ica (convenientemente pasamos por el cementerio)
9:30 pm: Salida del terminal de Ica
11:40 pm: Nasca
6:00 am: Pucchun
8:30 am: Peaje de Uchumayo
9:00 am: Arequipa
10:00 am: Partida del terrapuerto de Arequipa (hubo tiempo de comprar golosinas)
11:50 am: Reserva Salinas Aguada Blanca
12:30 pm: Imape
3:30 pm: Juliaca

Nuevo récord: más de 23 horas viajando.

La terminal de Juliaca queda no tan cerca del centro de Juliaca y un tanto lejos de la UNACV, la que en realidad está ya en las afueras, junto a la carretera que lleva a Puno.
Quien dice que en Juliaca hace muuuuuucho frío exagera muuuuuucho. Hace frío, pero no es peor que el frío normal que se esperaría a poco menos de 4000 msnm. No es ese frío que entumece las manos y congela el agua que tan bien conocen quienes se han aventurado por encima de los 4700 metros. Es bastante soportable.
Y hace viento. Con justicia a Juliaca se la llama "la ciudad de los vientos". Felizmente no es ese viento frío de cordillera que lo congela todo. Es un viento que levanta todo lo que no esté adherido al suelo y que amenazaba con destruir las ventanas de los pabellones nuevos de la universidad (felizmente están diseñadas para soportar semejante arremetida).
Apenas llegamos fuimos a ver las inscripciones. En la UANCV aún hay pabellones a medio construir, pero los que ya están listos, son muy bonitos.

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Atrás: la entrada de la UANCV que da a la carretera.



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El pabellón nuevo que ya está terminado.

En la inauguración se incluyó una exposición del señor Nicolás Antezana.

Juliaca no es una ciudad turística, se dedica más al comercio. Hay varios centros comerciales, el nº1, el nº2 o el Túpac Amaru. Nos hospedamos en un hotel que quedaba a unas cuadras de ellos, un tanto alejado del centro. Como medida de seguridad, si se está por estas zonas, es mejor no salir a la calle pasadas las nueve y media de la noche.

Un dato curioso: de día, cuando la actividad comercial es intensa, las calles (que de noche quedan desiertas) se llenan de comerciantes informales, los cuales colocan sus puestos en todas partes, incluyendo las vías del tren. Cuentan que por aquí el tren suele ir despacio, tocando su pito, dando tiempo a la gente a hacerse a un lado.

Existe un tren que hace la ruta desde Puno a Arequipa, pero por falta de pasajeros, ya hace tiempo que no se detiene en Juliaca. La estación del tren sólo sirve como recuerdo.

El concurso de proyectos de ingeniería (al igual que en otras convenciones universitarias) consistió en que cada grupo expusiera su proyecto ante un jurado, distribuidos en las mañanas desde el lunes al jueves.
A Luisa le tocó exponer el martes. Su proyecto fue "Desarrollo y Automatización de un Sistema de Arquero Electromecánico Basado en Procesamiento Digital de Imágenes, para Aplicaciones en Juegos de Mesa Infantiles".

Debido a que no hay restaurantes cerca (la carretera de Juliaca a Puno pasa por campos infinitos y una que otra casa a la distancia) toda la semana la delegación de la USMP prácticamente sólo comía una vez al día (había una pequeña cafetería donde servían pequeños tamales y empanadas). Las conferencias duraban hasta la noche. En la oscuridad, era fácil distinguir algunos relámpagos entre las nubes, en la dirección en la que está Bolivia.

En el centro de Juliaca existe una pequeña feria artesanal ubicada en una galería. COnviene comprar aquí las artesanías ya que son mucho más baratas que en Puno. Y en los mercados como el Túpac Amaru es posible encontrar cosas a un precio muy bajo, en algunos casos más barato que en el Mercado Central de Lima. inolvidable es el paquete de cuatro pilas Duracell a cinco soles! (lo más barato en Lima son seis soles).

También en uno de los mercados, hallamos a un señor vendiendo yaca traída desde Quillabamba. Es como una guanábana gigante (del tamaño de un conejo), consistencia semejante y mucho más dulce.


El último proyecto programado para concursar fué el de Jose Luis y Yelinna: "Software de Simulación y Procesamiento de Respuestas Farmacológicas en Animales", el jueves 2 de octubre cuyo jurado fueron los expositores de México. En esta primera fase los proyectos concursaban por carreras. De aquí, de los primeros lugares de cada carrera, saldrían los cuatro finalistas que competirían entre sí por el primer, segundo y tercer lugar del Coneimera (de esto no nos enteramos sino hasta el mismo jueves, justo cuando cantábamos ¡Libertad!!).


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Otra vista del camino de entrada de la UANCV.

Juliaca posee un ambiente hostil. Seco, alto, frío y ventoso. Los caminos de tierra y piedras destrozaron los zapatos que mi dueña usaba para las exposiciones. El viento levantaba tales remolinos de polvo que era posible verlos desde la distancia. Es, como se diría, un paisaje salvaje y surrealista.

