Primero fué un autito LandRover a escala 1:24, luego la posta ha sido seguida por varios juguetitos de plástico (especialmente animalitos) ansiosos por recorrer el Perú :D

domingo, agosto 31, 2008

Último Día del InkaFest - Huaraz 23 y 24 de Agosto

Narrado por: Indiana Jones, quien después que su última película estuviera ambientada en un Perú de ficción, ahora quiere conocer el real :)

El Inkafest es un festival de cine de montaña que se realiza todos los años desde el 2005 en la ciudad de Huaraz. El tour InkaFest continúa luego en Lima y en el Cusco.

Por culpa de la tesis de mi dueña, sólo pude estar el último día (por lo que yelinna y yo nos perdimos un montón de películas incluyendo todas las ganadoras). Recién el viernes 22 al mediodía pudimos embarcarnos a Huaraz.

Pasamos por:
12:50 om: Salida del bus
(nos detuvimos bastante rato en la terminal de los Olivos)
1:40 pm: Salida de la terminal de los Olivos
2:30 pm: Peaje el Serpentín
3:45 pm: Huacho
4:00 a 4.30 pm: Barranca (parada para comer)
5:00 pm: Pativilca
6:00 pm: Control en Chasquitambo (nos detuvieron como veinte minutos)
7:00 pm: Cajacay
9:00 pm: Huaraz

Llegamos justo terminando la proyeccción de películas del viernes. Ya allá Bruno nos esperaba para llevarnos al auditorio Monttrek, donde se realizaba el InkaFest. A la entrada se podían comprar revistas Viajeros a un precio muy bajo: tres por diez soles. Además de dulces hechos a base de hoja de coca.

Quien estuvo a cargo de la proyeccción de las películas fué José "El Marrano", el maestro de ceremonias era Bruno y el organizador: Iván.


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Esta es la sala de control desde donde se ponían las películas.

Llegamos justo a tiempo de recoger todo, guardar las bancas y cerrar :(

Esa noche cenamos en Las Brasas, un agradable restaurante cercano. La proyección de las películas continuaría el día siguiente en la tarde.


Sábado 23:

Esa mañana, Germán había llevado a la gente inscrita a un trekking que iba del distrito de Monterrey a Wilcahuaín, templo pre-inca ubicado a la salida de Huaraz. Mientras tanto, el resto de la gente preparaba todo (desde el proyector hasta ordenar las sillas) para la tarde. También se organizó un concurso de escalada en roca, pero mi dueña y yo no pudimos ir :(

Huaraz tiene un clima muy agradable por estos meses. Aún no llueve (no demasiado), hace sol durante el día, y de noche no hay demasiado frío.

Este día el alcalde invitó a toda la gente del InkaFest (jurado, organizadores, voluntarios, staff...) a un almuerzo a las afueras de la ciudad. Desde Huaraz, ya sea desde la misma ciudad o afuera, se puede apreciar la Cordillera Blanca.


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Momento en que recién preparaban la pachamanca.

Las fotos de este fin de semana están aquí.

la pachamanca, recién preparada, tiene muy buen sabor. Como nos explicaba Bruno, se debe hacer apenas llegan los comensales, ya que si se enfría pierde el gusto. Y toma tiempo prepararla. Ya casi teníamos que regresar para el InkaFest cuando abren la tierra y nos dicen que ya está lista.

Compuesta de carne de cordero, humitas de maiz, camote, habas... ahora hubo algo que no siempre hay: humitas de yuca, y oca (el "alimento de los incas" la llamaban).

No pudimos probar la carne, porque ya Bruno, Marrano y Yelinna debían volver al auditorio Monttrek.

Ese día, también se proyectaron algunas películas en el auditorio de la municipalidad de Huaraz. Yelinna se hizo cargo de una parte de esta proyección hasta que llegara su reemplazo. Desde el Monttrek a la municipalidad son unas pocas cuadras de camino por la avenida Luzuriaga y un par de calles. Junto a la Plaza de Armas siempre hay una feria artesanal, la cual vale la pena visitar pues venden infinidad de cosas.

Era la noche de la clausura del InkaFest y la estrella fue Sebastián Alvaro, uno de los jueces y director del programa de la tv española "Al Filo de lo Imposible". presentó y narró un excelente video acerca de sus expediciones y aventuras. Notable fué la narración de la escaladora que se cayó desde varios metros de altura mientras rapeleaba junto a una cascada. Se rompió un brazo, la cadera y muchas otras cosas más, esperó 16 horas hasta que un helicóptero la sacó de allí, le dijeron que no volvería a caminar... dos años después cruzaba el Sahara con una expedición, llegaba hora y media después del último caminante diciendo "Zebastián... me duele la cadera". Y él le respondía: "Puez a mí me duelen hazta las peztañaz, azí que dale".

Otro momento memorable fue, en el video, cuando Sebastián le daba ánimo al escalador Juanito, quien, con un edema pulmonar y a una cantidad escandalosa de metros sobre el nivel del mar (era una escalada en el Himalaya si no recuerdo mal) :
- Me importan trez cojonez tuz congelacionez. Ponte la mázcara de oxígeno que todo va a mejorar.
Finalmente Juanito logra regresar al campo base diciendo, en broma: - Ezpero que tengan una habitación en el hotel".
A medida que pasaba el video, Sebastián iba narrando lo que ocurría: los saltos en globo, las expediciones al ártico, al Everest, un poco de historia acerca de la conquista de esta montaña, la cual se remonta a principios del siglo veinte (el Everest será la más alta, pero la más difícil es el K2).

En total, son 14 las montañas que pasan de los 8000 metros. El paisaje en el Himalaya a poco más de 5000 metros es exactamente igual al aspecto de los Andes a esa misma altura. Mientras más alto se está, más frío y más seco es, y el oxígeno más escaso. Algunos consideran a los 7000 msnm como el umbral de la muerte, otros lo ponen más arriba.

Esa noche nos encontramos con Richard Hidalgo, quien ya se ha escalado el Cho Oyu (llevaron calendarios de Richard con la foto de esta montaña y no quedó ni uno). Esa noche hablaba del día que ya tenía que partir a Nepal.

En la ceremonia de clausura estuvo el alcalde de Huaraz, y al final, un grupo de música folklórica bailó una danza de la cultura chavín.

Una película memorable fué el documental acerca de la Rinconada. Un pueblo ubicado en Puno, a 5000 msnm, y que aún vive en condiciones dignas de la época colonial. Dedicado exclusivamente a la minería, la gente trabaja extrayendo el poco oro que se puede sacar de minas hechas, literalmente, de hielo. Este pueblo es como un Lejano Oeste polar: en el único día en que los mineros pueden extraer oro para sí, lo poco que encuentran lo cambian por dinero en las casas de cambio.

Aconcagua Speed Flying es la filmación del descenso en paracaídas y esquiés desde el punto de vista del protagonista pues la cámara va filmando todo el descenso, sin cortes ni arreglos. Es fácil caer en el vértigo viendo esta película.

Y ojalá pudiera comentar acerca del resto de las películas, pero me las perdí casi todas. Lo bueno, es que van a volver a proyectarse en Lima a partir del 11 de septiembre en el Centro Cultural España (Natalio Sánchez 181, Parque Washington, Santa Beatriz) y en el Cusco a partir del 25 de septiembre.

Y los jueces especialmente pudieron por fin descansar. Como dijo Sebastián, ser jurado no es sencillo, están todos durante once horas al día en una habitación para ver películas y salen, cual prisioneros, sólo para comer, dormir y entre otras cosas muy necesarias.

Ya después de la clausura, vino una sesión de fotos con el jurado y los organizadores (aún estamos esperando que nos las pasen!) y luego, la cena de celebración del final del Festival.

Domingo 24:

Ya era hora de recoger todo y prepararse para el regreso, esa noche. Hoy la gente se dió el lujo de levantarse tarde y desayunar aún más tarde (no tanto, porque había un almuerzo para antes de las dos pm). toda la mañana la pasamos en el hotel, hasta poco antes de almorzar, momento en el que Bruno y Yelinna aprovecharon para recorrer los mercados de Huaraz, y ya después del almuerzo, fueron conmigo a los baños termales de Monterrey.

Monterrey es un distrito a unos quince o veinte minutos desde Huaraz. El paradero está cerca al puente, y desde allí, se puede ver la enorme mole de hielo que es el Huascarán.

La entrada para los baño privados es de 3.50 soles, por media hora. Algo caro comparando los dos soles en Huancahuasi por tanto tiempo como quieras. Pero es un lugar perfecto para pasar la tarde. Posee una piscina al aire libre y está junto a un bonito hotel. Las aguas de estos baños termales contienen hierro y cobre, por lo que su color es oscuro. Hay una poza, de la que sale el agua directamente, hirviendo. Aquí se pueden ver costras de hierro y cobre, oxidándose al sol.

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Esto está mejor que la calavera de cristal :D :D

Como es fin de semana hay mucha gente. Ya eran casi las cinco de la tarde y el sol empezaba a caer. Bruno contó que solía venir con su familia cuando era niño. En el hotel Monterrey, hospedarse no es caro: las habitaciones comparditas salen a menos de cincuenta soles por persona, considerando que éstas tienen no sólo camas y baño, sino también una pequeña salita junto a una chimenea. Lo único en contra es la ubicación, un poco lejos del centro de Huaraz.


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Otra vista de los baños de Monterrey, el balcón da a la piscina.


Volvimos ya al anochecer y nos reunimos en el hotel con el Marrano, a esperar la hora de la cena: Lomo saltado, y para quien deseara: café o té. Nos encontramos con los jueces por última vez, y nos despedimos de todos.

EL bus de mi dueña salía una hora antes que el del resto (un grupito partía al día siguiente). Bruno nos acompañó a la terminal y luego fue a reunirse con el resto de la gente al restaurante.

Pasamos por:
10:15 pm: partida
12:45 am: Cajacay
1:20 am: Chamana
3:15 am: Huacho
4:00 am: Chanchay
5:00 am: Ventanilla
6:40 am: llegada a la terminal de la Victoria.

El bus en el que vinimos es probable que en otro tiempo fuera un camión, pues, a mayor velocidad de bajada, en cada curva se balanceaba, se balanceaba...

Felizmente sobrevivimos!