Debían ser cuatro los proyectos finalistas, pero cosa curiosa, fueron dos los proyectos de electrónica que empataron el primer lugar: El de Luisa y el de Jose Luis y Yelinna. Así que fueron en total cinco los proyectos que se fueron a la final de la mañana del viernes junto con proyectos de la Universidad del Callao, la UNI y la Universidad del Centro del Perú.

La premiación sería durante la clausura, pero los resultados ya se conocerían unas horas antes.
Ganaron el primer lugar Jose Luis y Yelinna, el premio: una laptop Toshiba con tanta memoria que es difícil de creer :D

Esa fue la noche de las felicitaciones por parte de la gente de la UANCV, la UNI, los chic@s de la del Callao, los expositores (de México y uno de Argentina), y un montón de gente más de muchos otros lugares y universidades. Había incluso una de Bolivia.


Sábado 4:

¡Libertad por fin! Éste día se dedicó a pasear y conocer Puno, a una hora en micro de Juliaca.
Salimos hacia Puno poco después de las siete de la mañana y llegamos a las ocho. Esa mañana, en la plaza que da al puerto de donde salen las lanchas a las islas flotantes de los Uros, también estaba la banda de la Marina de Guerra. Las lanchas a las islas flotantes salen a las nueve de la mañana así que tuvimos que esperar un rato, mientras la gente se tomaba fotos y paseaba por el muelle.


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Éstos son los barquitos que navegan por el Titicaca.

EL trayecto hacia las islas dura unos veinte minutos. El barco que el ing. Marcos contrató era más grande que los demás, y permitía subir al techo y sentarse en la parte de afuera. Viajar con el ing. Marcos fue un deleite. Prácticamente se convirtió en el papá de Jose Luis, Luisa y Yelinna durante todo el viaje.


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Aquí estoy, ya saliendo del puerto.

Adentrándose en el lago gracias a una península, está el hotel Los Libertadores, en el que una noche cuesta de 200 a 300 dólares.

Ya lleganso a una de las islas, en la que viven unas 35 personas, nos recibió el jefe de la comunidad, Martín, quien nos explicó cómo se hace una isla flotante: las raíces, casi como cubos de tierra, se agrupan de a cuatro y se amarran entre sí o a partes de laa isla ya construídas. Encima, entrelazados, van los tallos de la totora. Cada 15 dáis se deben poner más tallos porque éstos se van descomponiendo. Encima van las casas. Si se tiene que añadir más totora al suelo, simplemente se levanta la casa y se mueve, pues no es pesada. Algunas islas también tiene su mirador, además de botes y barcas hechas todas de totora. Son muy resistentes y casi no se mecen con las turbulencias del agua al pasar una lancha (como pudimos comprobar).
El paseo en bote de totora cuesta siete soles.

Los Uros comen pescado, así como aves acuáticas como flamencos (pudimos ver cómo cocinaban uno), y también hacen unos pequeños pancitos parecidos a las cachanguitas que hacen en San Mateo de Huanchor, pero del tamaño de galletitas.


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Aquí todo está hecho de totora. El señor de amarillo de la izquierda era igualito a Papá Noel.

Como nos explicara Martín, la pronunciación es algo parecido a "TitiKjakja" que significa, en Aymara, "Puma de Piedra". El suelo de totora es esponjoso, y al menos mi dueña no se mojó los zapatos en ningún momento.

La profundidad máxima del lago es de casi 250 metros, pero la isla, relativamente cerca a la orilla, flotaba sobre unos 20 metros de agua.


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Visto así, parece el océano.

Las salidas a las islas de los Uros se pueden encontrar desde diez soles. La entrada a las islas cuesta otros cinco. Hay circuitos que incluyen las islas naturales que existen en el lago. Gracias a un mapa, supimos que no estábamos a muchos kilómetros de Desaguadero.

Ya de regreso en Puno visitamos la feria artesanal y nos encontramos con una vendedora de pulseras y collares de Argentina. Nos contó que estaba con su familia (a quienes conocimos después): su hijita y su esposo. Venían desde Bolivia. Iban de trotamundos, financiándose el viaje con las ventas de su joyería y ya se habían recorrido innumerables ciudades. Desde Aquí les deseamos suerte en su viaje!

Estuvimos de regreso en Juliaca a las cinco de la tarde. Hubo tiempo de comprar algunas cosas, comer y guardar todo para el viaje de retorno el día siguiente.


Domingo 5:

Esa mañana desayunamos muy temprano mientras el cocinero del hotel preparaba bandejas de carne aderezada y bandejas llenas de papas sancochadas que le habían encargado para la tarde. Nos dijo que esa carne era de caballo, aunque como estaba troceada no se veía diferente a la de cerdo.

El terminal del bus estaba junto a un camino polvoriento. Nuestro bus salió a las diez de la mañana y llegamos a Arequipa a las dos de la tarde.


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Aquí, en el terrapuerto de Arequipa.