Wilmer nos pasó sus fotos del viaje a Oyón por fiestas patrias!

miércoles, agosto 13, 2008

Intercon 2008 - Trujillo - 4 al 8 de agosto

El Intercon es un congreso de ingeniería que se realiza todos los años en una universidad del Perú. Esta vez tocó en la UPAO de Trujillo. El Intercon también incluye un concurso de proyectos de ingeniería, y por ello la universidad nos mandó para allá :D

Esta vez, narrado por Tomoyo.
Del grupo de proyectos fuimos Jose Luis "El Peón", David, Héctor, Luisa, Alejandro (quien se quedó menos días por trabajo) y Yelinna.

El punto de partida fué la terminal de la empresa ITTSA a las ocho y media de la noche donde ya esperaban Hector y el ingeniero José Rosales. Habían que llevar muchas cosas: mesas, computadoras y herramientas, todo para el concurso de proyectos.
A las nueve ya se habían entregado las cosas que irían en la bodega del bus y media hora después iniciábamos el viaje.

Pasamos por:
10:30 pm: Ancón
11:00 pm: Pasamayo
11:50 pm: Huacho
12:30 am: Barranca
2:00 am: Huarmey
3:00 am: Casma
3:50 am: Chimbote

Llegamos a Trujillo a las seis de la mañana, justo al amanecer. El ingeniero Jorge Tejada (el director de la escuela de electrónica) ya estaba en Trujillo desde hacía un par de días. Después de llamarlo por el celular (y despertarlo) vino a llevarnos al hotel, a unos diez minutos de caminata de la UPAO.

La semana anterior se había celebrado un concurso de ramas de la IEEE,así que allá también estaban varios amigos más: Antony, Willy, Richard, Felipe (regresó a Lima ese día), Jorge y Álvaro (quienes de paso habían ganado el concurso) quienes nos ayudaron a cargar todas las cosas y guardarlas en nuestros cuartos.

Después de instalarnos (Luisa y Yelinna tuvieron un cuarto para ellas solas, mientras que los chicos tuvieron que acomodarse de a cuatro en los suyos, excepto los dos ingenieros, claro)

El concurso de proyectos sería el jueves. Hasta entonces, la gente estaría atada a sus proyectos. Ese lunes mi dueña y sus compañeros que irían al concurso sólo salieron del hotel para ir a la UPAO, ver las inscripciones y asistir a la inauguración del INTERCON en la noche.

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Esto es lo primero que se ve al entrar: la pileta de la UPAO.

El martes se dedicó casi por completo al trabajo (Yelinna apenas pudo asistir a una conferencia en la noche). Desde el principio, Héctor y Luisa tuvieron problemas con su proyecto: el circuito había soportado mal el viaje y ya no quería funcionar. Aparte, Giove, JoseLuis y Yelinna daban los toques finales a su presentación.

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Faltaban arreglar muchas diapositivas. En este menester, JoseLuis fue el más entusiasta.


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Un poquito del proyecto de JoseLuis y Yelinna

Esa noche nos quedamos despiertos hasta las dos de la madrugada. Hector y Luisa intentaban armar su circuito en la cama, aunque eso es muy difícil.

Las fotos de todo el viaje están aquí.

Dado que la universidad daba una cantidad de dinero al día para gastar en comida, durante todos estos días mi dueña y sus compañeros estuvieron gastando en almuerzo, cena y desayuno (cuando se podía) mucho más de lo que normalmente gastarían. Así, encontraron un lugar adorable dónde comer ensaladas de frutas, jugos, postres y sandwiches. Gastar seis o siete soles en un desayuno era muy fácil pues no es un lugar muy barato. La tienda se llama Damasco y queda en la cuadra 12 de la avenida Húsares de Junín y se convirtió en el lugar obligatorio para cenar y desayunar esos días.

Trujillo es como Lima, sólo que más chiquito y con mejor clima. Los alrededores de la UPAO recuerdan a lo que es Santa Patricia en el distrito de la Molina en Lima. El sol y la temperatura en Trujillo son como los de Lima por los meses de Diciembre y Enero pero con menos humedad.

El martes no hubo tiempo para desayunar, había que arreglar varias cosas para el concurso. En la tarde: más conferencias y arreglos de los proyectos. David tenía problemas con su webcam, Hector y Luisa no avanzaban con lo suyo y a JoseLuis y Yelinna les faltaban varias cosas en su presentación.


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Lo bueno de la UPAO es que tiene una linda arquitectura.

El miércoles en la mañana les tocaba concursar a la gente de la escuela de sistemas. De paso, aprovechamos para conocer las salas donde es el concurso. A la hora del almuerzo se pudo aprovechar para conocer un poco más de Trujillo. Allá, lo que en Lima se conoce como Shopping Center, en Trujillo se le llama Mall. Existe uno atrás de la UPAO y JoseLuis, Yelinna, Hector, Luisa y David fueron para allá a almorzar.


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Parece una mezcla del Jockey Plaza y el Plaza San Miguel de Lima.

Ese día el mall estaba casi vacío. Incluso un guardia le dijo a Yelinna que estaba prohibido tomar fotos que no fueran familiares, lo cual es una gran tontería, y que fué ignorado olímpicamente. Las órdenes absurdas e insensatas (como no poderle tomaar fotos a una tienda por fuera, ya es bastante no poder hacerlo por dentro) merecen ser ignoradas :D

Existe otro Mall, un poco más lejos, donde están las tiendas Saga Fallabella y Ripley. Cruzando la pista, y justo en frente, hay dos chacras de maíz. Una parte de Trujillo recién se está urbanizando, y aún se pueden ver urbanizaciones enteras en construcción.
Almorzamos en el Mediterráneo Chicken, frente a la chacra de maíz. En la UPAO habían más conferencias en la tarde, pero ya no pudimos ir, los ingenieros les pidieron a JoseLuis y a mi dueña que les hicieran una presentación antes del concurso en el hotel y ya no hubo tiempo para nada más. Ese días nos acostamos a casi la una de la mañana.

El jueves, muy temprano, fuimo a la UPAO llevando todo lo necesario para el concurso. Davir, Hector y Luisa debían armar sus mesas y conectar sus computadoras. Alejandro les había pretado su LapTop a JoseLuis y Yelinna y ya tenía todo lo necesario instalado. El concurso fué a las once de la mañana, todos casi al mismo tiempo. Incluía una presentación en powerpoint y una demostración del proyecto. Los resultado recién se conocerían el viernes en la noche. Después de recoger todo y llevarlo al hotel, recién quedamos en libertad pasada la una de la tarde.


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Otra foto en la UPAO. Es bonito el detalle de la rueda de madera.

Esa tarde David, Luisa, Hector, JoseLuis y Yelinna, aprovechando su libertad, fueron a almorzar al Mall detrás de la UPAO y de ahí a la feria de artesanías que había cerca al estadio Mansiche. También nos dimos una vielta por el estadio. Iba a haber un concierto gratuito de música cristiana en la noche (JoseLuis quería asistir) y a pesar que eran recién las cuatro de la tarde, ya había gente esperando entrar. En una de las puertas laterales, un guardia muy enojado, echaba a cuanta persona se acercaba, diciéndole que la entrada no era por ahí. David, le dijo que éramos estudiantes que participaban en el Intercon, que veníamos de parte de la UPAO, etc etc, hasta que al final nos dejó pasar.


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Helo aquí: el estado Mansiche.



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Aquí ya estaban preparando todo para el concierto.



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La prueba de que estuvimos en Trujillo :D


Ya de aquí tomamos un taxi y regresamos al hotel (para ir a cualquier parte íbamos en taxis, se fue mucha plata en puros taxis). Después de descansar una hora, mi dueña fue a la última conferencia del día, y más tarde, JoseLuis fue al concierto. Nos dijeron que regresó a la medianoche.

El viernes fue un mejor día. En la mañana Yelinna se encontró con Jorge después del desayuno y juntos fueron a la plaza de armas de Trujillo.
El centro de Trujillo es igual al centro de Lima, sólo que más chiquito, al igual que su mercado. Es taan parecido que hasta tiene su tienda Carsa pintada de amarillo. Como se rumoreaba que es peligroso, Yelinna no llevó la cámara :( pero diré que no es peor que el centro de Lima, quien sabe moverse por este centro, puede moverse por el centro de Trujillo sin problemas.
Una versión de Lima en chiquito: más chiquita la plaza, las iglesias, el mercado. Pero igual de bonito.

Luego, en una calle, casi escondido, nos topamos con el Museo del Juguete:




La dirección es Jr. Independencia Nº 705. Las visitas son de lunes a sábado de 10 de la mañana a seis de la tarde. Hay que mirar con atención ya que la entrada es muy pequeña y Jorge no la vio.
Para entrar hay que subir una escalera. Frente a la puerta hay un letrero que dice que el fundador del museo sólo acepta para su museo juguetes anteriores de 1950 (aunque en el museo hay juguetes de hasta después de 1960). Es por una cuestión romántica: él considera que los juguetes antiguos tienen un toque personal y único que no tienen los juguetes actuales. Es verdad. Pero los juguetes actuales tienen un mejor acabado y un mejor diseño, sólo hay que comparar los transformers de hace veinte años con los actuales!

Después de caminar mucho y recolectar folletos de tours a Huanchaco y Chan Chan, volvimos al hotel. Allí descansamos hasta la hora del almuerzo, donde Hector, Luisa y Jorge notaron que les sobraba mucho de lo que les había asignado la universidad y había que gastarlo (o devlverlo, y nadie quiere hacer eso ¿verdad?).


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Ni los grafitis de Trujillo tienen qué envidiar a los de Lima.

El viernes en la noche fue la ceremonia de clausura del Intercon. El segundo lugar de proyectos de posgrado lo ganó ALejandro con su "sistema de reconocimiento y ejecución de partituras musicales usando procesamiento digital de imágenes" , y el tercer lugar en pregrado, David con su "sistema de vigilancia IP empleando procesamiento digital de imágenes".

Acerca de otros proyectos, en este link.


El sábado en la mañana ya tocaba guardar todo, pues las habitaciones debían quedar desocupadas al mediodía. JoseLuis aprovechó sus últimos soles de la universidad para comprar dulces en la tienda Castañeda, que queda casi al frente del Mall atrás de la UPAO.

Después de desocupar los cuartos, nos fuimos todos a Chan Chan (está algo lejos de la carretera, por eso fuimos en taxi. La entrada más cara, la de adultos, está a once soles, pero eso no importaba porque la universidad pagó :D :D )


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Son famosos los diseños de Chan Chan. Éstos representan nutrias marinas, las líneas representan el mar.

Chan Chan es en realidad una ciudadela inmensa. Algunas partes no han sido desenterradas aún y otras están en reconstrucción. Algunos lugares están protegidos de la lluvia, la cual es muy dañina para estas construcciones de adobe.