Dado que todos los pasajes que salían en la tarde ya se habían vendido, sólo pudimos hallar asiento en uno de los buses que salían hacia Lima a las diez de la noche.
Así que se decidió ir al centro a comer y pasear.

Las fotos están aquí, incluyendo unas muy bonitas de la plaza de Arequipa de noche :D

Ese día había una feria gastronómica en el Mirador, desde donde se ve el Misti. Aquí nos encontramos con Patty, una chica que trabaja para InkaFarma y que ha estado en varias ciudades del Perú. Ése era su último día en Arequipa, su bus salía dos horas antes que el nuestro y (si no recuerdo mal) iba rumbo al Cusco.

El ing. Marcos contaba cuando antes ha venido a Arequipa con gente de la universidad. Almorzaron en uno de los restaurantes que existen en los balcones frente a la plaza. Comer allí es muy caro, pero si lo paga la universidad está muy bien :D

Nuestro bus partió a las 10:20pm y pasamos por:
12:05 am: Provincia de Castilla
3:20 am: Atico
7:00 am: Nasca
9:15 am: Ica
10:30 am: Pisco
11:05 am: Chincha
Mediodía: Cañete
2:00 pm: Lima

domingo, setiembre 14, 2008

Laguna Curiguay - Nevado Sulcón: 1 al 8 de Septiembre

Narrado por: Mauri, la cabra montañesa, y Kurt, el lobo.

Esta salida fue una expedición organizada aparte por Bruno y José Usquiano. La expedición iban a hacerla ellos dos, pero luego permitiern que Yelinna se les uniera :D

Llevamos dos carpas Doite exactamente iguales (una de Bruno y la otra de José), en las que los expedicionarios se distribuirían así: Bruno y Yelinna (siendo novios tenían que compartir una carpa :D ♥♥♥♥♥♥) , y en la otra José y las mochilas (quienes tienen la desventaja de no dar calor durante la noche).

El punto de reunión fue el lunes 1 al anochecer, en el parque detrás del cine Orrantia de donde salen los carros a Chosica. Ya en el paradero a San Mateo, pudimos abordar la última couster que saslía hacia San Mateo de Huanchor, llena de gente a más no poder. No convenía llegar demasiado tarde ya que el minimarket Maná cierra poco después de las diez de la noche y hacía falta comprar algunas cosas más, como las barritas de cereal y coca que tanto gustan a Bruno (un sol cada una).

Felizmente llegamos a San Mateo (exactamente al hostal Las Américas) a las nueve de la noche. La cena fue una hora después. Nos acostamos temprano, pues al día siguiente había que partir hacia Yuracmayo.

Martes 2:

Después de desayunar cerca al puente en el paradero último en San Mateo, partimos hacia Yuracmayo, a las siete de la mañana, y llegamos a nuestro destino hora y media después. Aquí José y Bruno empezaron a buscar alguien que alquilara burros que llevaran las mochilas, pues no era buena idea fatigarse desde apenas empezar el viaje. Un solo burro no iba a poder cargar todas las mochilas, así que se alquilaron dos.
Los burros fueron delante con José, mientras que Bruno y Yelinna se retrasaron por acomodar las cosas.

Nuestro destino eran las inmediaciones de la laguna Huallacocha, donde acampamos hace algunos meses atrás. Pasamos por el punto donde se ve el nevado (ahora sin nieve) Cuncusyantaj, hacia el paso que asciende a 5000 msnm y que separa las regiones de Lima y Junín.

Durante el trayecto, no vimos a José por nungún lado hasta que llegamos a la ladera que, trazada por caminos de vicuñas, llega al paso. Y encontramos a José descansando junto a todas las cosas. Los burros y su dueño habían desaparecido. Como dijo José, los burros ya no daban más, por un momento incluso casi se habían caído, y el señor decidió regresar con ellos. Estábamos a unos quince minutos del paso, y después de descansar media hora, Bruno, Yelinna y José se cargaron sus mochilas y continuaron el camino.

Después del paso, continúa un largo trecho de bajada hasta llegar cerca a Huallacocha. A pesar del sol, correo un viento frío, por lo que no es buen lugar para acampar sino hasta haber llegado a la quebrada que une a las lagunas Huallacocha y Curiguay.

Pudimos avistar Huallacocha ya a las tres de la tarde. No bajamos hasta allá, sino que Bruno y José decidieron acampar mucho más arriba, junto a una casita de piedra que había sido usada, y ensuciada, por las ovejas. La cocina se colocó junto al muro exterior, y las carpas un poco más allá. Antes se tuvo que limpiar el lugar de piedras y excrementeo seco de llama. El agua para cocinar, la proporcionó un riachuelo que corría cerca del otro lado de la casita.
Huallacocha tiene menos agua que la vez anterior. Aquí José y Bruno se dieron una decepcionante sorpresa: los nevados que pensaban escalar estaban sin nieve. Además mostraban cerca a las cimas glaciares desquebrajados, llenos de inmensas grietas. Más abajo todo era morrena. Como aquí no había nada alpinísticamente que valiera la pena, se decidió seguir al día siguiente seguir hasta Curiguay, y el glaciar que existe hasta casi tocar la laguna.