La manera en que tenían los Chimú para conseguir agua era cavando grandes reservorios en el suelo, los cuales se llenaban del agua que existe a varios metros de la superficie.


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Este es el reservorio de agua más grande de Chan Chan.

A pesar del tiempo, el agua sigue brotando. Para evitar que se rebalse, parte de ella se drena al mar. Cada seis meses revisan el reservorio por si el ducto de drenaje llegara a taparse.
Esto es como una laguna artificial, y aquí viven varias aves y plantas acuáticas.

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Una última foto con estos dos caballeros.

La desaparición de la cultura chimú es probable que se deba a un fenónemo del niño que ocurrió hace unos mil años. Cuando los conquistadores españoles llegaron, aquí ya no vivía nadie.

A la entrada de Chan Chan hay tiendas de recuerdos. Lo más bonito son los polos (diez soles cada uno). También venden dulces y gaseosas.

Luego fuimos a almorzar a Huanchaco. Como es una playa, las cebicherías abundan, así como los puestos de artesanías. Lo malo es que para entrar al muelle cobran cinecuenta céntimos.
Richard ya había venido hace diez años y dice que Huanchaco es diferente ahora, que ha progresado mucho. Ya en Lima nos comentaban que antes no había tantos hospedajes.
Pudimos bajar a la playa recién a las cinco de la tarde, y aún hacía un poco de calor. Las únicas que entraron al agua fueron Luisa y Yelinna, y el mar aquí no es tan frío como en Lima. Por cinco soles se puede dar un paseo en caballito de totora (sí, ambas se dieron un paseo).


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El atardecer en Huanchaco. A la izquierda se puede ver el muelle.

Estuvimos de vuelta en el hotel ya de noche. El bus partía a las diez, así que aún teníamos unas horas para pasear y/o descansar. Yelinna aprovechó para dar un último paseo por la calle. Otro grupo se fué a buscar qué comer. Una hora después ya estábamos en la terminal.

De regreso, pasamos por:
Medianoche: Provincia de Santa (Ancash)
12:15 am: Chimbote
1:10 am: Casma
3:30 am: Barranca
4:15 am: Huacho
5:20 am: Psamayo
7:00 am: Lima


Además Mario nos envió sus fotos del viaje por fiestas patrias!

sábado, agosto 02, 2008

Chiuchín - Huancahuasi - Rapazmarca: 26 al 29 de Julio

Salida por Fiestas patrias organizada por Mario López. Mientras que el pueblo de Chiuchín queda en Huaura, Huancahuasi ya está en la provincia de Oyón, la cual limita por el este con la región Pasco.
El límite entre Huaura y Oyón lo marca el río Checras. En total los afluentes del río Huaura son:

Afluentes por la margen derecha:
Río Huancoy, Río Yarucaya.
Afluentes por la margen izquierda:
Río Pampahuay, Río Checras, Río Huananque
(fuente: Ministerio de Energía y Minas).

Esta vez la salida es narrada por Chenn, la guepardo.

El punto de reunión fué el parque a espaldas del cine Orrantia a las 8:30am del sábado 26. Lo malo fue que unos polícías de la municipalidad empezaron a hacer problemas aludiendo que estaba prohibido estacionarse allí, cuando ese parque ha sido paradero para excursiones y viajes durante ya bastante tiempo. Estuvieron fastidiando durante bastante rato (y seguramente queriendo obtener algo por fiestas patrias), hasta que por fin, recién a las nueve de la mañana, pudimos partir, pero no desde el mismo parque, sino en un paradero un poco más allá, en la Javier Prado.
En total éramos 21 personas, incluyendo una familia con dos niños y una niña.

Pasamos por:
11:00 am: Chancay. Aquí nos detuvimos a comer algo en una cafetería llamada Delfino. Un sitio muy bonito, pero también donde la comida cuesta casi el doble que en otros lugares.
11:50 am: partida.
1:00 pm: Huaura
1:50 pm: Sayán. Almuerzo.
En la plaza de Sayán hay una conocida dulcería llamada Lumbre, que existe desde 1904. Allí se pueden conseguir tejas, alfajores y los favoritos de mi dueña: guindones con Manjarblanco.
Sayán es un pueblo muy tranquilo, casi sin tráfico y con mucho sol. La plaza actual data del 18 de Julio (hace una semana).

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Nikolai, nuestro corresponsal para The Traveling Picture Show vino con nosotros :D

A las cuatro partíamos de Sayán (685 msnm). Tres horas después llegábamos a Chiuchín.
8:40 pm: Huancahuasi (3200 msnm). Como estaban arreglando el puente tuvimos que caminar un poquito hasta el hospedaje.

Es bonita la noche en esta época del año en Oyón, totalmente despejada (a Yelinn le recordaba a las noches a orillas del río Tambo hace exactamente tres años).

Domingo 27:

Nos despertamos a las siete y antes del desayuno y el grupo se dirigió a los baños termales de Huancahuasi, a un kilómetro de distancia del hospedaje. La entrada está a dos soles y permitía entrar nuevamente en la noche.

En Huancahuasi la gente cría aves de corral, burros, cerdos, cabras, vacas, ovejas y en especial caballos. Posiblemente es época de cría pues hay muchos potrillos, algunos aún tomando leche de sus madres, así como lechones y pequeños corderos.
Los caballos son alquilados para los visitantes.


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En lugar de ir a los baños termales, yo preferí ir a buscar el desayuno.


Los baños termales de Huancahuasi asemejan a una poza natural en la roca con una cascada de donde cae el agua caliente. El agua contiene cobalto, hierro y zinc y no es tan caliente como la de la calera en Huayllay. Después de estar casi una hora allí fuimos a desayunar al hospedaje.
De desayuno hay de todo, no sólo pan o leche: se podía pedir trucha, pollo, papas (generalmente fritas), galletas con queso, té de muña, café... También tenían gaseosas y agua mineral. La leche era leche sacada directamente de la vaca y también se podía pedir con café.


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Esta es la entrada a los baños de Huancahuasi. A la entrada encontramos a una señora que vendía té de muña.


Dos horas después partimos hacia Chiuchín. Un grupo prefirió ir caminando hasta Picoy, además de que caminando se aprecia mejor el paisaje. Hacía sol, pero también corría un viento muy frío.

En este lugar la muña y el capulí (o Golden Berry) crecen de forma silvestre. Para preparar té de muña sólo se debe arrancar unas ramitas y ponerlas a hervir, por eso es tan barato: en el hospedaje nos llenaban una botella de medio litro por cincuenta céntimos.

En el camino que va de Huancahuasi a Picoy hay una piscigranja donde paramos a tomar fotos.

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Yo seguía con hambre.

Al mediodía llegamos a Picoy. Una señora que en la plaza vendía agua de durazno, nos dijo que el nombre viene porque el pueblo está metido entre picos. Picoy está a la margen izquierda del río Checras, en Huaura.

De Huancahuasi a Picoy hay cinco kilómetros. De Picoy a Chiuchín hay ocho kilómetros, por eso una parte del trayecto la hicimos en la couster.

Llegamos a los baños termales de Chiuchín a eso de las dos de la tarde. Aquí las aguas contienen azufre y son muy calientes (o posiblemente las sentimos más calientes que las de Huancahuasi porque hacía calor afuera). Más parecidos a una piscina con una caída de agua, no tienen un aspecto tan bonito como los baños de Huancahuasi. La entrada también está a dos soles, pero pudimos convencer al cobrador que nos lo rebajara a un sol.
Alrededor de los baños hay sitios para hospedarse y hacer camping. Almorzamos en Chiuchín. Como en todas partes de la sierra, el plato de pachamanca contiene comida para dos personas. Lo mejor para pedir es la trucha, auque aquí es un poco más cara que en Huancahuasi.

Ya en la noche, y aprovechando las entradas de la mañana, volvimos a los baños de Huancahuasi. Temprano en la mañana y en la noche hay muy poca gente, por lo que los baños eran prácticamente para nuestro grupo :D


Lunes 28:

Después de desayunar (en realidad mucho después) partimos hacia el pueblo de Rapaz, a ocho kilómetros de Huancahuasi. Ya eran las diez de la mañana. Ocho kilómetros en realidad son pocos, especialmente si se camina por un camino afirmado. Un grupo prefirió quedarse en Huancahuasi e ir a los baños termales.

Hacía calor y calculamos que llegaríamos a Rapaz en dos horas, pero habíamos salido muy tarde (lo ideal hubiera sido a las ocho de la mañana). Íbamos siguiendo el cauce del río Checras. Aquí, entre Oyón y Huaura, no se nota que fuera la temporada seca, los cerros aún están verdes y el río baja con bastante caudal. POr estos meses, Huarochirí ya está desértico, así como las zonas más bajas de la región Lima.


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"Mmmnn... el Perené es más grande :) "

Ya era mediodía cuando quienes iban primero, mi dueña y Angela, avistaron las ruinas de Rapazmarca.
Un señor que cuidaba sus vacas dijo que aún quedaban como cuatro kilómetros para llegar a Rapaz. Dado que no se veía a Mario y no sabíamos si continuar, ellas decidieron ir a las ruinas, que estaban bajando la quebrada, cruzando un puente sobre el río y subiendo hacia el otro lado. La mamá de Angela se quedó cuidando las cosas.

Rapazmarca recuerda un poco a Rúpac, en Huaral, sólo que estas ruinas están peor conservadas. Las plantas las cubren, pero es fácil distinguirlas desde el camino. Después de un rato, Teresa y Carlos nos dieron el alcance.


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"I feel like Indiana Jones :D :D "


Aprovechamos para comer algo y esperar al resto del grupo, que aún estaban por la carretera. Desde aquí se pueden ver las paredes del cañón de Punguyo. Una vez que estuvo todo el grupo junto, y dado que ya se hacía tarde, se decidió ya no ir a Rapaz, cuyo atractivo reside en su iglesia colonial y no era seguro que estuviera abierta, sino al cañón, hasta donde nos alcanzara el tiempo.

Como nos comentara Mario, el problema de estas culturas antiguas es que siempre hubo más de una, vivían guerreando entre sí y si una conquistaba a otra, la cultura vencedora solía construir encima de la vencida. O si una clutura desaparecía, venía otra y se asentaba en el lugar. Esto ocurrió muchas veces, por ello, cuando se trata de culturas muy antiguas es muy difícil saber quienes fueron y cómo vivieron.


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Un último vistazo de Rapazmarca.


En el trayecto Mario nos explicó un poco de la flora de la región, él sabe diistinguir el tipo de flores que recién se encuentran por los 3500 msnm. Una flor típica de la sierra son los zapatitos, los cuales abundan también por Yauyos. Existe un árbol que atrapa la humedad en su corteza, permitiendo que otras plantas crezcan en él. Ya cerca al río hay helechos, y hay quien ha sembrado pequeñas rosas.

El cañón de Punguyo está bordeado por paredes de piedra caliza y por su interior el río forma una cascada. Su interior recuerda a los caminos llenos de plantas de la selva alta, o los que llevan a las cascadas de Bayoz y velo de la novia en Satipo. La diferencia está en que aquí hace frío.


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¡Es como estar en la selva!

Sueguimos ascendiendo por el cañón hasta que ya era hora de regresar, pues se hacía tarde. Ya en el camino hacia Huancahuasi nos encontramos con un poblador que dijo que, desde donde habíamos llegado dentro del cañón, faltaban cinco horas para llegar a Cerro de Pasco. También Mario comentó que ya habían acampado un poco más adentro. También nos contarn que por aquí hay zorros que suelen robarse las gallinas.

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Aquí se ve el cañón de Punguyo hasta donde alcanzamos llegar. Por esa dirección ya se llega a la región Pasco.

Estuvimos de regreso en los baños de Huancahuasi después de las cinco de la tarde. Al otro lado del camino, casi al frente, están los baños de Picoy, a los que no entramos, por considerar los de Huancahuasi inmekjorables. Aquí hay kioskos y puestos de comida, pero ya tan tarde la trucha ya se había acabado (en realidad mi dueña se comió la última).

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Esta es la entrada para los baños de Picoy.

Esa noche, por ser Fiestas Patrias, había fiesta en Huancahuasi. La banda del pueblo primero tocó cerca al hospedaje (hicieron mucha bulla) para puego ir a la plaza para seguir tocando toda la noche. Felizmente estaban demasiado lejos para molestar en el hospedaje. Ya más tarde se escucharon unos pocos fuegos artificiales.


Martes 29:

El grupo había acordado con Mario salir muy temprano y desayunar en Churín, pero en el hospedaje tuvieron comida preparada ya desde las seis de la mañana, por lo que una hora después toda la gente ya estaba desayunando. Algunos compraron muña para el camino.
Bajamos hasta el río, cruzamos el puente y abordamos nuestra couster. Partimos a las ocho de la mañana.

De regreso pasamos por Picoy, y Chiuchín. Antes de las diez ya dejábamos atrás el valle del río Checras para entrar al valle del río Huaura.


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Una foto de Picoy.

Ya por debajo de los 2800 msnm se puede ver cómo cambia el paisaje. Éste se vuelve desértico y caliente.

Aún no eran las diez cuando llegamos a Churín (2080 msnm), un pueblo con mucho movimiento y actividad comercial y turística. Cerca a la carretera y a la plaza es fácil encontrar tours que hacen visitas a los baños termales. Un grupo se quedó bañándose en los baños de la Mamahuarmi, mientras que otros preferimos ir a conocer Churín.
Hace calor y Churín está rodeado de cerros, por esta temporada, completamente pelados.

Se puede leer acerca de Churín y la leyenda de la Mamahuarmi en esta página.

Churín es casi como el equivalente de Chosica para Huaral. Al quedar justo en la carretera, es el sitio perfecto para comer algo o pasar la noche antes de seguir rumbo a otros lugares, o al regresar después de largos dís acampando. En el mercado se puede comprar miel de distintas variedades.

A las dos de la tade nos detuvimos en Sayán para almorzar. El pueblo se veía vacío, casi como aparece Lima la mañana de Navidad o Año Nuevo, un contraste tremendo con Churín. Fuimos a la dulcería por más guindones con manjarblanco pero ya no tenían nada. Era como si hubieran tomado la tienda por asalto llevándose todos los dulces y dejando la vitrina vacía vacía. Fué media hora después en que la señora preparó unos pocos alfajores.

Casi dos horas después abandonábamos Sayán. Tomamos desvío por Río Seco, siguiendo un camino polvoriento, entre chacras cuyas plantas alcanzaban fácilmente los dos metros de altura. Incluso vimos lo que parecía una garza, parada en la acequia. Fué la parte más calurosa del recorrido.

A las cinco ya estábamos en Chancay, a orillas del mar, donde ya hace frío y está todo nublado. Apenas dos horas después ya estábamos en el mismo punto de inicio, el paradero en la Javier Prado.

Las fotos de todo el viaje están aquí, incluyendo un mapa de Huaral y Oyón, y los planos de Sayán y Churín.


domingo, junio 29, 2008

Laguna Puchus 21 y 22 de Junio 2008

Salida organizada por Bruno. A la Laguna Puchus ya he ido en Enero, en la temporada de lluvias, nos tocó un día gris y nevó. Ahora es la temporada seca y podríamos ver cómo andaban las cosas por alla.

Esta vez con El jefe Indio :)

Nos reunimos a las cuatro y media de la tarde del sábado 21 en el grifo del óvalo Santa Anita. En este lugar, no muy bonito por cierto, es mejor elegir un grifo, es más seguro que el paradero de las combis.
(para quienes no lo conocen, El Óvalo de Santa Anita en realidad no tiene nada de óvalo, sólo es el horrible cruce de dos enormes avenidas. Es de aquí donde nace la Carretera Central, la cual muere en Satipo.)

En total éramos: Bruno, Yelinna, JuanCarlos, Christian, Carlos, don Raúl y Manolo. Una vez estuvo completo el grupo nos dirigimos al paradero de los colectivos que van a Chosica, a una cuadra más allá.
De Chosica tomamos un carro a San Mateo de Huanchor. Allá estuvimos poco después de las ocho de la noche.
Nos hospedaríamos en el Hostal las Américas, cuyas sábanas han sido reemplazadas por una fibra polar calientita :D :D :D

El cielo estaba despejadísimo, se podían ver multitudes de estrellas. Bruno dijo que eso significa que al día siguiente hará frío.

Después de comer, el plan era ir a comprar lo que faltaba al Minimarket Maná, pero estaba cerrado. Existía aún la esperanza de encontrarlo abierto a la mañana siguiente, así que un poco más temprano de lo usual, nos fuimos a dormir.

Domingo 22:
Debíamos despertarnos a las cinco y media, pero como es invierno la noche se prolonga un poquito más, y ya eran las seis cuando creíamos que eran las cinco y media. Felizmente no tomó mucho tiempo arreglar todo y salir, media hora después.

Y el Maná seguía cerrado. Las cosas que faltaban tuvieron que comprarse en una bodega cerca al puente donde desayunamos, en el mismo puestito de la señora que prepara desayunos (soja, maca, avena, emoliente, pan con queso o camote o jamón).
Es mejor desayunar aquí, es más rápido y barato que en los restaurantes.

Tomamos un Station Wagon hacia Choccna. Es posible acompodar a siete personasy el chofer en uno de esots carros, basta con poner a dos en la maletera. Si San Mateo está a poco menos de 3200 msnm, Choccna está un poco por debajo de los 4000. Allá llegamos a las ocho de la mañana e iniciamos la caminata a las ocho y media.

En la sierra Cielo Despejado = Día soleado. Y ya el sol se asomaba desde detrás de los altos cerros que rodean Choccna. Aquí la quebrada toma el mismo nombre de Choccna. Después de poco más de una hora ascendiendo hicimos el primer descanso. Aquí Juan Carlos nos contó un poco acerca de la Matanza de Santa María de Iquique, y Manolo un poco de José Luis Pardo Chiquián, personaje ya casi legendario, de quién se hizo una película por los años veinte.


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Vista de Choccna desde el sitio del primer descanso.

Aquí hay abudancia de chocho silvestre. Se lo reconoce por sus flores azul-violeta. El nombre científico del chocho en general (porque existen varias especies) es Lupinus, la variedad comestible recibe el nombre de Tarwi y su nombre científico es Lupinus Mutabilis y se ha demostrado que tiene propiedades antiinflamatorias (dato del Instituto de Investigación de Medicina Tradicional de la Universidad San Martín de Porres).

Pasamos por el cerro Chonta, en dirección al abra Huacruyoc a 4400 msnm. Debido a que el terreno está seco y tuvimos muy buen clima, esta caminata fué relativamiente fácil. Al medio día llegábamos al otro lado del abra y nos encontramos con un charco (que aspiraba a ser laguna) en donde nadaban dos solitarios patos. En un primer momento lo confundimos con Puchus, pero ésta está más allá, siguiendo la aldera de un cerro, caminando sobre morrena un tanto fastidiosa pero fácil de cruzar. La morrena indica que en algún momento en el pasado todo esto estuvo cubierto de nieve y hielo.

Bruno bautizó al charco, a donde se quedó a descansar JuanCarlos, como "Laguna Pucho": un mero charco grande que posiblemente no durará mucho sin las lluvias.


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Aquí, yendo hacia la laguna "Pucho".

Puchus, metida en una hondonada en medio de los cerros, como agua de lluvia empozada, no parece la gran cosa a primera vista. Incluso está algo más pequeña que meses atrás. Para poder apreciar Puchus en todo su esplendor es necesario rodearla y ver cómo sus aguas cambian de un color verde-aburrimiento a un espejo que refleja el cielo y las montañas.


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Este es el lado bonito de la laguna Puchus.

La laguna está poblada de patos, huachuas y yaravicus. Es probable que sea época de anidación, porque escuchamos ruiditos venir de las rocas en el suelo, a varios metros de la orilla. Esa es la razón de porqué esta vez mi dueña no le dio la vuelta a Puchus, no quería molestar a las aves.

Aquí aprovechamos para almorzar, y Yelinna para intentar dormir. Antes de que se hiciera demasiado tarde, a las dos y media, Bruno anunció que ya era hora de volver.


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Otra vista de la laguna.


La bajada hacia Choccna la hicimos en poco más de dos horas. A las cinco ya estábamos en Choccna, donde debía recogernos el carro para volver a San Mateo. No habían pasado muchos minutos de espera cuando se apareció otro carro, conducido por un señor un poco despistado, que preguntó sobre un lugar plano para poder criar truchas.