Altutud: 4765 msnm.


Miércoles 3:

Todo amaneció helado. El riachuelo se congeló por completo, y a esta altura nada se derrite sino hasta que le da el sol. Las carpas se cubrieron de finísimas capas de hielo.
Justamente estos dáis el cielo estuvo muy despejado, y eso significa más frío en la noche, pues las nubes ayudan a atrapar el calor que la tierra acumula durante el día.


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Caminando sobre el hielo :D :D

El desayuno fue a las siete de la mañana. Luego se pusieron las carptas y las bolsas de dormir a secar al sol, que estaba muy fuerte. Entre esperar a que todo se secara y guardar las cosas, ya eran más de las once de la mañana cuando partimos hacia la laguna Curiguay. Fuimos por la ladera derecha de la quebrada, para evitar las tremendas subidas y bajadas entre la morrena, más hacia el fondo de la quebrada.

Casi a mitad de camino, vive un pastor, el cual posee una manada entera de perros que cuidan sus ovejas contra zorros y pumas, los cuales habitan estas alturas.
Lo malo es que estos perros tienden a ladrar y perseguir a todo extraño que se acerque, incluyendo caminantes que sólo están de paso. Contra los perros, nada mejor que los palos de trekking para mantenerlos a raya.

A la laguna Curiguay llegamos a las tres de la tarde, donde pasamos un rato buscando un lugar protegido del viento para armar el campamento. Como es fines de la temporada seca, esta laguna también se ha encogido, y ha dejado una extensa playa a su alrededor, formada por barro arcilloso seco. El tipo de suelo que rodea esta laguna es un problema, ya que si se moja forma un barro pegajoso, difícil de quitar. La solución era apoyarlo todo en las muchas rocas esparcidas por todas partes y no pisar lo que se hubiera mojado. El agua que necesitáramos, la sacaríamso de la misma laguna. Bruno afirma que es demasiado fría para contener microorganismos peligrosos, per eso no quita el que sea necesario hervirla antes de cocinar o beberla.

El plan era ir a explorar los glaciares que se extendían en los cerros atrás de la laguna. Exactamente acampamos bajo el nevado Carhuachuco, el cual espera la siguiente nevada para recuperarse.

Jueves 4:

Esta vez no sentimos tanto frío como la noche anterior, aunque el campamento se situaba a 4800 msnm. Posiblemente porque era un lugar más protegido, o porque ya nos estábamos aclimatando, o ambas cosas.

El desayuno también fue a las siete de la mañana. Igual que el día anterior: leche, avena, trozos de manzana, pan y queso. A las ocho y media ya iniciábamos el ascenso por la cara norte del nevado Sulcón. Bruno y José querían ver el glaciar de cerca y si se ofrecían buenas condiciones para escalar. Era un día muy soleado, auqne algunas nubes solitarias ya se debajan ver en el cielo.

Para llegar al glaciar, por encima de los 5000 msnm, hay que caminar un buen trecho de pura morrena siguiendo los caminos trazados por las vicuñas, pues por aquí nadie viene. Nuestre primera vista, fue la lengua del glaciar que casi baja hasta la laguna.


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El glaciar está lleno de grietas.



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Desde aquí hay mejor vista, el cielo ya se nublaba por ratos.

Entrar al glaciar era imposible. Tenía demasiadas y peligrosas grietas, además de estar separado de la morrena por paredes y simas rocosas. Continuamos ascendiendo por un costado, mirando siempre el cielo pues parecía querer empezar mal tiempo.

Llegamos más arriba, ya a unos 5200 msnm donde la nieve y el viento forma los penitentes, pequeñas cúspides de nieve y hielo que pueden servir como escalera para el ascenso, junto a otro glaciar, el cual ya empezaba a derretirse.


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Estas son las estalactitas de hielo al borde del glaciar. Más abajo ya había un riachuelo.



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Conquistando los penitentes.

Bruno cuenta que en Argentina pueden alcanzar el metro y medio de altura, o más. Pudimos seguir ahsta la cima, pero las nubes ya se mostraban amenazantes, así que se decidió volver.

Y de pronto los vientos se llevaron las nubes de tormenta hacia el valle del Mantaro, que desde aquí se puede ver muy a lo lejos. Ya era tarde para intentar la cumbre, pero esto da a entender lo impredecible que es el tiempo en la montaña.


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Ya de bajada, volvió a brillar el sol.

Regresamos al campamento después de cruzar la resbalosa morrena del Sulcón, a eso de las cuatro de la tarde, en compañía de la puesta de sol. Bruno y José discutían acerca de intentar la cumbre del Sulcón, pero eso quedaría para el sábado, después de un buen descanso.

La comida fue poco antes del anochecer. Ya a las siete, todos estaban en las carpas dispuestos a dormir.

Esa noche, empezaron las visitas nocturnas. José y Bruno sintieron fuertes pisadas cerca de las carpas. Yelinna no sintió nada, pero los pasos daban a entender que pudiera ser un puma joven, o un zorro. Ya era tarde cuando salieron a la entrada de las carpas, y alrededor de la cocina, a intentar distinguir las huellas, pero en la oscuridad no se veía nada. Apenas oía voces desde dentro de las carpas, el visitante nocturno huía y desaparecía en la oscuridad.


Viernes 5:

Esta vez todo el mundo se levantó un poco más tarde. El desayuno fué a las 8:30 de la mañana. Temprano hizo sol, parecía ser la mañana perfecta para bañarse en la laguna, pero cuando Bruno y Yelinna fueron a bañarse, el cielo se tapó e hizo mucho frío. José les mostró un lugar mejor en la laguna, más protegido del viento, pero grandes nubes tapaban el sol y aparentaban no querer moverse. Aprovechando un hueco entre las nubes, Burno y Yelinna pudieron darse una zambullida, aunque seguía haciendo frío, y el viento no ayudaba.

El almuerzo fue alrededor de las tres de la tarde. Bruno, el chef de la expedición, preparó fideos canutos con atún y salsa pomarola y sopa de sobre con un huevo (sí, había llevado huevos dentro de una de las ollas y bien protegidos para que no se rompieran).

Esa tarde, poco antes del anochecer, José, Bruno y Yelinna, fueron a ver las inmediaciones del Carhuachuco. Bruno y José querían ver de cerca si era posible escalarlo con el equipo que tenían, pero ya de cerca se notaba que la pared era vertical, en algunas partes mojada por el derretimiento del hielo, y con una morrena resbalosa y peligrosa en las parts más altas. José y Bruno conversaban de regreso que aquella pared podía escalarse, pero con equipo para escalar roca. Esto ya quedará para otra ocasión. Se acordó intentar la cumbre del nevado Sulcón, el cual conserva sus glaciares y una buena porción de nieve en las alturas.

Debíamos dormir temprano, ya que debíamos salir al Sulcón antes del amanecer.


Sábado 6:

4:30 am: Se despertó a todo el mundo. Era hora de irse preparando para la subida al Sulcón. Esta vez el desayuno fué más frugal: cocoa, galletas y queso. Para el camino se reservaron varias barritas de cereal, un par de manzanas y el resto de los bocaditos salados de José, los que sobraron de la primera tentativa al glaciar del Sulcón. El gatorade ya se había acabado hacía dos días, así que se mezcló el agua hervida de la laguna con jugo en polvo. A las cinco y media, bajo la luz de la luna creciente, se inició la expedición.


Ya era de día cuando dejamos atrás Curiguay. Esta vez, en lugar de dar tantos rodeos, fuimos directamente hacia la arista cimera del Sulcón, a donde llegamos en poco más de cuatro horas. Ya eran las diez de la mañana cuando Bruno y José empezaron el ascenso a la cima, dejando a Yelinna en la arista.

Ya para entonces se avecinaba mal tiempo. Podía esperarse que el viento y las presiones cambiaran y se llevaran las nubes de tormenta a otro lugar, pero eso no se puede predecir. Aprovechando las horas de sol, Bruno y José se alejaron hacia lo alto del Sulcón.


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Esta es la vista que se tiene del glaciar desde la arista cimera. Altura: 5300 msnm.


El glaciar tenía varias grietas, aquí dos fotos de una de ellas:


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Esto sucede cuando el glaciar ya no soporta su propio peso.



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Es mejor no acercarse demasiado, no se sabe si aguantará el peso ni que tan profundo sea.


EL primer par de horas hizo muy buen tiempo. Bruno y José se quedaron buen rato en una parte en la que el camino se hacía casi vertical, y Bruno cuenta lo agotador que fue estar clavando en la nieve, durante una hora casi. Yelinna se encargó de tomarles fotos hasta perderlos de vista, luego de recorrerse un trecho de la arista cimera.


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Esos dos puntitos cerca a la cumbre son Bruno y José. Ese fue el tramo donde se atascaron.

Ya hacía rato que no se los veía cuando el cielo volvió a nublarse. Al mediodía se tapó todo y empezó a nevar, primero un poquito, luego más y más fuerte. Ya no se podían ver las montañas en el horizonte, todo parecía estar cubierto de neblina. Para no tener frío, Yelinna empezó a golpear la nieve con sus bastones, esperando a que Bruno y José volvieran. Felizmente no tuvo que esperar mucho rato, menos de una hora después ya estaban de regreso, justo cuando la tormenta se ponía más fuerte. Incluso llegaron a escucharse un par de truenos. Hacía mucho frío y era menester regresar cuanto antes a la seguridad del campamento.

El camino de bajada parecía largo, pero con el entremamiento de subir y bajar morrena, no era tan difícil. Yelinna aún no se explica cómo Bruno y José podían ubicar el camino de bajada, en medio de la neblina que lo tapaba todo. A medida que bajábamos, la tormenta iba quedando atrás, y ya en la base del Sulcón casi no caía nieve. No eran las tres de la tarde cuando pudimos, por fin, volver al campamento.