Criaderos de truchas hay más abajo, en Rió Blanco. Manolo le explicó que no es sólo cuestión de buscar un lugar ancho y llano, también es ver que el agua sea la adecuada. Le comentó acerca de la laguna Yanaulla, donde no las truchas no pudieron prosperar, y sobre cómo se consideran las propiedades en las sierra. Aquí no existe la propiedad tal y como se entiende en Lima. Una persona no es dueña de la tierra, lo es toda la comunidad. Quien desea adquirir terrenos tiene que hablar con las autoridades de la comunidad. En teoría si la gente del pueblo no desea vender, la venta no se realiza. Pero dada la corrupción que existe, suele pasar que el representante de la comunidad recibe una paga para vender tierras de las que el resto de la gente no quería desprenderse. A raíz de esto han habido muchísimos problemas en el interior del país.

Al final el señor agradeció la información y se fué. Al poco rato llegó nuestro carro. Veía lleno de gente y las cosas que traía. Lo que estaba más a la vista eran los botellones de gaseosa que descargaban. Aparte de esto, Choccna parece un pueblo fantasma, normalmente no se ve a nadie.

Después de acomodarnos (dos en la maletera) fuimos directo a San Mateo, a donde llegamos al anochecer. Esta vez no tuvimos dificultad en tomar un micro a Chosica, era temprano y no había demasiada gente.
Finalmente llegamos a Lima sin novedad.

Las fotos están en este álbum, y en éste otro.

Y ahora, Yelinna quiere poner otra canción que le gusta:

Ismail YK -
boomp3.com

domingo, junio 08, 2008

Laguna Yanaulla - 1 de Junio del 2008

Salida organizada por Bruno, esta vez al distrito de Marcapomacocha, provincia de Yauli, Región Junín, pegado (o casi pegado) a la provincia de Huarochirí en la región Lima.

Esta vez con Chenn, la guepardo:

El itinerario fué el siguiente: pasaríamos la noche en San Mateo de Huanchor y al día siguiente partiríamos muy temprano hacia Marcapomacocha.
Llegamos al hostal Las Américas en San Mateo a eso de las siete de la noche. Lo bueno de Las Américas es que está justo en frente del minimarket Maná donde venden literalmente de todo, así que no hay problema si se olvidó algo en Lima.

El grupo estaba formado por: Bruno, don Raúl, Samuel, Yelinna y Christian.

Al día siguiente nos despertamos a las seis de la mañana para, después de arreglar todo, ir a desayunar al puente sobre el río Rímac, a la entrada de la ciudad de San Mateo (el hostal queda un poco antes). También aprovechamos para saludar a Don Raúl por su cumpleaños nº 76.

Es buena idea ir a desayunar en el puente porque allí siempre está una señora que sirve vasos de quina, emoliente y/o maca a 50 céntimos. Lo mejor es la soya. Es distinta a la que venden en Lima, la cual ya está procesada y hecha polvo para prepararla como leche. También vende panes con queso, camote o jamón :D

Ir a la quebrada Antaccasa (se pronuncia Ant'ajasha como dice Bruno) no es tan caro como ir a Yuracmayo dado que existe una carretera. Cuesta menos de diez soles por persona y se está allá en media hora más o menos. Desde allí debíamos andar hasta la laguna...
... o lagunas. Yanaulla en realidad son cuatro lagunas, una a continuación de la anterior.

Antaccasa es una quebrada fría fría a más de 4000 msnm. El sol casi no brillaba (o lo hacía por ratos). En realidad se esperaba que hiciera más frío. El punto más alto que debíamos pasar era el paso de Antaccasa a 4900 msnm antes de llegar a nuestro destino. A eso de las diez nos detuvimos para descansar y comer algo, justo donde había huellas de que habían trasquilado llamas (algunos mechones estaban entre el pasto, Samuel los recogió y los guardó. En verdad, era muy poco para intentar tejer algo).


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Aquí estoy intentando imaginar que es una llanura en el África en lugar de la fría pampa Curicocha en los Andes. Lo malo: no hay potenciales presas en el horizonte.


Las primeras dos lagunas son apenas charcos en medio de los cerros. Pero desde ellas se ve el nevado Rajuntay, el cual no llega a los 6000 msnm.


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Helo ahí, el Rajuntay.

Fué antes de llegar a la tercera laguna cuando nos encontramos con un rebaño de ovejas. Huyeron al vernos (verme?) . Es por esta parte que se ven pliegues de roca en el suelo. Bruno explicó que fueron producidas por las fuerzas de compresión que alzaron los Andes, hace muchos millones de años atrás.

Las fotos, están en este link.

Llegamos a la última laguna después del mediodía. Es la más grande y la más bonita, sus aguas son cristalinas, se pueden ver las plantitas que yacen en el fondo.

¿Fotos? Hay fotos en este álbum :)

Y ahora, a petición popular (en realidad a petición de Bruno):

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Como dijo el autito: "Esto es dedicado a tod@s mis fans :D :D "

En este punto aprovechamos para almorzar, descansar y tomar fotos. Fué cuando escuchamos ladridos y se nos acercó un jinete acompañado de dos perros pastores. Iba buscando las ovejas que espantáramos una hora antes. En realidad, creyó que éramos abigeos (ladrones de ganado) y temía por sus ovejas. Cuando le explicamos que sólo éramos caminantes que estábamos de paso se tranquilizó, sus ovejas debían estar en alguna parte de la quebrada, no muy lejos. Nos contó que una de las lagunas se llama Millpo (posiblemente una de las más pequeñas) y que solía secarse. Además de que "Yanaulla" significa "cara negra", pues la laguna mayor se ve negra cuando está muy nublado (en ese momento hacía sol). Bruno le preguntó si había truchas en esa laguna grande y el señor le contó que hacía 16 años intentaron sembrar truchas, pero no resultó, no prosperaron, algo tiene el agua, capaz algo de las mismas rocas, que no permite vivir a las truchas. Aún sí en ella viven varios patos.

En este link hay más fotos.



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El agua no estaba mal.

Partimos de regreso antes de las dos de la tarde. No llevábamos mucho rato caminando cuando, por detrás de los cerros, empezaron a aparecer más pastores creyendo que éramos abigeos. Se acercaron a preguntar de dónde veníamos y que hacíamos allí. Como dice Bruno, el problema de los palos de trekking es que de lejos parecen cañones de escopetas. Los pastores contaron que hay una parte de Marcapomacocha a la que no se puede entrar sin permiso municipal (así de grave es el problema de los abigeos!), antes que nos diéramos cuenta habíamos viajado en el tiempo al lejano oeste: ganaderos que intentaban cuidarse de los ladrones. Sólo había que cambiar los sombreros de vaquero por chullos y gorros, y el desierto de Texas por los altos y fríos Andes.
Se convencieron al vernos tomarle las últimas fotos al Rajuntay. Los abigeos no cargan cámaras digitales, y para la gente de los Andes cualquiera que venga de Lima y cargue una cámara digital es "gringo" y no representa peligro alguno. Así que los vimos adelantarnos y alejarse.

No volveríamos por el mismo camino, sino tomando la Quebrada Chinchán. Un rato después volvimos a ver a las ovejas de la discordia, pastando alegremente a un lado de la quebrada.

La quebrada Chinchán es más fría que Antaccasa y por ella corre un viento gélido, feroz. En esta ocasión no hizo tanto frío como relatan quienes han venido antes por acá. Debíamos llegar a la estación de Chinchán, junto a la carretera, a 4200 msnm, a donde llegamos a eso de las cinco y media de la tarde siguiendo la trocha.

Y no pasaba nada, sólo el tiempo. Ya habíamos considerado caminar hasta Casapalca (a pocos minutos de allí) cuando, casi por milagro, apareció una Station Wagon que aprovechaba ese tramo de carretera para dar la vuelta y volver a San Mateo a donde llegamos ya de noche.

Como eran menos de las siete no fué mayor drama coger un carro a Chosica en donde estuvimos a las ocho y media. Exactamente un grifo a la entrada de la ciudad donde tomamos el micro hacia Lima para evitar a toda la gente que se sube ya alcanzando el parque de Chosica. A veces es buena idea hacer una parada aquí: venden comida como anticuchos y picarones, y a veces también hay una feria artesanal.

viernes, mayo 23, 2008

15-18 de Mayo 2008: Lagunas Huallacocha y Curihuay

Salida organizada por Bruno y esta vez narrada por Mauri, la cabra montañesa.


Miércoles 14:
El punto de reunión fué en el parque atrás del cine Orrantia a las siete de la noche. El grupo completo estuvo formado por Bruno, Yelinna, José Usquiano, Juan Víctor, Carlos Tipa, Mela, Beto e Irma. En el parque además ya había gente haciendo cola para coger un colectivo a Chosica. Al final todo el mundo abordó un micro que salía para allá, y luego de convencer al chofer y pagarle lo que pidió, nos llevó directamente a San Mateo a donde llegamos a las diez de la noche, exactamente al Hostal las Américas (no hubo tiempo de ver completa la película que nos pusieron en el trayecto "Ruanda", excelente).
Llegamos con las justas para poder comer algo en el restaurante porque ya lo estaban cerrando. Felizmente aún tenían comida.

Originalmente el plan era llegar a San Mateo el Jueves muy temprano, pero como habíamos llegado la noche anterior teníamos tiempo de desayunar con calma y de comprar lo que faltaba en el minimarket que está justo cruzando la Carretera Central.

Jueves 15:
Nos despertamos poco después de las seis dela mañana, y la gente fué a desayunar a eso de las ocho. Hacía mucho sol y calorcito. Yelinna recomienda el pan con lomo saltado, a tres soles, o la jarrita de jugo surtido, a dos cincuenta. Otros recomiendan el té de muña.

Entre arreglar las cosas e ir a buscar quién quisiera llevarnos a Yuracmayo sin abusar del rpecio, dieron als diez de la mañana. Yuracmayo está a poco más de una hora. El cielo estaba despeladísimo, se dice que esto significa que más tarde hará frío.

El problema es que no debajan pasar por la represa a pesar de que pedimos permiso a os vigilantes (sí, se acordaron de Bruno), así que tuvimos que hacer un rodeo que nos tomó como una siguiendo un camino de trocha ondulante al principio, y luego por la ladera del cerro.

Acá, una foto de la represa:

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No, este no fue el carro que nos trajo.

Debíamos alcanzar un paso a casi 5000 msnm, pero nos detuvimos antes. Poco antes de las cuatro de la tarde
ya armábamos el campamento en la quebrada Aigangra. a 4400 msnm.

Para la cena Bruno preparó tallarines con mantequilla derretida y orégano. Ya de noche el frío se hizo más intenso, y es probable que hayan hecho unos 8 ó 10 grados bajo cero aquella noche.
Parece que el invierno va a ser muy frío este año.