Después de almorzar (y de su respectiva taza de té, que Bruno siempre había preparado después del almuerzo) todo el mundo se fue a descansar. Se pensó en hacer sopa para la cena, pero no hubo cena, todo estaban tan cansados que nadie volvió a salir. Además hacía frío.

Esa noche, se volvieron a sentir los pasos del visitante nocturno. Husmeaba alrededor de la carpa de José, buscando, u oliendo, comida. Bruno, sacando la cabeza de improviso de la carpa, llegó a verlo: era un zorro, grande como un perro. Como nunca viene gente por estos lugares, en realidad no tenía qué temer de unos campistas solitarios.

Domingo 7:

Se acabó la comida sólida. Bruno preparó una última tortilla para el desayuno con galleta desmenuzada y el último huevo. Lo que sucede es que los tres estuvieron comiendo demasiado bien los primeros días (nuggets de pollo, fideos canutos con mantequilla, puré de papas, pan con queso o atún, sopa ramen, tortilla de huevos y atún, sopa de sobre con huevo, café y cocoa... todas especialidades de Bruno :D :D ) y ya para los últimos días de la expedición las reservas de comida estaban casi agotadas. Quedaba té, café, cocoa y avena, pero ya no había leche, ni manzanas, ni chocolate, ni bocaditos salados.

Este era el día de iniciar el regreso. Después de guardar todo (y después de esperar a que se secara antes deguardarlo), a las once y media de la mañana íbamos de vuelta al paso camino a la laguna Huallacocha. Para evitar al pastor y sus perros pasaríamos más arriba, por la ladera de los cerros de la quebrada. José, quien se fué por el fondo, tuvo que encararlos a todos, espantándolo con sus palos y llamando a Bruno por radio, la que, para su mala suerte, se había quedado sin batería.

Caminar a semejante altura y con hambre no es cosa agradable, pero se puede soportar (entre Bruno y Yelinna se comieron la última barra de cereal). No fueron muchas horas de camino. El cielo estaba despejado y había agua con jugo suficiente para beber, lo cual es más importante. Ese día no llegaríamos hasta el paso. Antes, hay una pampa lo suficientemente llana para acampar, lo que no hay del otro lado. Lo malo es que está muy expuesta al viento, y hace mucho mucho frío. Al final se pudo hallar un lugar cerca a una loma pequeña, no muy lejos de una cascadita de donde se podía sacar agua.

A las cuatro de la tarde ya estaba armado el campamento.

Ese dái el almuerzo fue lo último que quedó del puré de papas, la mantequilla y la leche de soya. Se acabó el café y se hirvió agua para el día siguiente. Estábamos a 4840 msnm y fue el campamento más frío de toda la expedición.

El pastor de la quebrada le había advertido a José que esta es zona de pumas, los cuales suelen ir detrás de las vicuñas, cuyos gritos oíamos venir desde la cima de los cerros frente a nosotros. Era preferible no salir de noche, por precaución.


Lunes 8:

Siete de la mañana: Desayuno(?) Según cuenta Yelinna, éste sólo fue cocoa y lo que quedaba en los sobres de mermelada. Ya no quedaba nada excepto agua con jugo en polvo disuelto. Eso sería todo lo que mantendría a los expedicionarios hasta llegar a Yuracmayo (o dónde se pudiera comprar algo de comer).

Era poco después de las diez de la mañana cuando se pudo iniciar el camino de regreso. Una vez pasado el paso, ya era todo de bajada. Y salimos justo a tiempo: una vez pasado el punto de donde se ve el Cuncusyantaj, una tomrenta empezó a perseguirnos, cubriendo la quebrada y descargando justo a neustras espaldas. Ya habíamos dejado atrás los senderos de vicuñas, y en algunas partes se veían huellas de herraduras. La represa se ve desde lejos, y da la engañosa apariencia de estar más cerca de lo que realmente se encuentra.

A las dos ya estábamos en Yuracmayo, exactamente en el mismo punto donde se empezó la expedición. Tuvimos suerte: el carro que contrató Bruno llegó justo a tiempo (sí, él ya conoce al chofer).

Media hora después partíamos hacia San Mateo, a donde llegamos antes de las cuatro de la tarde. Ya en el paradero de los carros que salen a Chosica se pueden comprar golosinas, papa rellena y gaseosas. A veces también se suben a vender humitas y tamales. Todo ello le cae muy bien a quien ha pasado un día entero sin casi comer nada.

En Chosica, estuvimos poco después de las seis de la tarde. Si se toman los colectivos que cobren ocho soles, es posible estar en San isidro en Lima en una hora como máximo.

Las fotos de todo el viaje están aquí.

domingo, agosto 31, 2008

Último Día del InkaFest - Huaraz 23 y 24 de Agosto

Narrado por: Indiana Jones, quien después que su última película estuviera ambientada en un Perú de ficción, ahora quiere conocer el real :)

El Inkafest es un festival de cine de montaña que se realiza todos los años desde el 2005 en la ciudad de Huaraz. El tour InkaFest continúa luego en Lima y en el Cusco.

Por culpa de la tesis de mi dueña, sólo pude estar el último día (por lo que yelinna y yo nos perdimos un montón de películas incluyendo todas las ganadoras). Recién el viernes 22 al mediodía pudimos embarcarnos a Huaraz.

Pasamos por:
12:50 om: Salida del bus
(nos detuvimos bastante rato en la terminal de los Olivos)
1:40 pm: Salida de la terminal de los Olivos
2:30 pm: Peaje el Serpentín
3:45 pm: Huacho
4:00 a 4.30 pm: Barranca (parada para comer)
5:00 pm: Pativilca
6:00 pm: Control en Chasquitambo (nos detuvieron como veinte minutos)
7:00 pm: Cajacay
9:00 pm: Huaraz

Llegamos justo terminando la proyeccción de películas del viernes. Ya allá Bruno nos esperaba para llevarnos al auditorio Monttrek, donde se realizaba el InkaFest. A la entrada se podían comprar revistas Viajeros a un precio muy bajo: tres por diez soles. Además de dulces hechos a base de hoja de coca.

Quien estuvo a cargo de la proyeccción de las películas fué José "El Marrano", el maestro de ceremonias era Bruno y el organizador: Iván.


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Esta es la sala de control desde donde se ponían las películas.

Llegamos justo a tiempo de recoger todo, guardar las bancas y cerrar :(

Esa noche cenamos en Las Brasas, un agradable restaurante cercano. La proyección de las películas continuaría el día siguiente en la tarde.


Sábado 23:

Esa mañana, Germán había llevado a la gente inscrita a un trekking que iba del distrito de Monterrey a Wilcahuaín, templo pre-inca ubicado a la salida de Huaraz. Mientras tanto, el resto de la gente preparaba todo (desde el proyector hasta ordenar las sillas) para la tarde. También se organizó un concurso de escalada en roca, pero mi dueña y yo no pudimos ir :(

Huaraz tiene un clima muy agradable por estos meses. Aún no llueve (no demasiado), hace sol durante el día, y de noche no hay demasiado frío.

Este día el alcalde invitó a toda la gente del InkaFest (jurado, organizadores, voluntarios, staff...) a un almuerzo a las afueras de la ciudad. Desde Huaraz, ya sea desde la misma ciudad o afuera, se puede apreciar la Cordillera Blanca.


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Momento en que recién preparaban la pachamanca.

Las fotos de este fin de semana están aquí.

la pachamanca, recién preparada, tiene muy buen sabor. Como nos explicaba Bruno, se debe hacer apenas llegan los comensales, ya que si se enfría pierde el gusto. Y toma tiempo prepararla. Ya casi teníamos que regresar para el InkaFest cuando abren la tierra y nos dicen que ya está lista.

Compuesta de carne de cordero, humitas de maiz, camote, habas... ahora hubo algo que no siempre hay: humitas de yuca, y oca (el "alimento de los incas" la llamaban).

No pudimos probar la carne, porque ya Bruno, Marrano y Yelinna debían volver al auditorio Monttrek.

Ese día, también se proyectaron algunas películas en el auditorio de la municipalidad de Huaraz. Yelinna se hizo cargo de una parte de esta proyección hasta que llegara su reemplazo. Desde el Monttrek a la municipalidad son unas pocas cuadras de camino por la avenida Luzuriaga y un par de calles. Junto a la Plaza de Armas siempre hay una feria artesanal, la cual vale la pena visitar pues venden infinidad de cosas.

Era la noche de la clausura del InkaFest y la estrella fue Sebastián Alvaro, uno de los jueces y director del programa de la tv española "Al Filo de lo Imposible". presentó y narró un excelente video acerca de sus expediciones y aventuras. Notable fué la narración de la escaladora que se cayó desde varios metros de altura mientras rapeleaba junto a una cascada. Se rompió un brazo, la cadera y muchas otras cosas más, esperó 16 horas hasta que un helicóptero la sacó de allí, le dijeron que no volvería a caminar... dos años después cruzaba el Sahara con una expedición, llegaba hora y media después del último caminante diciendo "Zebastián... me duele la cadera". Y él le respondía: "Puez a mí me duelen hazta las peztañaz, azí que dale".

Otro momento memorable fue, en el video, cuando Sebastián le daba ánimo al escalador Juanito, quien, con un edema pulmonar y a una cantidad escandalosa de metros sobre el nivel del mar (era una escalada en el Himalaya si no recuerdo mal) :
- Me importan trez cojonez tuz congelacionez. Ponte la mázcara de oxígeno que todo va a mejorar.
Finalmente Juanito logra regresar al campo base diciendo, en broma: - Ezpero que tengan una habitación en el hotel".
A medida que pasaba el video, Sebastián iba narrando lo que ocurría: los saltos en globo, las expediciones al ártico, al Everest, un poco de historia acerca de la conquista de esta montaña, la cual se remonta a principios del siglo veinte (el Everest será la más alta, pero la más difícil es el K2).