Viernes 16:
Despertamos a eso de las seis de la mañana. Sigue haciendo mucho frío hasta que los rayos del sol caen sobre el campamento, cosa que no ocurrió hasta las ocho aproximadamente. Y fué el frío lo que impidió que pudieran secarse las carpas y todas las cosas. Sin el sol, es fácil que el agua se congele dentro de las ollas y en las botellas. Ya había pasado buen rato después del desayuno cuando se pudo guardar todo y partir. Entonces ya eran las once de la mañana.

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Nuetro destino: La laguna Huallacocha alta a 4540 msnm y al otro lado de un paso a 4900 msnm. Seguimos el sendero que usan los ganadero que van de Pumacocha a Yuracmayo, en la ladera de los cerros. Pasamos por una quebrada desde donde se veía el nevado Cuncusyantaj, el que no se puede escalar porque es muy escarpado y empinado. Ya desde lejos tiene una cara nada amigable:

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Como diría Bruno minutos después: parecía un castillo gótico.

En la foto estoy sobre rocas cubiertas de líquenes que, por lo menos, tendrán unos cien años, ya que cubrían totalmente las piedras. Más o menos esa debe ser la época en la que se retiraron las nieves de esta quebrada.

Luego pasamos por una lagunita, casi una charca, donde nadaban pececitos. Subimos por una cuesta y seguimos un camino marcado por las vicuñas, ya que casi nadie viene por estos lugares. Ya eran las cinco y media cuando alcanzamos el paso y aún quedaba un largo camino de bajada hasta la laguna. La idea era acampar en unos corrrales que hay más allá, uno de los cuales se reserva a los campistas, pero que suelen ocuparlo los animales.

Oscurecía rápidamente. La bajada se hacía interminable, además de difícil, y ya era de noche cuando llegamos a un lugar adecuado para acampar: llano y limpio (era mejor que uno de los corrales). Como era luna llena fue más fácil armar el campamento. También se dice que la luna lena da más frío. Eso pareció ser verdad esa noche, hizo mucho frío, el agua que dejamos dentro de ollas y botellas se solidicó mientras dormíamos.

Sábado 17:
Éste día fue de asueto. Nos dedicaríamos a descansar e ir a la laguna Curiguay, al otro lado de la querbada. Mientras esperábamos a que el sol nos calentara, pasaron por nuestro campamento un rebaño de llamas que iban un poco más arriba a pastar. Nos observaron buen rato dudando y luego continuaron su camino, custodiadas por dos perros pastores. El pastor, un señor llamado Nicolás y nacido en 1924, nos contó que su tío decía que allá por 1907 todos los cerros que nos rodeaban (incluso el paso a 4900 msnm) estaban cubiertos de hielo.
Preparamos el desayuno a eso de las ochod e la mañana. Nicolás contó también que hoy había feria en Suitucancha, donde se intercambia la carne de los animales que se sacrifican.

Ya aquí estábamos en la provincia de Yauli, región Junín. Huarochirí (región Lima) ya había quedado más atrás.
Decía Bruno que "Huarochirí" es una palabra Aymara que significa "Viento Frío". Sucede que esta parte de la cordillera es unos cinco grados más fría que la Cordillera Blanca, y por eso aún conserva buena parte de sus nevados. En lo que ahora es la Región Lima se hablaba Aymara y Muchik (Mcochica) pero no Quechua.
Huarochirí o "Viento Frío" es como se conocía a las montañas de esta parte. Cuando vinieron los españoles le pusieron "Huarochirí" a toda la región, no sólo a la cordillera.

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Acá una vista de la laguna Huallacocha.

El resto de la mañana la dedicamos a lavarnos, lavar un poco de ropa, tomar el sol y juntar agua para la noche.
Cerca a la laguna hay dos pequeañs cascadas donde es una delicia bañarse, especialmente con el sol quemando la espalda. José se metió a la alguna y avisó que la orilla era puro cieno. En Huallacocha vienen bandadas de patos y Huachuas a alimentarse. También había algunos caballos tomando el sol.

Mela también fué más osada que el resto: se metió a bañarse al agua helada de la laguna (a pesar de que ya corría viento!).


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Aquí estoy junto a una de las cascadas.
Si fuera por mí, me quedaría a vivir junto a esta laguna :D

Era la una de la tarde cuando iniciamos la caminata a la laguna Curiguay, a seis kilómetros del campamento. José y Carlos partieron un poco antes, subiendo por la ladera de los cerros al frente mientras que nosotros íbamos por la quebrada, donde el suelo es muy húmedo y cubierto de vegetación: ichu y yaretas mayormente. Aquí también pastan llamas y ovejas de todos los colores.
Ya casi llegando a la laguna hay que subir un poco de pendiente. Aquí la vegetación desaparece, el suelo está seco y el paisaje se torna árido y un tanto triste. Ya el sol se había ocultado y corría viento muy frío.

Llegamo s Curiguay a las tres y treinta. En realidad no exactamente al pie de la laguna, si no desde donde ésta podía verse junto al glaciar que bajaba hasta casi tocar sus aguas, y que proviene de los nevados Huayllacancha (5450 m.s.n.m.) y Pachancoto (5720 m.s.n.m.).
No podíamos quedarnos mucho rato ya que debíamos estar de regreso antes de que se hiciera de noche. Por eso a las cuatro, recogimos todo (habíamos llevado alguito para comer) e inicamos el regreso al campamento.

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Aquí estoy intentando conquistar Curiguay.

Cuando partimos, el sol empezó a alumbrar un poquito. El camino de vuelta fue mucho más rápido y corto que el de ida. La laguna Curiguay está a 4800 msnm, un poco más alto que la laguna Huallacocha.

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Aquí vamos de regreso.

Después de saltar los charcos entre las yaretas y notar que el camino más recto no siempre es el más fácil, volvimos al campamento a las cinco de la tarde. Ya llá José y Carlos nos dijeros que estábamos muy cerca del nevado, y que de haberlo querido subir no nos hubiera tomado tanto tiempo.

Esta vez la gente cenó puré de papas y nuggets de pollo. Alguans sobras se las dimos a los perros pastores que nos rondaban y se dejaban tentar por el olor de las cocinas.

Domingo 18:
Después de pasar otra noche bajo cero, despertamos a las seis de la mañana. Debíamos estar de regreso en Yuracmayo a las dos de la tarde por lo que no debíamos demorarnos. Después de descongelar el agua y preparar el desayuno, lo que tomó más tiempo fue poner a secar todo. Las nubes tapaban el sol por momentos, y por sobre la cordillera, José notó las nubes que se asomaban, nubes de mal tiempo. Otro motivo más para salir temprano.

Aún no habíamos desarmado las carpas cuendo pasó por neustro campamento otro grupo de mochileros, a quienes habíamos visto el día anterior en Curiguay. Entre ellos estaba Alberto, quien ya había salido con Bruno unos años atrás. Iban al pueblo de Yauli, a donde llegaron a las tres de la tarde.

A las nueve de la mañana ya teníamos todo listo para partir. Le dijimos adiós a Huallacocha y subimos al paso, el cual estaba más cerca de lo que pareció la noche del viernes.


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¡Adiós Huallacocha!

El camino de regreso a Yuracmayo se hizo largo, a pesar de que la laguna que forma la represa es visible desde la quebrada Aigagra. Pasamos por la laguna de los pececitos (no los volvimos a ver) y por el "viscachero", una parte donde habían muchas piedras, el tipo de lugar donde a las viscachas les gusta vivir.

Y ahora, una foto tomada por Bruno:

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Incluso cuando llegamos al camino que lleva a Yuracmayo y a la represa, aún nos faltaba como una hora para llegar a donde se supone nos debía estar esperando el carro que nos llevaría de regreso a San Maateo. Creo que está de más decir que el carro ya no estaba. Luego nos dijeron que había pasado media hora antes (ya eran als tres de la tarde) pero como no había visto a nadie se había ido.

Esto era un problema, ya que teníamos que volver a San Mateo. Después de comprar algo y comer lo que nos quedaba junto a la bodeguita que tiene una señora junto a la carretera, Bruno habló con ella para ver si podían llevarnos en dos viajes en el carro que tiene su esposo (éramos muchos paracaber todos de una vez), después de mucho pensarlo ella y el señor aceptaron. Quienes partieron primero fueron Jose, Mela, Irma y Carlos.

La señora, nos dió café y agua caliente para tomar. Calculamos que el señor estarái de regreso a als seis. Mientras tanto Juan Victor nos iba contando de los periquitos que le gusta criar. Dijo que se reproducen como conejos y que lo normal es que salgan verdes, pero que también salen de colores y que estos son los mejores. Además contó que en otra época también tuvo halcones.

Así, el tiempo pasó rápidamente. A las seis el señor estaba de vuelta. Nos despedimos e inmediatamente abordamos para ir a San Mateo, a donde llegamos después de las siete de la noche.

El problema de San Mateo es que su sistema de transporte deja mucho qué desear. En el paradero de los micros a Chosica ya había una larga cola esperando el que parecía ser el último. Intentamos suerte junto a la carretera, por si uno de los interprovinciales se detenía y nos dejaba subir, pero ninguno de los que pasaron quiso. Volvimos corriendo de vuelta al paradero después que Bruno viera uno de los micros que regresaban. Los fines de semana, cuando hay más gente, es también más difícil hallar transporte.

Ya una vez en el micro podíamos estar tranquilos, de Chosica siemrpe hay cómo regresar a Lima, aunque no lo pareciera. Las calles en Chosica, cerca al parque, estaban llenas de gente que salía pasear, con amigos o con la familia. Uno de los paraderos de colectivos a Lima funcionaba como capilla evangélica, el otro estba cerrado, pero ahí en frente había un taxista que se ofreció llevarnos, aunque cobrando un par de soles más por cada uno. Pero ya en Lima (aún si es Santa Anita) el problema de cómo regresar ya está resuelto. Estuvimos en casa a las once de la noche, lo cual no se puede considerar tarde, tratándose de la ciudad de Lima :)

Y ahora, las fotos y más fotos!

Y de paso, Yelinna me ha pedido le dejara añadir una canción que le gusta:

boomp3.com


domingo, mayo 11, 2008

Nevado Paccha 1 al 4 de mayo del 2008

El Nevado Paccha se ubica en la provincia de Yauli - Región Junín, casi en el límite con la región Lima, a más de 5000 msnm. Es un nevado perfecto para iniciarse en el andinismo.

Esta salida fué organizada por Bruno y nos acompañó Kurt, el lobo, quien relata este viaje :D

Jueves 1:

El punto de reunión fué el parque detrás del ex-Cine Orrantia a las siete de la mañana. No sólo éramos nosotros, muchos otros grupos iban a distintos lugares (Caral, Canta, Huancayo, etc) por lo que habían muchos buses. Justo antes de salir el señor Raúl se apareció para despedirnos :D

El grupo estaba conformado por: Bruno (el guía), José, Pepe, Carlos, Yelinna, Guillermo y Juanito.

En San Mateo de Huanchor estuvimos alrededor de las 10:30 de la mañana. Debíamos hallar transporte a Yuracmayo (a ser posible un poco más allá).
Yuracmayo es un pueblo ubicado a 4300 msnm junto a la represa del mismo nomrbe, la cual mide 8 kilómetros de longitud. Ésta es la reserva de agua de Lima durante el estiaje (datos aportados por Bruno).

Lo ideal era que el carro nos dejara un poco más allá, en una meseta ubicada a 4430 msnm. Bruno halló un par de Station Wagon que iban a Carhuapampa de Pariac, por lo que podían dejarnos en el camino. Lo malo es que estos transportistas son de lo más usureros (grrr) siempre buscan oportunidades para sacarles plata a los viajeros (especialmente si vienen de Lima). Al final el chofer quiso, en complicidad con el resto de pasajeros, uno de ellos el alcalde deCarhuapampa), coprar 70 soles sólo por llevar a Bruno y Yelinna (el resto del grupo iba en el otro carro). Es el riesgo que se corre con esta gente: como nadie más hace rutas por estos lugares estábamos a su merced. Después de mucho discutir Bruno logró que bajaran el precio a 60 soles, quedando con el chofer que pasara a recogernos a la una de la tarde del domingo para volver a San Mateo, como veremos después, estos choferes no merecen la más mínima confianza.

Esperamos un rato a que llegara el otro carro con el resto del grupo y a eso de la una de la tarde empezó ofcicialmente la caminata. Teníamos que recorrer un camino no marcado por las empinadas laderas de los cerros cubiertas de morrena. La morrena son tierra y piedras sultas, que otro tiempo estaban bajo nieve y/o hielo. Apenas se pone un pie en la morrena ésta se resbala por la ladera, y lo que es peor: las piedras aún conservan sus aristas por lo que es mejor evitar caerse sobre ellas. La idea era alcanzar las altiplanicies de la quebrada Ocshahuallca. La distancia en total a recorrer fueron 4 kilómetros con un desnivel de 400 metros, saltando por entre las rocas y resbalándonos debido a la morrena.

Ya había caía la noche cuando llegamos al lugar planificado para acampar: a más de 4800 msnm. Felizmente el campamento estuvo armado a eso de las siete de la noche, justo la hora perfecta para cenar (no habíamos comido gran cosa desde el desayuno).

Hacía mucho frío. Mas el cielo estuvo muy muy despejado, era visible ahsta la banda luminosa conocida como La Vía Láctea. Lo malo es que el frío me desanimó a salir a contemplar las estrellas. En serio, con semejante frío es mejor acurrucarse dentro de la carpa :D


Viernes 2:

El problema con la montaña es que no empieza a hacer calor hasta que sale el sol y sus rayos nos alcanzan por encima de las montañas. Debido a esto desarmamos el campamento recién a las once de la mañana, bastante tiempo después de desayunar y cuando ya las carpas se habían secado.

Lo malo fué que José empezó a sentirse mal, lo que pensamos que sería un principio de apendicitis, por lo que tuvo que regresar a Yuracmayo para de allí volver a Lima, a pocas horas de caminata siguiendo una ruta más directa. Nos dejó su equipo de andinismo, su cocina, su comida, sus chocolates, una radio, y se llevó lss manzanas de Yelinna. Le deseamos suerte y lo dejamos partir.


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Aquí estoy yo, de guardían de la expedición.



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Y es hacia allá a donde debíamos llegar (más o menos, ése es el Paca)

Debíamos seguir ascendiendo por la quebrada. A medida que avanzábamos la vegetación iba mermando hasta quedar la tierra desnuda y las rocas adoptar un color grisáceo. Después de subir una ladera empinada, aún podíamos ver la laguna Yuracmayo, y Bruno nos hizo notar que realmente no habíamos recorrido mucha distancia, parece que en lugar de describir una línea recta, hicimos una curva, no muy a lo lejos se veían los cerros detrá de los cuales nos dejara el carro.

En este punto descubrimos rocas de tonalidades rojizas, el color del ladrillo, y verdosas. Eran rocas férricas, o mezcladas con compuestos férricos, las que probablemente después de estar un tiempo expuestas a la atmósfera adquirían un color oxidado. El color verdoso se debía al óxido de cobre. Felizmente estos yacimientos no son lo suficientemente grandes como para justificar su explotación, ya que la minería tiende a arruinar los ecosistemas y paisajes donde se asienta.
Fué aquí donde vimos un enorme venado huyendo en la parte alta del desfiladero, muy muy arriba de nosotros. Al principio creímos que era un derrumbe, pero eran las piedras que hacía caer el venado al pasar. Lo vimos un buen rato, saltando y corriendo, hasta que desapareció de nuestra vista.

Varias veces Bruno intentó contactar con José sin resultado. Esperamos a llegar a un lugar más alto y despejado para establecer la comunicación por radio (que tiene un alcance de 20 km).

En el camino vimos otros nevados como el Paca (5598 m.) Cuncusyantacc (5384 m.) y Carhuachuco (5507 m.) siguiendo la misma quebrada.

A las 3 de la tarde llegábamos a donde debíamos acampar, una pequeña planicie cubierta de rocas grises y rodeada por parches de nieve a 5130 msnm. Bruno contó que cuando se va a escalar el Everest, el primer campamento base es a esa misma altura aproximadamente (bueno, en realidad es a 5300 msnm pero estábamos bastante cerca), y el paisaje es el mismo: rocas grises, un poco de nieve y el cielo azul. Contaba que mucha gente de Norteamérica paga 50000 dólares para escalar el Everest, mas llegan a esta altura y en el primer campamento base caen derrotados por el soroche y deben volver.

Por eso mi dueña bautizó este lugar como "Himalayacito" (rebautizado luego por Bruno como "Himalayito").
Al escalar el Everest los siguientes campamentos son el I, II III y IV , el primero a más de 6000 msnm y el último rozando los 8000.

Mientras Yelinna quitaba las piedras pra hacer un sitio decente para armar la carpa, Bruno pudo comunicarse con José, quien había llegado bien a Yuracmayo y ya estaba por salir hacia Lima :D

Armar las carpas tomó su tiempo, pero también nos dimos un momento para recorrer los parches de nieve, ir un poquito más allá y vivir mi experiencia siberiana:

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Otra vez, el Paca, a mi parecer el más bonito :D

Algo que sucede a más de 5000 metros es un cambio curioso en el color del cielo: si se mira al horizonte tiene su color azul habitual, pero si se mira directamente hacia arriba se notará que el azul oscurece un tanto, esto se debe a la delgadez de la atmósfera a esta altura ¡estábamos a medio camino de la estratósfera!

Es casi como estar en el espacio exterior.

Cuando se va tan alto, no es buena idea cargar demasiada agua. Para cocinar basta derretir la nieve que se tiene casi al costado. De un volumen de nieve se obtiene más o menos la mitad de volumen de agua, pro lo que hay que estar yendopor más nieve varias veces. Con el frío de la noche ésta se endurece mucho y para sacarla es necesario usar los piolets (los fierrazos esos que se usan para el hielo) y además tiene un sonido parecido al vidrio (sí, y si no se tiene cuidado tamién puede cortar!). Incluso de noche (una noche despejadísima) la nieve parece brillar.

Para estas alturas, mejores son las cocinas de bencina, producen una mejor llama y tienen la ventaja que la bencina es más barata que el gas (a la larga compensa el que la cocina de bencina sea más cara que la de gas).

En latitudes ecuatoriales el sol suele ocultarse del todo a las siete de la noche. Pues sucede que la altura a la que estábamos era tal (más allá del campamento, entre los aprches de nieve) que eran las nueve de la noche y era posible ver un resplandor rojizo lejano, como el de una ciudad. Era el resplandor del sol. Estábamos tan alto, que prácticamente podíamos percibir la curvatura de la Tierra gracias a ese resplandor.


Sábado 3:

Otra vez, debido al frío y al sol que tardaba en asomarse, nos levantamos algo más tarde de los planeado. Se calcula que estuvimos a casi 10 grados bajo cero, tanto así que la ropa que quedó fuera de als carpas, bajo los toldos, se congeló, las medias se solidificaron así como el mantelito de Bruno. Pero una vez que llega el brillo solar, éste se siente con fuerza y todo se seca en poco tiempo.

Esta vez el destino era el nevado Paccha. Salimos a las once de la mañana (mucho más tarde de lo planeado). El comienzo fué relativamente fácil, subir algunos cerros. Lo malo fué lo que estaba del otro lado: la morrena.
Una morrena horrible, sobre una pendiente de 70 grado y una caída de casi cien metros, a quien se resbala no hay quien lo pare y no vive para contarlo. Quienes iban delante fueron Bruno, Juanito y Yelinna. Con un poco de ayuda de Bruno, ella pudo pasar las partes más peligrosas (y es bueno recordar aquí el consejo de los dibujos animados: no mires hacia abajo), partes donde mucha gente retrocedería de miedo. Pepe nos siguió bajndo a la mala, por la pendiente, con mucho cuidado de no matarse. Al final Guillermo se quedó atrás porque no tenía lentes para nieve y Carlos prefirió retroceder (durante buena parte del viaje el estómago le estuvo dando problemas). Quedó lo que luego se conocería como "El grupo de élite": Bruno, Juanito, Yelinna y Pepe.

Era la una de la tarde cuando llegamos a la base del Paccha, el cual es parte de toda una cadena cuyo pico más alto es el Vicuñita a 5528 msnm. Desde donde paramos para desenredar la cuerda y preparar el equipo se veía el glaciar negro debajo de la nieve, cuyo hielo se confunde con las rocas. Este glaciar tiene millones de años, y ecuenta Bruno que en la Cordilera Blanca, que ha sufrido más el calentamiento global, se ven glaciares verdosos, por debajo de los negros y más antiguos aún.

Las condiciones climáticas para el ascenso no podían ser mejores: sol, sin viento y todo despejado. Subimos la empianda ladera durante más de dos horas, para hacerse una idea de cómo fue (ni nosotros nos lo creemos) le agradecemos a Carlos Tipa esta foto:

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De arriba a abajo: Bruno (por momentos jalando a Yelinna), Yelinna (por momentos jalando a Pepe), Pepe y Juanito. En la foto no se ve la cuerda que los unía.