En total, son 14 las montañas que pasan de los 8000 metros. El paisaje en el Himalaya a poco más de 5000 metros es exactamente igual al aspecto de los Andes a esa misma altura. Mientras más alto se está, más frío y más seco es, y el oxígeno más escaso. Algunos consideran a los 7000 msnm como el umbral de la muerte, otros lo ponen más arriba.

Esa noche nos encontramos con Richard Hidalgo, quien ya se ha escalado el Cho Oyu (llevaron calendarios de Richard con la foto de esta montaña y no quedó ni uno). Esa noche hablaba del día que ya tenía que partir a Nepal.

En la ceremonia de clausura estuvo el alcalde de Huaraz, y al final, un grupo de música folklórica bailó una danza de la cultura chavín.

Una película memorable fué el documental acerca de la Rinconada. Un pueblo ubicado en Puno, a 5000 msnm, y que aún vive en condiciones dignas de la época colonial. Dedicado exclusivamente a la minería, la gente trabaja extrayendo el poco oro que se puede sacar de minas hechas, literalmente, de hielo. Este pueblo es como un Lejano Oeste polar: en el único día en que los mineros pueden extraer oro para sí, lo poco que encuentran lo cambian por dinero en las casas de cambio.

Aconcagua Speed Flying es la filmación del descenso en paracaídas y esquiés desde el punto de vista del protagonista pues la cámara va filmando todo el descenso, sin cortes ni arreglos. Es fácil caer en el vértigo viendo esta película.

Y ojalá pudiera comentar acerca del resto de las películas, pero me las perdí casi todas. Lo bueno, es que van a volver a proyectarse en Lima a partir del 11 de septiembre en el Centro Cultural España (Natalio Sánchez 181, Parque Washington, Santa Beatriz) y en el Cusco a partir del 25 de septiembre.

Y los jueces especialmente pudieron por fin descansar. Como dijo Sebastián, ser jurado no es sencillo, están todos durante once horas al día en una habitación para ver películas y salen, cual prisioneros, sólo para comer, dormir y entre otras cosas muy necesarias.

Ya después de la clausura, vino una sesión de fotos con el jurado y los organizadores (aún estamos esperando que nos las pasen!) y luego, la cena de celebración del final del Festival.

Domingo 24:

Ya era hora de recoger todo y prepararse para el regreso, esa noche. Hoy la gente se dió el lujo de levantarse tarde y desayunar aún más tarde (no tanto, porque había un almuerzo para antes de las dos pm). toda la mañana la pasamos en el hotel, hasta poco antes de almorzar, momento en el que Bruno y Yelinna aprovecharon para recorrer los mercados de Huaraz, y ya después del almuerzo, fueron conmigo a los baños termales de Monterrey.

Monterrey es un distrito a unos quince o veinte minutos desde Huaraz. El paradero está cerca al puente, y desde allí, se puede ver la enorme mole de hielo que es el Huascarán.

La entrada para los baño privados es de 3.50 soles, por media hora. Algo caro comparando los dos soles en Huancahuasi por tanto tiempo como quieras. Pero es un lugar perfecto para pasar la tarde. Posee una piscina al aire libre y está junto a un bonito hotel. Las aguas de estos baños termales contienen hierro y cobre, por lo que su color es oscuro. Hay una poza, de la que sale el agua directamente, hirviendo. Aquí se pueden ver costras de hierro y cobre, oxidándose al sol.

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Esto está mejor que la calavera de cristal :D :D

Como es fin de semana hay mucha gente. Ya eran casi las cinco de la tarde y el sol empezaba a caer. Bruno contó que solía venir con su familia cuando era niño. En el hotel Monterrey, hospedarse no es caro: las habitaciones comparditas salen a menos de cincuenta soles por persona, considerando que éstas tienen no sólo camas y baño, sino también una pequeña salita junto a una chimenea. Lo único en contra es la ubicación, un poco lejos del centro de Huaraz.


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Otra vista de los baños de Monterrey, el balcón da a la piscina.


Volvimos ya al anochecer y nos reunimos en el hotel con el Marrano, a esperar la hora de la cena: Lomo saltado, y para quien deseara: café o té. Nos encontramos con los jueces por última vez, y nos despedimos de todos.

EL bus de mi dueña salía una hora antes que el del resto (un grupito partía al día siguiente). Bruno nos acompañó a la terminal y luego fue a reunirse con el resto de la gente al restaurante.

Pasamos por:
10:15 pm: partida
12:45 am: Cajacay
1:20 am: Chamana
3:15 am: Huacho
4:00 am: Chanchay
5:00 am: Ventanilla
6:40 am: llegada a la terminal de la Victoria.

El bus en el que vinimos es probable que en otro tiempo fuera un camión, pues, a mayor velocidad de bajada, en cada curva se balanceaba, se balanceaba...

Felizmente sobrevivimos!

Wilmer nos pasó sus fotos del viaje a Oyón por fiestas patrias!