Los únicos con crampones fueron Bruno y Juanito. Los otros dos, novatos en esto del ascenso a nevados, con las justas tenían zapatos de trekking. Bruno iba haciendo las huellas para que el resto del grupo subiera más fácilmente y Yelinna iba haciéndolas más profundas. Es fácil agotarse de tanto patear nieve, a pesar de que en una aprte seguimos las huellas de los de la Asociación de Andinismo que habían estado allí uno o dos días antes.

Un cóndor sobrevoló al grupo y Bruno les gritó que no le hicieran caso, distraerse es peligroso aquí. Ya casi al final, vimos, a varios metros más arriba, a un solitario pajarito en medio de la nieve. En palabras de mi dueña:
- ¿¿¿Cómo shit hizo para llegar ahsta allí???

Eran más de las tres de la tarde cuando llegamos al collado entre los dos picos del Paccha a 5450 msnm. Bruno cayó de rodillas y Yelinna hizo un último esfuerzo para jalar a Pepe, exclamando amablemente:
- ¡¡Avancen, mierdas!!

La Cordillera Central, cubierta de nieve, es espectacular. Basta ver la foto:

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¿Cómo no caer de rodillas al contemplar esto?

Apenas tuvimos tiempo de tomar fotos y descansar un rato. La tarde avanzaba y quince minutos después, iniciábamos el descenso. Fué increíblemente rápido. Una hora después ya estábamos junto al glaciar negro. Minutos después, ya guardábamos la cuerda y los crampones.

Teníamos que llegar al campamento antes de que nos agarrara la noche o todo se volvería más complicado. Subir la morrena es mucho más fácil que cruzarla o bajarla, y siguiendo la ruta de Pepe pero en sentido contrario, alcanzamos los cerros detrás de los cuales estaba el campamento. Hacía frío, y en la puesta de sol las nubes parecían llamear. Llegamos justo antes del anochecer, después de deslizarnos por la nieve amontonada en una ladera (Pepe lo hizo de pie, como si fuera experto esquiador).

Nuevamente cocinamos con nieve derretida. La misma nieve sirve para lavar las ollitas, y es hasta mejor que el agua para esto.


Domingo 4:

Otra vez, debido al frío, desayunamos tarde y desarmamos el campamento después de dejar que las cosas se secaran (la condensación que se congela es capaz de formar escarcha dentro de la carpa, en el techo). Ya eran las once de la mañana cuando empezamos el camino de regreso.
Nuestra meta era llegar a donde nos dejaran los carros el jueves antes de la una y media de la tarde. Si el camino de llegada fué casi bajar las laderas de los cerros, ahora tocaba subirlas (morrena incluída). Hubo una ladera, parecida a lo que deja una cascada cuando se seca, que fué un tanto complicada de subir, casi tuvimos que meternos dentro de la grieta llena de piedras e ichu. El grupo se dividió mucho, delante iabn Bruno, Yelinna y Juanito, y bastante más atrás Guillermo, Pepe y Carlos. El sol brillaba y ya habíamos regresado a donde hay vegetación.

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Última mirada a la Cordillera Central.

Si hacía sol, el aire se sentía frío. Debíamos apurarnos ya que si los carros, que habían prometido volver, no nos encontraban seguirían de largo. Bastaba con que uno llegara y los hiciera esperar.

Después de pasar los cerros el camino iba de bajada y ya no era tan duro. Seguíamos un trazo que parecía hecho por carretas, pero en realidad eran senderos trazados por las vicuñas, ya que a estos lugares nadie viene, sólo hay pumas, vicuñas y venados.

El primero en llegar junto a la carretera fué Bruno, a exactamente la una y media de la tarde. Y no se veía ni un solo carro por ninguna parte. Mientras esperábamos al resto del grupo aprovechamos para descansar. El sol era ocultado por momentos tras nubes que pasaban lentamente. Así sin darnos cuenta, pasaron dos horas.


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Acá junto a la carretera, vigilando si pasaba algún carro.

Como se hacía tarde y no se veía a nadie ni a nada llegar por la carretera decidimos ir a pie hasta Yuracmayo. Creíamos que no estaríamso lejos, que quizás no serían más de un par de horas de camino, así que tomamos la carretera y partimos.

Donde la carretera doblaba y volteaba, y donde se podía, hacíamos cortes por el cerro para avanzar ma´s rápido. EL paisaje era hermoso. El sol caía y las montañas se teñían de amarillo. EL cielo era azul. Pero no todo era tan bonito: ya no teníamos agua, Bruno y Carlos aún llevaban sus botas de nieve (cansan mucho para caminar por carretera, auqnue sea de tierra como ésta), la tarde avanzaba y no teníamos cuándo llegar a Yuracmayo, pues a partir de cierta hora ya no hay transporte para volver a San Mateo.

Cayó la noche y las estrellitas empezaron a brillar. Era una noche hermosa, pero hacía frío y, aparte de un par de caballos, no había nadie más. Delante ibamos Bruno, Juanito, Guillermo y Yelinna, con la esperanza de que Pepe y Carlos no estuvieran muy atrás.

El cansancio ya se hacía sentir y Yuracmayo no aparecía por ninguna parte. Alcanzamos la laguna, pero del pueblo, nada. Y lo malo de tener una tremenda laguna al costado es que ésta hace de que la temperatura de los alrededores baje más de lo que debería. A unos 4400 msnm se sentía tanto frío como a 5000.
Fue cuando vimos lo lejos las luces del pueblo de Yuracmayo. Aún estaban lejos pero ya es bastante el sólo verlas. Un buen rato después ya alcanzábamos las primeras casas y luego la tienda de la señora que lo conoce a Bruno.
Eran las ocho de la noche.

Mas Yuracmayo parecía muerto.

Las luces estaban encendidas pero no había nadie. Dedujimos que por ser Domingo la gente estaría en misa, sí que Bruno fué a buscarlos. No había remedio, tendríamos que pasar la noche en Yuracmayo. Minutos después Bruno regresó y nos dio la noticia: los vigilantes, después de oír nuestra triste historia (botados en el camino, tras cinco horas de recorrido, muertos de cansancio, sed y frío, incluída una chica) gentilmente nos cedieron uno de los pabellones que estaba desocupado: un baño con un caño del que caía agua y dos o tres cuartos (a Yelinna le cedieron el que tenía una cama con colchón). Comparado con el gélido exterior, ahí dentro hacía calorcito. Además los vigilantes nos dieron café. Literalmente salvaron nuestras vidas.

Como Carlos y Pepe no llegaban, Burno fue a buscarlos. Recorrió la carretera en medio de un frío glacial (digno de una altura de 5300 metros, no de poco más de 4000) y tuvo que volver sin haberlos encontrado pues empezaba a congelarse. De las tres radios, una se la había llevado José, otra se había perdido y la última la tenía Bruno. Su temor era que se les hubiera ocurrido acampar junto a la carretera en lugar de seguir hasta Yuracmayo.
Ya estaba planeando quedarse en Yuracmayo para buscarlos, mientras los demás volvían a Lima, cuando, ya a más de las diez de la noche, ya cuando casi no nos lo esperábamos, Carlos y Pepe aparecieron.

Contaron que Carlos ya era de la idea de acampar en el camino, pero Pepe hizo que siguieran hasta Yuracmayo. Ya allí los vigilantes (que sabían que faltaban dos de nuestro grupo) los vieron y les dijeron donde estábamos. Fue como recibir a los hijos pródigos que regresan a casa. Bruno les preparó té caliente porque el café ya se había acabado. Como el resto del grupo no quería comer y se acostó al poco rato, Bruno cocinó sopa ramen y los nuggets de pollo que nos dejara José para él y Yelinna. Era casi medianoche cuando se acotaron.

Los vigilantes habían dicho que al día siguiente, a las seis de la mañana, salí aun carro para San Mateo, por eso se pusieron los depertadores a las cinco y media.

Lunes 5:

En contra todos los pronósticos nadie pudo dormir!! Y si alguien lo hizo fué intermintentemente. Esos cuartos llevaban tanto tiempo cerrados que el polvo del suelo de madera hizo que la nariz se le tapara a todo el mundo. Ya era un suplicio respirar cuando las primeras luces del alba se asomaron por entre las cortinas.

En media hora se guardó todo, se separó algo de pan y mermelada para desayunar en el camino y a las seis estábamos en la puerta, a punto de salir. Entonces nos dijeron que el carro en realidad había partido a las cinco y media y recién se esperaba otro a las siete.
Esto era malo, el frío era intenso y esperar una o dos horas a que pasara un carro a San Mateo no se le antojaba a nadie. Pero tuvimos suerte, después de caminar unos minutos hacia la casa de la señora junto a la carretera (Yuracmayo aún parecía deshabitado) apareció una station wagon que aceptó llevarnos a San Mateo. No eran ni las seis y media.

A eso de las siete el sol salió y el viaje se hizo muy agradable. Desayunamos en el mismo carro y a las ocho ya estábamos en San Mateo.
Donda ya había una larga cola en el paradero de los buses que bajan a Chosica.
Sucedía que por el lado de Casapalca, había protesta de mineros. Los transportes escaseaban y parecía que iban a pasar horas antes de poder volver a Chosica. Pero Guillermo fué más listo y fué a buscar un carro particular para nosotros. Lo encontró casi al instante, diciendo que había visto cómo llegaban a media cuadra más allá y decidió probar suerte. Abandonamos la cola de los buses y abordamos nuestro carro privado.

En el trayecto a Chosica, a un lado de la carretera, vimos gente, especialmente escolares, que intentaban parar un carro que quisiera llevarlos al colegio. Por esta parte, hasta más o menos la entrada a Santa Eulalia, hacía mucho sol.

A Chosica llegamos a alrededor de las diez de la mañana. Y para ser Chosica hacía frío y estaba nublado. Eso significaba que en Lima estaba peor. Ya había empezado el invierno.

La mejor forma para regresar, aunque no la más barata, es tomar los colectivos que van hasta San Isidro. Los colectivos son taxis que hacen una ruta fija y llevan hasta cuatro personas. Guillermo, Pepe, Carlos y Juanito se pusieron en la cola junto a la gente que iba a trabajar para partir de inmediato. Como ya no cabían, Bruno y Yelinna decidieron ir a comer una ensalada de frutas (que en Chosica la hacen deliciosa) antes de volver a Lima y para evitar la cola de gente que va a trabajar.

Las fotos de todo el viaje están aquí y aquí.